Opinión
Padres sin certezas, hijos sin brújula
Hubo un tiempo en que educar parecía más sencillo.
No porque fuera fácil…
sino porque había más certezas, las normas eran claras, los roles estaban definidos, las respuestas, aunque discutibles, parecían firmes.
Hoy, en cambio, algo ha cambiado profundamente.
Los padres ya no solo educan…también dudan.
Dudan de lo que hacen.
Dudan de lo que dicen.
Dudan incluso de si tienen derecho a poner límites.
Y en esa duda —legítima, comprensible—aparece una dificultad que no siempre se nombra:la pérdida de brújula.No solo en los hijos…también en quienes los guían.
Vivimos en una época donde las figuras de autoridad han sido cuestionadas.
Y eso, en muchos sentidos, es positivo.
Pero cuando la crítica se vuelve desorientación…algo se debilita.
Porque educar no es solo acompañar, también es orientar.
No desde la imposición ciega…pero tampoco desde la ausencia.
Desde la clínica, esto se vuelve cada vez más evidente.
Niños y adolescentes que no encuentran límites claros.
Que negocian todo.
Que no toleran la frustración.
Que viven en un presente inmediato… sin referencia de futuro.
Pero también padres que se sienten desbordados.
Que temen ser autoritarios.
Que buscan ser comprendidos… antes que ser referentes.
Y ahí aparece una tensión difícil de sostener.
Porque un hijo no necesita padres perfectos.
Necesita padres que puedan sostener una posición.
No una posición rígida…pero sí consistente.
Aquí es donde vale la pena recuperar algo fundamental:la autoridad no es lo mismo que autoritarismo.
El autoritarismo impone sin escuchar.La autoridad orienta… incluso cuando incomoda.El problema es que, en muchos casos,el temor a ser autoritario ha llevado a renunciar a la autoridad.
Y entonces el niño queda en un lugar que no le corresponde:tener que decidir sin estar preparado.
Sin estructura, sin marco, sin límites claros.
Y eso no genera libertad, genera angustia, porque la libertad sin orientación no es libertad.Es desamparo.
Aquí es donde la reflexión de Amos Oz resulta especialmente valiosa.
Oz hablaba del peligro del pensamiento único, del fanatismo…pero también defendía algo fundamental:la importancia de sostener posiciones sin caer enextremos.
Ni imposición total…ni relativismo absoluto.
En la crianza, esto es clave.
Porque educar no es eliminar el conflicto.
Es enseñar a atravesarlo, no es evitar la frustración, es ayudar a tolerarla.
No es ceder constantemente, es saber cuándo sostener.
Un hijo necesita saber que hay alguien que puede decir “no” …y sostenerlo.
No desde el enojo, no desde el castigo.
Sino desde un lugar de responsabilidad, porque ese “no” también estructura,
también contiene.
Tal vez el problema no es que los padres duden.
La duda, en sí misma, no es negativa.
El problema es cuando la duda paraliza.
Cuando impide tomar decisiones.
Cuando desdibuja el lugar adulto.
Porque un hijo puede tolerar que sus padres no sepan todo.
Lo que no puede tolerar…es que no haya nadie que sostenga el lugar.
En una época donde muchas certezas se han debilitado,
educar implica un desafío mayor:construir orientación… sin recetas, sostener límites… sin violencia.
Acompañar… sin desaparecer.
Y eso requiere algo que no siempre se enseña:la capacidad de asumir una posición, aun en medio de la incertidumbre.
Porque, al final, educar no es tener todas las respuestas.
Es poder decir, con honestidad y firmeza:“No lo sé todo… pero aquí estoy, y esto es lo que puedo sostener.”
Y para un hijo, eso…puede ser suficiente para empezar a orientarse.
Dr. José Mauricio López López
Psicoterapeuta | Doctor en Educación | Psicoanalista.
Autor de Cuando la atención busca sentido y El tejido invisible; creador del sistema terapéutico UkiyoRy?h?