Bajo presión
En los últimos días se han incrementado los señalamientos contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum por el uso de la mentira como eje de su comunicación, y no por nada, han aumentado los casos en que la información oficial es diametralmente distinta a los hechos. A lo que hay que sumar una desesperada necesidad de reconocimiento.
A Claudia Sheinbaum no le bastan los abultados índices de aceptación, exige que se aplauda toda acción de gobierno, por más débil que esta sea. A su administración no se le puede criticar ni hacer señalamiento alguno porque desata la furia presidencial, como ha ocurrido con el informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada.
En un primer momento, este asunto parecía el manejo normal que hace el oficialismo contra quienes considera sus adversarios, tras calificar de tendencioso el informe desde la conferencia matutina, el gobierno soltó a sus corifeos para en todos los espacios descalificaran el informe, con un guión muy básico que cualquier animal adiestrado puede repetir.
La presidenta se encargó de mostrar que se tomó de manera personal los señalamientos del Comité y en menos de una semana se ha referido al tema para descalificar a los expertos que trabajan para Naciones Unidas y acusarlos de que el único objetivo del informe es criticar a su gobierno.
“En particular este Comité de expertos, que no es precisamente una de las organizaciones de Naciones Unidas, emite un documento que cuando uno lo lee, es evidente pues que tiene otra orientación, que es criticar al gobierno de México, esencialmente y llevar una posición a la Asamblea General de Naciones Unidas, que nosotros consideramos que, dado que estamos atendiendo el tema, pues no tiene cabida, y la manera en que estructuran el informe pues tiene muchas debilidades”, dijo la presidenta dejando a un lado el propósito del informe es remitir el caso de México a la Asamblea General para, como señala el propio documento, “movilizar la atención y el apoyo internacionales, no para establecer responsabilidad penal.
Una vez más, la presidenta sigue la línea de Andrés Manuel López Obrador de desacreditar los informes informes internacionales y esgrimir un nacionalismo rancio que convierte toda mirada en un ataque. De nuevo se emplea el argumento falso de que su gobierno enfrenta una campaña de mentiras y desinformación por parte de grupos de oposición, ante las cuales hay que defender el orgullo de ser parte de un movimiento.
López Obrador instauró la vía de la polarización como herramienta de la comunicación oficial, ahora Claudia Sheinbaum suma la victimización como argumento, para distraer sobre datos verificables sobre las acciones gubernamentales. Todo lo que se diga sobre su administración y quienes la integran es puesto en duda porque las críticas responden a intereses políticos. No importa si hay evidencias físicas, datos o testimonios que demuestren que aún falta mucho por hacer, tampoco si es necesario exagerar cualquier gesto mínimo para simular empatía, como en el caso de los familiares de los miles de desaparecidos, lo que le importa a la presidenta son los aplausos.
Para reconocer que aún falta mucho por hacer no se requiere de la observación de los expertos internacionales, al gobierno deberían bastar sus propios datos, las 43,128 personas que cuentan con datos completos en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y el dolor de sus familias. Debería bastar una sola súplica de una madre buscadora para reconocer que es una crisis nacional, una que no se arregla con discursos, reformas ni la numeralia vergonzante con que los voceros oficialistas enfrentan la falta de empatía gubernamental, ante la desesperación de las víctimas, su respuesta es que la Secretaría de Gobernación ha atendido a más de 200 grupos de buscadores.
Si a la administración lopezobradorista se le podía acusar de una ausencia de empatía ante el dolor de las víctimas, es un mal que también externa el gobierno de Sheinbaum Pardo, sólo que en vez de la omisión, la presidenta reduce el dolor a la promesa de que ya se atienden los asuntos y se ha hecho mucho, sólo en el discurso.
La presidenta se ha vuelto la víctima perfecta de estos tiempos, una a la que no le basta suplicar por la atención, además exige que le crean ciegamente y que se le aplauda el esfuerzo con que enfrenta el dolor ajeno.
En la conferencia en que se volvió a referir al informe del Comité, Sheinbaum Pardo, entre desconcertada y furiosa, alegó que no entiende por qué se califica a las desapariciones forzadas de crímen de lesa humanidad, “cuando el gobierno está actuando, si no estuviéramos actuando, estuviéramos cruzados del brazo, no nos importara, no reconociéramos que hubiera una situación como esta, no hubiéramos hecho leyes que modifiquen, fortalecido instituciones, atendiendo a las familiares, si no hubiéramos hecho nada, bueno, pero por qué no hay un reconocimiento de este Comité de expertos de lo que ha venido haciendo el gobierno de México, por qué no hay un reconocimiento, de que por primera vez se instaló una Comisión de búsqueda, cuando en los gobiernos hasta el 2017 no lo había, por qué no dices que algunos de esos gobernadores de esos estados incluso están detenidos, uno de ellos acusado de desaparición forzada”.
La presidenta no sólo demanda el aplauso, además exige que todos digan lo que ella quiere. No importa que en el informe del Comité se indique que no se encontraron “pruebas de una política federal para cometer desapariciones forzadas”, Sheinbaum Pardo quiere que se le reconozca por todo lo que ha hecho; y además, que se culpe de la situación actual a los regímenes anteriores.
El problema no es que el gobierno quiera defenderse de las críticas, eso es natural en cualquier administración. El problema es que ha sustituido la obligación de rendición de cuentas con la exigencia de ser reconocido.
Porque una cosa es informar lo que se hace, y otra muy distinta es exigir aplausos por hacerlo.
El informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada no niega avances, tampoco desconoce esfuerzos; lo que hace es señalar que son insuficientes frente a la magnitud de la crisis. Pero en el mundo de la narrativa oficial, cualquier matiz es una afrenta.
Ahí está el fondo del asunto: no se discuten los datos, se combate a quien los presenta. Mientras el gobierno insiste en que se le reconozca, las familias siguen esperando algo mucho más básico: verdad, justicia y la posibilidad de encontrar a los suyos.
Coda. El dolor no necesita aplausos, necesita respuestas. A las víctimas no se les atiende con buenas intenciones, registros actualizados o promesas: se les responde con resultados.
@aldan