Desde el lunar azul
Buen inicio de semana, estimados lectores.
Arrancamos estos días previos a la siempre conveniente “reflexión espiritual”, esa que en México suele marinarse con cerveza tibia y playa artificial, con la energía primaveral y la mirada puesta en la inminente temporada ferial donde Aguascalientes entero se convierte, sin pudor, en la cantina más grande del país.
Pero entremos en materia.
Habíamos decidido ignorar el episodio del ya célebre diputade “lechero”. Error. El respetable no solo lo rescató del olvido, sino que lo elevó a fenómeno nacional, digno, dicende análisis en esa UniversidadIntercultural donde todo cabe, menos el sentido común. El comentario en tribuna de Don Nepo, con su ya conocida debilidad visual (y quizá otras más profundas), no fue una simple ocurrencia, fue un retrato involuntario del nivel discursivo de nuestro Congreso.
Porque sí, aunque suene a chascarrillo de cantina o a “alferada” de sobremesa, los hombres pueden producir leche. Existe, se llama galactorrea, y suele estar asociada a desórdenes hormonales o al consumo de ciertos medicamentos. De ahí que uno no sepa si el comentario fue nostalgia biológica, lapsus farmacológico o simple desparpajo mal calibrado.
Lo verdaderamente revelador no es el dato médico, sino la recepción, entre memes, sesudos análisis semióticos y debates de sobremesa, el episodio se convirtió en el evento más relevante de una legislatura que, en los hechos, no ha producido nada más sustantivo. Ese es el Congreso hidrocálido, un espacio donde la anécdota desplaza a la agenda y la ocurrencia sustituye a la política pública.
De un lado, los azules intentando reconfigurar su narrativa tras la etiqueta de “abortistas” que les cayó como yunque moral; del otro, los guindas encapsulados en su cómoda irrelevancia, administrando silencios mientras esperan línea desde el Ejecutivo local. Entre ambos, el ciudadano paga la función completa, circo, maroma y teatro… pero sin pan.
Quizá por eso no suena descabellada la iniciativa federal que busca ajustar costos y eficiencias en los congresos locales. Si el espectáculo va a ser el mismo, al menos que salga más barato.
Pasemos ahora al segundo acto de esta obra.
El sábado pasado, el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, salió a escena con su ya conocido repertorio, promesas de apertura, plataformas digitales milagrosas y la democratización total de candidaturas. Una APP, sí, una aplicación importada de Delfos, será el nuevo oráculo que definirá quién sí y quién no en el club de Toby blanquiazul.
La idea, en abstracto, suena moderna. En la práctica, huele a reciclaje discursivo. Ya antes se prometieron procesos abiertos, encuestas ciudadanas y participación horizontal. El resultado, los mismos de siempre, con distinto eslogan.
Mientras tanto, en Aguascalientes, la verdadera operadora política, Doña TJ para los enterados, consolida su margen de maniobra. Con dirigencias nacionales más cercanas a la improvisación que a la estrategia, el poder real se desplaza, como siempre, a lo local. Y ahí, quien mueve el pandero no necesita APP.
El PAN, en su intento por reinventarse, parece caminar peligrosamente hacia la ruta del PRD; mucha narrativa democratizadora, poca cohesión interna y una fuga constante de capital político. ¿Exageración? Tal vez. Pero los síntomas están a la vista.
Finalmente, el tercer acto.
La convocatoria encabezada por la senadora Nora Ruvalcaba y el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar mostró, una vez más, los límites organizativos de Morena en la entidad. Más asistentes que en ocasiones previas, sí, pero el mismo círculo, las mismas caras, la misma narrativa.
Las ausencias pesaron más que las presencias, ni el vocero oficioso, ni su grupo, ni el delegado de Bienestar. Señales claras de fragmentación interna y, sobre todo, de falta de coordinación estratégica.
Y aun así, la receta no cambia, denuncia en el centro sobre el supuesto dispendio electoral del gobierno estatal, acusaciones de amedrentamiento y la reiteración de que “así no se puede ganar”. Una narrativa cómoda que evita la autocrítica. Como si los recursos federales no fluyeran también, generosos, hacia sus propias estructuras.
Cerramos con una advertencia para los suspirantes de todos los colores: “por cuanto eres tibio… te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16). En política, la tibieza no solo se castiga, se olvida.
PD. El cachorro revivió, como gallo de palenque soplado a tiempo, pero sigue dependiendo del espolonazo correcto. Y ese, por ahora, tiene dueña.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.