Desde el Lunar Azul
Hola, buen martes.
Nada nuevo bajo el sol… salvo que la Presidenta con “A”, Claudia Sheinbaum, ya dejó ver (otra vez) que la paciencia no es infinita y que la “M” de mando también puede ser de molestia…hasta la maus. Y razones no le faltan.
Lo de la semana pasada en Puebla no fue menor, ciudadanos inconformes, reclamos directos y un gobernador (Alejandro Armenta) que optó por el mutismo estratégico… o la omisión cómoda. Cualquiera de las dos es políticamente costosa. La escena, una presidenta enfrentando sola el desgaste local. El mensaje, los costos de la ineficiencia ya no se quedan en casa, se federalizan.
Y aquí el dato duro que incomoda, de acuerdo con encuestas recientes de INEGI y mediciones de aprobación estatal, Puebla ha registrado en los últimos meses niveles de percepción negativa en seguridad y servicios por encima del promedio nacional. Traducido, el terreno ya venía minado, alguien decidió no desactivarlo y la explosión le tocó a quien pasaba por ahí.
Porque esa es la pregunta clave ¿qué necesidad hay de exponer a la titular del Ejecutivo a ese tipo de escenarios si el control político local está en manos del gobernador? En otros tiempos (los que tanto critican) un episodio así no terminaba sin consecuencias. Hoy, al parecer, se archiva entre sonrisas tensas y boletines optimistas.
Retomo el punto inicial, si alguien en Palacio Nacional no sacude el árbol de colaboradores, los frutos podridos van a seguir cayendo… pero sobre la cabeza equivocada. Y Armenta, con este tipo de episodios, va directo a la lista de los gobernadores que estorban más de lo que ayudan.
En Aguascalientes (nuestro pequeño laboratorio político) las rechiflas apenas asoman. No por armonía, sino por miedo. Aquí se critica en corto, en lo oscurito, entre compadres. El “orden” se sostiene más por cautela y fidelidad “banorte” que por convicción.
Y mientras arriba se tensan los hilos, abajo ya reparten fichas. La instrucción parece clara, la candidatura panista para la alcaldía será para mujer. La “1” ya decidió. Falta el nombre, sobran las ansias. ¿Mónica? ¿Alma? ¿Paloma? Hagan sus apuestas… y revisen quién empieza a bajar espectaculares discretamente.
El famoso “señor de la caja negra”, ese que cree que los votos son una cuenta bancaria personal ya recibió la señal, desmontar o exponerse. Porque en política, cuando alguien guarda demasiados secretos, tarde o temprano se convierte en un riesgo… para los suyos.
Del otro lado, en la candidatura a la gubernatura azul, la cosa no canta mal las rancheras. El doctor Rubén Galaviz convocó en La Noria para presumir resultados en salud (que, hay que decirlo, sí existen) y de paso dejó ver que está listo como “bateador emergente”. Traducción, si el choque de trenes entre el senador y “el Cachorro” descarrila al partido, él levanta la mano, para darle “rcp”.
Porque eso de que “ya se pusieron de acuerdo”… nanais. En territorio, el equipo del Cachorro sigue operando colonias como si la candidatura ya estuviera en la bolsa. Y personajes como “el Cascarín” recorren el estado prometiendo apoyos con una generosidad que no es propia… sino condicionada.
¿La apuesta? Que si Leo llega, habrá premio, diputación federal, probablemente por el Distrito 1. La política como sistema de recompensas, no de resultados.
Galaviz, más prudente, entendió el mensaje, mano levantada, pero sentado. Listo por si hay emergencia. Y con helicóptero disponible (dice él) para rescates… médicos y, si se ofrece, políticos.
Al final, la regla es simple y vieja, si quieren ser candidatos, renuncien… pero también respondan. Porque lo que hoy se tolera como torpeza, mañana se cobra como traición.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.