Transeúnte
Quiero desearles a todos ustedes un Feliz Pascua. No hay otra expresión más bella: Cristo ha resucitado
Uno de los signos de la Pascua que más me gustan es el cirio pascual. Durante todo el tiempo de la pascua, el cirio se enciende durante la celebración de la santa misa, recordemos que el tiempo de la pascua se extiende durante 50 días.
La luz del cirio pascual ha sido bendecida con una fórmula especial durante la vigilia pascual. En la fórmula de bendición el sacerdote pide a Dios que se encienda en nosotros el deseo de las cosas celestiales. Cristo ha venido para que ninguno de nostros camine en tinieblas, en el prólogo de san Juan podemos leer: “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron”.
La luz que Jesús es se convierte en una realidad maravillosa que llena de alegría nuestra vida entera: ¡ninguno de nosotros nacimos para la oscuriedad! Somos hijos de la luz. Esta ha sido la experiencia de los apóstoles que se han podido encontrar con el Resucitado.
Al igual que ellos nosotros también nos queremos encontrarnos con Jesús Resucitado, queremos descubrirlo presente en nuestra vida, compañero cercano y atento así como lo experimentaron los discípulos de Emaús. Cristo es la luz del mundo, sólo Él debe brillar, nuestra vida es de discípulos que siguen al Maestro, nunca intentemos ser maestros pues ese es un lugar exclusivo para Jesús.
Paradójicamente vivimos en ciudades llenas de luces, pero todas ellas fugaces y tenues. Todos necesitamos que reconocer a Jesucristo como la auténtica luz del mundo. Tenemos neceisdad de Él, de su luz, de su alegría y presencia en la vida de todos nosotros. Estoy convencido que buena parte de la crisis que podemos vivir como sociedad es el resultado de la ausencia de Dios en nuestra vida. Con esto no quiero dar a entender que Jesús no quiera estar con nosotros, sino que muchas veces somos nosotros los que no queremos que Él se haga presente en nuestra vida.
Pascua, fiesta de la luz, fiesta de las fiestas que nos enseña la necesidad urgente de volver a Él. Únicamente el contacto con el Señor es capaz transformarnos y buscar los bienes del cielo. La resurrección del Jesús no es únicamente una celebración, sino que puede y debe convertirse en una manera vivir.
Los cristianos no caminanos en el mundo creyendo en un Dios que se quedó en la aparente derrota de la cruz,¡no¡, los cristianos recorremos el mundo con la conciencia de que el Señor nos acompaña todos los días hasta el final. Es un Dios vivo, en el que se fundamenta nuestra fe y por ende nuestra vida entera.
Este tiempo de pascua, animémonos a vivirlo con alegría, sabiendo que el Señor vive. Hoy resuena con alegría la noticia más alegre de todas: el Señor no está aquí ha resucitado.