La incertidumbre como estrategia de negociación

Opinión.

En política internacional, la presión no siempre llega en forma de ultimátum. A veces llega disfrazada de duda, de mensajes ambiguos, de amenazas intermitentes, de escenarios abiertos que buscan alterar la confianza de los demás. La incertidumbre también se fabrica y cuando se instala de manera deliberada, también se convierte en una herramienta de presión. Eso es lo que estamos viendo en el entorno de la revisión del T-MEC.   Incluso antes de que concluyan las conversaciones formales, ya se ha empezado a mover un terreno más delicado, el de las percepciones. Se busca tensionar el ambiente, sembrar reservas, generar inquietud en los mercados y empujar a los socios a negociar desde una posición emocionalmente más débil. No se trata solo de comercio, sino de poder, de cálculo político y de capacidad para influir en el comportamiento de otros países sin necesidad de romper nada de inmediato. México no debe caer en esa lógica.   Nuestro país no puede permitirse llegar a esta etapa reaccionando al ritmo de la presión externa. No puede entrar a una revisión de esta magnitud con titubeos, ni con divisiones internas, ni con una visión corta de lo que está en juego. Cuando una nación negocia desde el miedo, desde la improvisación o desde el ruido, empieza a ceder antes de sentarse a la mesa. Por eso este momento exige liderazgo, serenidad y política de Estado.   México tiene con qué sostener una posición firme anclada en que somos parte esencial de la región económica más competitiva del planeta. Tenemos peso productivo, ubicación estratégica, talento, capacidad industrial y una enorme relevancia para las cadenas de valor de América del Norte. México no llega a la revisión del T-MEC a pedir permiso, llega a defender con dignidad y con inteligencia lo que le corresponde como socio fundamental.   Pero esa posición no se sostiene sola, requiere de instituciones alineadas y de una visión nacional capaz de distinguir entre la estridencia que desgasta y la firmeza que construye resultados. Defender el interés de México no significa caer en el exabrupto, significa tener claro qué se debe cuidar, qué se debe fortalecer y qué no se debe conceder.   Desde San Luis Potosí sabemos bien lo que está en juego cuando se altera la certidumbre. Por eso éste no es momento para la pasividad ni para la ingenuidad. Es momento de actuar con firmeza y con inteligencia política. Si la incertidumbre es utilizada como herramienta de presión, México tiene que responder con la solidez de su posición, la unidad de su visión y la claridad de su liderazgo.   En coyunturas como ésta, lo verdaderamente decisivo es la capacidad de México para no dejarse arrastrar por una narrativa ajena y para defender, con cabeza fría y convicción nacional, el lugar que le corresponde en América del Norte.  
OTRAS NOTAS