Entre la duda y el sentido

Opinión

Creer en uno mismo: ¿acto narcisista o necesidad psíquica?

 

“Cree en ti.”

La frase aparece en todas partes, en libros, en redes sociales, en discursos motivacionales, en escuelas, en consultorios.Se repite como un mantra moderno, casi incuestionable.

 

Pero vale la pena detenernos un momento…y preguntarnos algo que pocas veces se formula:¿qué significa realmente creer en uno mismo?

Porque no es lo mismo confiar…que exigirse.

No es lo mismo reconocerse…que idealizarse.

No es lo mismo construirse…que imponerse una versión imposible de sostener.

Vivimos en una época donde el sujeto ha sido colocado en el centro.

Ya no se trata solo de cumplir normas externas.

Ahora se trata de realizarse, de desarrollarse, de alcanzar su mejor versión.

 

En apariencia, esto suena liberador.

Pero tiene una cara menos visible…y más exigente.

Porque cuando todo depende de uno,también todo puede fallar por uno.

Y ahí aparece una tensión profunda.El mandato de “creer en uno mismo” puede convertirse, sin darnos cuenta,en una forma sofisticada de presión.

 

“Tienes que poder.”

“Tienes que lograrlo.”

“Tienes que ser suficiente.”

 

Pero… ¿qué ocurre cuando alguien no puede?

¿Cuándo duda?

¿Cuándo se siente frágil, perdido o insuficiente?

 

¿Deja de creer…o nunca aprendió realmente a hacerlo?

 

Desde una lectura clínica, esto es fundamental.

La confianza en uno mismo no aparece por decreto.

No se instala por repetición.

No se logra únicamente con frases positivas.

 

Se construye.

Y se construye en relación.

Aquí es donde la mirada de autores como Donald Winnicott resulta clave.

Para Winnicott, la capacidad de sentirse real, de habitar el propio self,

no surge en aislamiento.

Surge en el encuentro con un otro que sostiene, que reconoce, que valida…

sin invadir.

Un otro que permite al niño existir… sin exigirle ser algo más.

Cuando ese proceso se da de manera suficientemente buena,

la persona puede, con el tiempo, desarrollar una confianza interna.

No una certeza absoluta,sino una base desde la cual moverse en el mundo.

Pero cuando ese sostén falla,la situación cambia.

Entonces el sujeto no confía…

se defiende.

Construye una versión de sí mismo que intenta cumplir con expectativas externas.

Se esfuerza por ser lo que cree que debe ser.

Se adapta… pero no se siente auténtico.

 

Y en ese punto, el mandato de “creer en uno mismo” puede volverse problemático.

Porque no hay un “sí mismo” claro en el cual creer.

Hay, más bien, una estructura frágil que intenta sostenerse.

 

Entonces aparece el esfuerzo excesivo.

La autoexigencia.

La sensación constante de no ser suficiente.

 

Y, paradójicamente, cuanto más se intenta creer en uno mismo…más se evidencia la dificultad para hacerlo.

 

Aquí es donde surge la pregunta central de esta columna:¿creer en uno mismo es un acto de salud… o una forma de narcisismo contemporáneo?

La respuesta no es simple.

Porque depende de qué entendamos por “uno mismo”.

Si se trata de una imagen idealizada,

perfecta, exitosa, sin fisuras…

entonces sí, puede convertirse en una forma de narcisismo.

 

Un intento de sostener una identidad que no admite falla,

que no tolera la duda,

que no permite la fragilidad.

 

Pero si hablamos de un sí mismo más real,

más humano, más contradictorio…entonces la respuesta cambia.

Creer en uno mismo no es creer que todo saldrá bien.

Es poder sostenerse incluso cuando no sale.

No es eliminar la duda.

Es no quedar paralizado por ella.

No es sentirse fuerte todo el tiempo.

Es poder reconocerse también en la fragilidad.

En este sentido, creer en uno mismo no es inflarse…

es habitarse.

 

Y eso implica aceptar algo que el discurso contemporáneo evita:

que no siempre podemos.

que no siempre sabemos.

que no siempre estamos bien.

 

Pero eso no nos invalida.

Nos humaniza.

Tal vez el problema no es el llamado a creer en uno mismo.

Tal vez el problema es que se ha vaciado de contenido.

 

Se ha convertido en una consigna…sin proceso.

En una exigencia…sin historia.

Por eso, más que repetir la frase,

vale la pena reformularla.

No como mandato…sino como pregunta:¿en qué parte de ti puedes apoyarte cuando todo tiembla?

Ahí comienza algo más auténtico.

No una fe ciega en uno mismo…sino una relación más honesta con lo que uno es.

Con sus recursos,pero también con sus límites.

Porque, al final, creer en uno mismo no es un acto de grandeza.

Es un proceso silencioso,lento…y profundamente vinculado a cómo fuimos mirados, sostenidos… y reconocidos.

 

Dr. José Mauricio López López

Psicoterapeuta | Doctor en Educación | Psicoanalista.

Autor de: Cuando la atención busca sentido y El tejido invisible; creador del sistema terapéutico UkiyoRy?h?

 

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