Opinión
Ni fe ni ciencia: la ansiedad como nueva religión
Hay algo que ha crecido en silencio…pero que hoy atraviesa prácticamente todos los espacios de la vida cotidiana.
No distingue edad, nivel socioeconómico ni formación académica.
No se limita a un contexto específico.
Se instala en la mente, en el cuerpo, en las relaciones…
y muchas veces se normaliza.
Es la ansiedad.Pero no la ansiedad como respuesta puntual ante una situación difícil.
Sino como estado permanente.Como forma de estar en el mundo.
Vivimos en una época donde muchas certezas han caído.
La fe, para algunos, ha perdido su lugar central.
La ciencia, aunque avanza, no responde a todo lo que inquieta al ser humano.
Y en ese espacio intermedio…algo ha ocupado el lugar.
La ansiedad.
No como solución…sino como forma de organización.
Porque cuando no hay un marco claro que ordene la experiencia,
el sujeto queda expuesto a una exigencia constante:responder, decidir, elegir… sin referencias sólidas.
Y eso tiene un costo.
Antes, creer implicaba una estructura.
Un marco simbólico que, más allá de ser cuestionable o no,daba sentido, dirección y contención.
Hoy, en muchos casos, ese marco se ha debilitado.Pero no ha sido reemplazado por algo equivalente.
En su lugar, aparece una lógica distinta:la de la autoexigencia permanente.
“Tienes que lograrlo.”
“Tienes que ser feliz.”
“Tienes que aprovechar tu potencial.”
“Tienes que no fallar.”
Sin un marco que sostenga…todo recae sobre el individuo.
Y entonces la vida deja de ser vivida…y se convierte en un proyecto que debe cumplirse.
Desde la clínica, esto es cada vez más evidente, personas que no pueden detenerse, que viven en una constante anticipación.
Que sienten que siempre falta algo.
No porque realmente falte…sino porque nunca es suficiente.
Y en ese movimiento continuo, aparece una paradoja:cuanto más se busca controlar la vida…más se pierde la capacidad de habitarla.
Aquí es donde la ansiedad comienza a ocupar un lugar particular.
No solo como síntoma…sino como organizador.
Se consulta el cuerpo constantemente.
Se revisan pensamientos.
Se anticipan escenarios.
Se intenta prever todo.
Como si, a través de ese control, fuera posible eliminar la incertidumbre.
Pero no lo es.La ansiedad, en este sentido, funciona casi como una nueva forma de creencia.
Se cree en la posibilidad de controlar todo.
Se cree en la necesidad de estar siempre alerta.
Se cree que si uno deja de pensar en lo que puede salir mal… algo saldrá peor.
No hay altar…pero hay rituales.
No hay oración…pero hay repetición.
No hay fe…pero hay una certeza constante de que algo puede fallar.
Y eso agota.
Porque vivir en estado de alerta permanente no es vivir.
Es resistir.
El problema no es la ansiedad en sí.
El problema es el lugar que ha comenzado a ocupar.
Cuando ya no hay espacios de pausa,
cuando el silencio incomoda,cuando la mente no puede detenerse…algo está pidiendo ser escuchado.
Y no se trata de eliminar la ansiedad por completo.
Eso sería imposible, se trata de comprenderla, de reconocer que muchas veces no habla del presente…sino de una dificultad para tolerar la incertidumbre.
Y aquí volvemos a una pregunta fundamental.
Si no hay fe que sostenga…y la ciencia no alcanza para responder lo que sentimos…¿qué hacemos con lo que no podemos controlar?
Esa es la verdadera inquietud de fondo.
Porque el ser humano siempre ha necesitado algún tipo de sostén.
Algo que le permita habitar la incertidumbre sin desbordarse.
Cuando ese sostén no está claro,la mente intenta suplirlo.
Pensando más.
Controlando más.
Anticipando más.
Pero eso no resuelve…solo intensifica.
Tal vez no se trata de elegir entre fe o ciencia.
Tal vez se trata de recuperar algo más básico:la capacidad de estar en la vida…sin tener todas las respuestas.
De tolerar que no todo depende de uno.
De aceptar que hay un margen de lo incierto que no puede eliminarse.
Y que, a pesar de eso… se puede vivir.
No desde el control absoluto,
sino desde una forma más humilde —y más humana— de habitar la experiencia.
Porque en una época donde todo parece exigirnos certeza…aprender a convivir con la dudapuede ser, paradójicamente, una forma de salud.
Dr. José Mauricio López López
Psicoterapeuta | Doctor en Educación | Psicoanalista.
Autor de: Cuando la atención busca sentido y El tejido invisible; creador del sistema terapéutico UkiyoRy?h?