De San Luis y otros demonios
México se ha convertido en un mapa de ausencias, 115 mil personas no regresaron a su hogar, son miles de familias rotas sumidas en la incertidumbre, más dolorosa que una muerte.
Las desapariciones ya son parte del paisaje cotidiano, falta ir al centro de Guadalajara para ver las cientos de fotografías de las fichas de búsqueda, los lugares turísticos de la ciudad mundialista para sentir escalofríos del país en que vivimos. San Luis Potosí no está exento de estos hechos.
Las cifras, los números fríos son un horror, lo que verdaderamente define esta crisis es el vacío, la ausencia de voluntad política.
La respuesta de las autoridades ante este fenómeno ha transitado de la negligencia a la omisión sistemática. No es solo que falten recursos o tecnología, y si no es así, recordemos cómo actúo la delegación del Fiscalía General del Estado en Matehuala: era sábado, no era familiar directo, así que no se le tomó la denuncia al compañero de los siete electricistas que desaparecieron en Matehuala.
Los recientes intentos por "depurar" los censos de desaparecidos no buscan encontrar personas, sino reducir la estadística. Es una aritmética de la crueldad: si el número baja en el papel, el problema "deja de existir" para el discurso oficial, y eso sólo hasta que hay una viralización, que se vuelve tendencia que se despliega un operativo.
Mientras tanto, la carga de la búsqueda ha caído, casi en su totalidad, sobre los hombros de las familias. Las Madres Buscadoras se han convertido en las verdaderas peritos, antropólogas y detectives de este país. La Asociación Voz y Dignidad por los Nuestros hizo de nuevo el trabajo que las autoridades negaron, buscar, movilizarse, mostrar la realidad.
La omisión no es un error de cálculo, es una herramienta de control. Cuando la autoridad no investiga, envía un mensaje claro: en México, desaparecer a alguien sale gratis. La impunidad en San Luis Potosí supera el 93%, en una desaparición si no llega a carpeta ni siquiera representa una cifra. Así de cruel es el sistema.
El peligro más grande es la normalización, reclamemos, movilicemos, que no retiren las fichas de búsqueda, compartamos todo lo que podamos. El sistema tiene y debe cambiar, por ellos, por ellas, por las familias, porque somos mexicanos, porque lamentablemente hoy son ellos, mañana quien sabe.