Entre reinas cautelas y peones desesperados

Tablero político.

En el tablero político de San Luis Potosí las piezas continúan moviéndose pero no todas con la misma inteligencia. Mientras unos juegan a las prisas, otros entienden que en política, como en el ajedrez, no gana quien más se agita, sino quien mejor calcula.   En ese contexto, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha optado por una estrategia que hoy marca la diferencia, disciplina, estructura y, sobre todo, paciencia. No es casualidad que, a medida que se acercan los tiempos rumbo al 2027, el verde se consolide como el eje de las decisiones, el punto de equilibrio y —hay que decirlo sin rodeos— el espacio político con mayor aprobación y capacidad de movilización en el estado.   Ahí está el caso de Ruth González Silva, quien, lejos de caer en el juego anticipado de las candidaturas, ha dejado claro que no se presta a imposiciones ni a presiones externas. Su mensaje no solo es firme, también es estratégico, los tiempos aún no llegan y las decisiones no se toman al calor de declaraciones ajenas. En un escenario saturado de ansiedad política, su postura contrasta con la desesperación de otros actores que ya se sienten en campaña sin haber pasado siquiera por el análisis interno.   Porque sí, del otro lado del tablero la escena es distinta. El PAN y el PRI no solo enfrentan un desgaste evidente, sino una falta de identidad que hoy los tiene más ocupados en sobrevivir que en construir. Sus figuras brincan de evento en evento tratando de mantenerse vigentes, como si la presencia mediática sustituyera la falta de proyecto. Y en medio de ese desconcierto aparece una figura que sintetiza perfectamente esta crisis, el alcalde Enrique Galindo Ceballos.   El edil capitalino parece haber adoptado una nueva forma de hacer política, la del “chapulín institucional”. Hoy se le ve cercano al PAN, ayer posando con el PRI, y mañana… quién sabe. Su ruta no parece responder a una visión de gobierno, sino a un cálculo personal que deja más dudas que certezas. En lugar de consolidar una identidad política, Galindo ha optado por diluirla, convirtiéndose en un actor que transita entre colores sin generar confianza en ninguno.   Y es ahí donde el contraste se vuelve inevitable. Mientras unos saltan, el PVEM construye. Mientras otros improvisan, el verde organiza. Las declaraciones de Ignacio Segura Morquecho no son menores, en lugar de fomentar el oportunismo político, ha puesto sobre la mesa un llamado a la estabilidad institucional, dejando claro que los tiempos actuales no son para brincos, sino para responsabilidad.   Sin embargo, la realidad política se impone, cada vez son más los actores que, en corto, comienzan a voltear hacia el verde. No por casualidad, sino porque entienden que ahí está la estructura, la operación y, sobre todo, la conexión con la gente. Ese “coqueteo” silencioso que hoy se percibe en distintos municipios no es otra cosa que el reconocimiento tácito de quién lleva la delantera.   El 2027 aún no llega, pero el tablero ya está planteado. Y mientras algunos siguen jugando a las ocurrencias, el verde parece tener algo que los demás han perdido: rumbo.   Porque en política, como en el ajedrez, no se trata de moverse mucho… sino de moverse mejor. Y hoy, en San Luis Potosí, hay quienes ya entendieron la diferencia.
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