Transeúnte
Hoy comenzamos la semana santa, o también conocida por algunos como la semana mayor. Para los católicos esta semana es particularmente importante, pues es una oportunidad maravillosa para animarnos a realizar un alto en nuestra vida y pensar en el misterio de amor que celebramos: la pasión, muerte y resurrección de nuestro Salvador.
Estoy seguro que este domingo de ramos todos hemos notado algunos elementos dentro de nuestros templos que pueden llamar la atención: el color rojo del ornamento del sacerdote, las palmas que adornas nuestros templos, la lectura de la Pasión del Señor, entre otros muchos elementos que por el simple hecho de verlos una sola ocasión al año resultan novedosos y atrayentes.
El domingo de Ramos, también es conocido como domingo de la Pasión del Señor, hoy contemplamos a Jesús que entra a la ciudad de Jerusalén. Sabemos bien el significado de Jerusalén, pues es la ciudad santa. Jesús ingresa a Jerusalén no a la manera de un turista o de un simple visitanten. Cuando Jesús ingresa a esta ciudad sabía el motivo por el que entreba: dar la vida.
El evengelio de san Juan a diferencia de los sinópticos pone el acento en un elemento que pudiera comprenderse poco: “la hora”. Esta expresión es empleada por el evangelista en 26 ocasiones, lo que nos habla de la importancia de este concepto, el cual se convierte en una palabra llena de un profundo significado teológico.
Vemos a lo largo de sus páginas cómo Jesús habla de “la hora”, como un momento especial al que Él ha sido enviado por el Padre. A medida que vamos recorriendo las páginas del evangelio de san Juan nos damos cuenta que, “la hora”, se aproxima. Es así que nos topamos con esta cita: "La víspera de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre..." (Jn 13,1). La hora es el momento de la Pasión del Señor. Coincide con el momento de su glorificación a través de la "pasión – exaltación", que Juan llama "ser elevado sobre la tierra".
Que esta Semana Santa sea la oportunidad para todos nosotros de mirar al Señor, Él no se detuvo a pesar del miedo, la soledad y el abandono que experimentó, sino que decidió continuar en la misión dada por el Padre.
No podemos reducir la Semana Santa al sufrimiento y a la cruz, sino que estamos invitamos a contemplar el misterio en su conjunto el cual no se puede comprender sin la resurrección.
Quiero invitarlos a que esta Semana Santa, sea la oportunidad para que todos nos animemos a reencontrarnos con Jesucristo. A lo largo de estos días, especialmente desde el jueves santo, tendremos la oportunidad de vivir con intensidad celebraciones y actos de piedad que nos permiten contemplar la grandeza del Señor en la vida de todos nosotros.
Celebrar los días santos siempre es una buena oportunidad para renovarnos en nuestro camino de fe.