La relatividad 'mexa'… 'sí robé, pero poquito'

Desde el Segundo Piso

Con esa frase y aquella otra, igual de célebre, de que “el PRI robó más”, pareciera que se han convertido en los faros con los que la vida pública en este país se ilumina… o más bien, se justifica.

Y lo más preocupante es que no es exclusivo de la clase política. La ciudadanía, en buena medida, ha terminado por imitar esa lógica. Como dice el dicho, “lo que hace la mano, hace la tras”. No respetamos procesos, ni autoridades, ni reglas básicas de convivencia. Funcionarios y ciudadanos vivimos, muchas veces cómodamente, escondidos en la relatividad de lo que nos conviene… cuando nos conviene.

Más allá de culpar a la tecnología, al “scroll” infinito o a la supuesta pérdida de atención de las nuevas generaciones, valdría la pena preguntarnos en qué momento comenzamos a dinamitar los cimientos sociales, el respeto, la responsabilidad y el apego a valores comunes que, al menos en lo privado, nos daban cierta certeza moral.

Hace unos días, de regreso de un concierto noventero, venía platicando con una sobrina de 17 años, a punto de entrar a la universidad. Esa edad en la que si usted recuerda, uno sabía todo… y sin necesidad de ChatGPT.

En medio de la conversación, no recuerdo porque salio el tema. Planteó con total naturalidad qué haría, si quedara embarazada. Y sin titubeo alguno, soltó que, aun siendo menor de edad, con su credencial de estudiante podría acudir a cualquier clínica del IMSS para practicarse un aborto, o como se le llama ahora, una “interrupción del embarazo”. Como si se tratara de pausar algo… y luego continuar con la vida. Que porque eso le dijeron en la escuela.

Iba su madre con nosotros ( ya se queria quitar la chancla ) y evidentemente entramos en un debate profundo, más allá de etiquetas progresistas o conservadoras. Y hacia donde me llevó esa conversación fue a una inquietud más amplia, estamos formando jóvenes en la lógica de la relativización incluso en los temas más trascendentes.

Porque sí, es cierto, en México el aborto ha sido despenalizado en 23 entidades, incluida la Ciudad de México desde 2007, y se ha convertido en un servicio de salud pública. Tan solo en CDMX, de acuerdo con cifras oficiales, se han realizado más de 270 mil procedimientos legales de aborto en casi dos décadas. Es un hecho jurídico y sanitario.

Pero otra cosa muy distinta es el significado cultural y ético que le estamos dando.

Si bien la agenda feminista tiene causas legítimas, como la no criminalización de la mujer, también es cierto que en los extremos, tanto progresistas como conservadores, se ha perdido el debate de fondo ¿qué significa realmente ser padres?, ¿qué implica traer una vida al mundo?

Más allá de si usted es católico, creyente de otra fe, agnóstico o ateo, hay una realidad difícil de evadir, la perpetuación de la especie y la construcción de familia han sido, históricamente, pilares de cualquier civilización. La naturaleza o Dios (según su convicción), nos diseñó con esa capacidad… y con esa responsabilidad.

La educación sexual se ha reducido, en muchos casos, a lo técnico, dejando de lado lo formativo. Y los datos están ahí, México sigue ocupando uno de los primeros lugares en embarazo adolescente entre los países de la OCDE, y enfermedades como el VPH afectan a una proporción significativa de jóvenes sexualmente activos. A eso súmele las implicaciones emocionales y psicológicas de relaciones cada vez más precoces y menos comprometidas.

El problema no es la libertad. El problema es cuando la libertad se ejerce sin conciencia.

Es un tema incómodo. Profundamente polémico. Pero justamente por eso no podemos seguir evadiéndolo con eufemismos o consignas.

Porque esta relatividad no es exclusiva de lo moral. Es la misma lógica que permite justificar la corrupción, minimizar el abuso de poder o tolerar la impunidad, “sí, pero los otros eran peores”. Como advertía Edmund Burke “para que el mal triunfe, basta con que los buenos no hagan nada”.

Mientras sigamos operando bajo ese criterio, el Estado de derecho seguirá siendo frágil, y la vida pública y privada continuará deteriorándose.

Quizá ha llegado el momento de dejar de relativizarlo todo. De poner límites claros, no solo a los gobiernos, sino a nosotros mismos.

Porque sí, exigir es necesario. Pero también lo es asumir responsabilidad.

Y en esa ecuación, no hay atajos.

 

Autor: Ricardo Heredia Duarte

 

 

 

 

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