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Flúor y arsénico en agua de SLP

Especialistas advierten riesgos acumulativos a la salud, mientras autoridades cuestionan la vigencia de los datos.

La calidad del agua en la zona metropolitana de San Luis Potosí enfrenta un escenario preocupante. De acuerdo con investigaciones del Grupo Universitario del Agua (GUA) de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, al menos el 13% de los pozos presenta contaminación, principalmente por fluoruro y arsénico, lo que representa un riesgo para la salud de la población.   La controversia surgió luego de que el alcalde capitalino, Enrique Galindo Ceballos, cuestionara la vigencia del estudio al considerar que podría tratarse de información antigua. Ante ello, el GUA emitió un comunicado oficial en el que aclaró que los datos difundidos son totalmente actuales, derivados de investigaciones científicas realizadas de manera continua desde 2024 hasta la fecha.   “El trabajo no es aislado ni obsoleto, se sustenta en metodologías sólidas, análisis de laboratorio y estudios de campo realizados por especialistas”, precisó el grupo académico, al subrayar que sus conclusiones reflejan la complejidad real del agua en San Luis Potosí y sus implicaciones en la salud pública.   Un problema que se agrava Los investigadores explicaron que, aunque el fluoruro y el arsénico pueden encontrarse de forma natural en los acuíferos, los estudios también han detectado contaminación adicional por actividades en superficie, lo que evidencia un deterioro progresivo en la calidad del agua.   El especialista Antonio Cardona Benavides señaló que en diversos puntos las concentraciones de estos elementos superan los límites establecidos por la normativa sanitaria, generando riesgos acumulativos, especialmente en niñas y niños, quienes son más vulnerables a los efectos de una exposición prolongada.   Riesgos a la salud y consecuencias a futuro Especialistas advierten que la exposición constante a fluoruro y arsénico puede derivar en afectaciones graves a mediano y largo plazo. En el caso del fluoruro, puede provocar fluorosis dental y ósea, afectando el desarrollo de huesos y dientes. Por su parte, el arsénico está relacionado con enfermedades crónicas, daños en la piel, problemas cardiovasculares e incluso mayor riesgo de cáncer.   El riesgo se intensifica debido a que estos efectos no son inmediatos, sino acumulativos, lo que significa que la población puede estar consumiendo agua contaminada durante años sin notar síntomas hasta que el daño ya es significativo.   De no atenderse la problemática, especialistas advierten un posible escenario de incremento en enfermedades crónicas, presión sobre los servicios de salud y una afectación directa en la calidad de vida de miles de familias. Además, podría agravarse la desconfianza en el suministro de agua potable, obligando a la población a buscar alternativas más costosas.   Tecnología insuficiente para el tratamiento El GUA también puntualizó que, si bien la cloración es efectiva para eliminar contaminación biológica, no funciona para remover fluoruro y arsénico, por lo que el método más adecuado a nivel internacional es la ósmosis inversa. Este señalamiento pone en duda la suficiencia de los procesos actuales de potabilización, a pesar de que el alcalde aseguró que el municipio y el organismo operador realizan esfuerzos para garantizar agua segura para consumo humano.   Llamado a la coordinación y a decisiones basadas en ciencia En su posicionamiento, el GUA dejó claro que su objetivo no es confrontar a las autoridades, sino aportar evidencia técnica para la toma de decisiones públicas. Por ello, hizo un llamado a los tres niveles de gobierno a establecer mesas de trabajo conjuntas que permitan contrastar diagnósticos y construir soluciones efectivas. “Estamos convencidos de que la ciencia es el mejor cimiento para las decisiones públicas”, señalaron, al insistir en que la crisis hídrica requiere coordinación, diálogo informado y acciones responsables.   Los especialistas advirtieron que el problema del agua en San Luis Potosí no admite descalificaciones ni posturas políticas, ya que se trata de una emergencia de salud pública que afecta a miles de familias. En este contexto, subrayaron que la discusión no debe centrarse en la antigüedad de los datos, sino en la urgencia de actuar, ya que la contaminación del agua persiste, está documentada y continúa representando un riesgo real para la población.  
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