Pascua: entre la distracción y el encuentro

Transeúnte

Cada mañana cuando me dirijo a misa de las 8:30 am a mi parroquia observo a un agente de tránsito municipal que está en el cruce donde se encuentra una primaria. Su presencia en ese punto es clara: está ahí para favorecer el cruce del peatón de una manera segura. En no pocas ocasiones he podido darme cuenta de que este agente municipal no se encuentra observando la calle ni la necesidad de los muchos peatones que se encuentran en esa área, ya que él dedica siempre un tiempo a ver su celular. No sé qué es lo que vea, tal vez sean notificaciones de redes sociales o esté ocupado por unos segundos respondiendo algunos mensajes de whastapp. Lo que sí es verdad es que el agente municipal se encuentra distraído en medio de su trabajo. Su distracción pone en riesgo de decenas de personas que intentan cruzar, muchos de ellos niños. Este escrito no quiere ser una denuncia, si así fuera diría exactamente el punto donde esta persona se encuentra, simplemente es una reflexión que me lleva a darme cuenta de que la mayoría de nosotros muchas veces nos encontramos profundamente distraídos de nuestras tareas y no alcanzamos a darnos cuenta de la importancia de aprender a centrarnos en lo que somos y hacemos. Lamentablemente sólo reaccionamos después de que algo acontece en nuestra vida.

Estamos viviendo el tiempo de la Pascua, y así como lo dice el himno de la Liturgia de las Horas: “es Pascua en la Iglesia Santa”. Este tiempo es un tiempo en el que estamos invitados a vivir una profunda y genuina alegría que sólo puede brotar del encuentro con el Resucitado. Me gusta pensar en aquella expresión de san Pablo, en la que afirma: “si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe”, es decir la resurrección del Señor es la que le da sentido a nuestra vida entera. Si Cristo no hubiera resucitado creer no tendría ningún sentido.

En medio de todo lo que nos toca vivir, la Pascua es una invitación para que cada uno de nosotros nos animemos a centrarnos en quien es el más importante: el Señor. pretender vivir este tiempo pascual sin el Señor es vaciarlo de sentido. No basta tener nuestro cirio de este año en casa, sino que todos hemos de animarnos a buscar al Señor y así poder decirnos en primer lugar a nosotros mismos que Jesús es el Señor, que Él ha vencido a la muerte y ahora vive Resucitado en medio de todos nosotros. Es decir, Él acompaña el caminar nuestra Iglesia, y de toda aquella persona que se deja acompañar por Él.

Que este tiempo maravilloso de Pascua que nos toca vivir sea un renacer espiritual, en la que todos podamos redescubrir el don de nuestro bautismo, y así vivir la espiritualidad propia de alguien que se sabe que es un hijo amado de Dios.

OTRAS NOTAS