Cuando el mundial llega a un país con urgencias

¿Lo dije o lo pensé?

Luego de 40 años, México volverá a ser anfitrión de una Copa Mundialde fútbol, con partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Será, además, el primer país en la historia en albergar tres mundiales, y la inauguración está programada para el 11 de junio en la capital del país. En términos deportivos, culturales y simbólicos, no es cualquier cosa. El futbol sigue siendo una de las pocas pasiones capaces de unir a millonesde personas al mismo tiempo.

Al respecto, conviene reflexionar si es pertinente vivir este Mundial como si fuera solo una celebración, cuando el país arrastra problemas serios de seguridad, servicios públicos, movilidad y confianza institucional.Sin duda, celebramos que el Mundial vuelva a jugarse en México, sin embargo, no queremos que sea utilizado como distractor. No es casual que la FIFA haya revisado con autoridades mexicanas los planes de seguridad y transporte, ni que el gobierno federal haya tenido que salir públicamente a garantizar condiciones para los visitantes.

Los datos muestran que, en diciembre de 2025, 63.8% de la población urbana adulta dijo sentirse insegura en su ciudad, de acuerdo con INEGI. Además, el propio instituto reportó 33,241 defunciones por homicidio en 2024, con una tasa preliminar de 25.6 por cada 100 mil habitantes. Se podrá argumentar, con razón, que un evento internacional no resuelve ni agrava por sí mismo todos los problemas del país. Pero también sería ingenuo fingir que puede organizarse una vitrina global sin que esas condiciones pesen sobre la conversación pública.

Guadalajara, otra de las sedes mundialistas, llega al torneoenmedio de una crisis reciente por agua contaminada que, según reportes periodísticos, ha afectado a cientos de miles de personas y ha expuesto fallas estructurales en infraestructura y gestión pública. Cuando una sede internacional enfrenta problemas tan básicos, lo deportivo pasa a segundo término y resalta la dimensión social y la ética del problemapara ver qué se atiende primero, qué se corrige de fondo y qué se maquilla para la foto.

Por otro lado, tenemos el costo social de las obras y del reordenamiento urbano. En zonas aledañas al Estadio Azteca, por ejemplo, reportes de AssociatedPress han documentado afectaciones al trabajo cotidiano de vendedores y trabajadoras que viven al día, sin mencionar que ya no habrá estacionamiento en dicho estadio lo que va a provocar problemas importantes en las colonias aledañas. Al mismo tiempo, autoridades capitalinas defienden que las inversiones en agua, seguridad, movilidad y espacio público dejarán beneficios permanentes. Entonces, me queda la duda si ese gran esfuerzo social y económico de verdad dejará beneficios a largo plazo para el país o si al final solo quedará como espectáculo.

México sí puede organizar un gran Mundial. Tiene afición, experiencia, infraestructura y una enorme capacidad de hospitalidad. Pero la pertinencia del evento no se puede medir exclusivamente por las tribunas ni por la derrama de unas cuantas semanas. Se medirá por la seriedad con la que el país atienda lo que la sociedad demanda. Porque el problema no es recibir al mundo. El problema sería recibirlo fingiendo que aquí no pasa nada.

 

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