EUA vs Irán III: yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo

Behavioral Economics.

EUA no está solo en su actual enfrentamiento contra Irán: apenas en diciembre del año pasado la fundación Nobel había acusado abiertamente al Ayatollah Alí Jamenei de apoyar a Nicolás Maduro. Aún más, veinte años antes la misma fundación había alertado, premiando a la opositora Shirin Ebadi con el Nobel de la Paz de 2003, sobre una violación sistemática de derechos humanos, especialmente de mujeres y niños, en la república islámica. Personalmente aplaudí y sigo aplaudiendo ambos Nobeles, el de 2003 y el de 2025, pero esto no me impide reconocer el carácter relativo del concepto de “derechos humanos”: ¿Con qué autoridad puede nuestra tradición legal occidental juzgar a la islámica de “inhumana”? Una frase favorita mía es “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” del filósofo José Ortega y Gasset, y en el artículo anterior de esta serie sobre el actual conflicto EUA vs Irán comenzamos a contar la historia de Irán y sus circunstancias, remontándonos al nacimiento del Islam mismo en el siglo VI. Nos quedamos en su transformación entre los siglos XVI y XVIII de una serie de tribus nómadas en una sociedad sedentaria. En este tercer artículo vamos a continuar la historia.    Entre 1500 y 1722 los sahs transformaron al imperio safávida de una serie de tribus nómadas en una sociedad sedentaria, lograron el control del Golfo Pérsico, y establecieron la capital en Isfahán, en donde se hablaba el persa. Además del comercio, floreció la agricultura. Pero a fines del siglo XVII los jurisconsultos empezaron a cuestionar la autoridad del sah, empezando así el declive de la dinastía. Tropas afganas tomaron Isfahán en 1722, al mismo tiempo que otras partes del imperio fueron atacadas de manera coordinada por otomanos y rusos, poniendo así fin al Irán premoderno. Sin embargo, los safávidas alcanzaron a dejar bases para desarrollar una monarquía moderna.    Aga Muhammad Khan, de la dinastía kayar de origen turco, tomó el control de la meseta iraní en 1794 y en 1796 trasladó la capital a Teherán, ideal para nuevos centros comerciales asociados a la consolidación de Europa como líder del mundo. El monarca murió asesinado un año después, y su sucesor, Sath Alí Sah, administró el imperio entre 1797 y 1854, dejando amplia autonomía a líderes tribales y gremiales, a cambio de que no dejaran de pagar impuestos. El resultado fue un gobierno dividido entre ministros-consejeros, cortesanos, príncipes, nobles, notables locales, jefes tribales, terratenientes, jurisconsultos, y comerciantes. Gracias a los comerciantes, hubo una significativa transferencia de tierras a europeos. Como reacción, el siguiente sah, Naser al-Din Sah Kayar, apoyado por el canciller Amir Kabir, impulsó reformas políticas, económicas, y militares para manejar la creciente influencia europea y allanar el camino para la modernización. A Amir Kabir siguió Mirza Hosein Sepahsalar, cuya administración fue resumida como concesiones a extranjeros mal vistas por el pueblo, explotación del campesinado, y corrupción de la clase dominante. La Revuelta del Tabaco de 1891 fue la primera gran manifestación popular contra el orden establecido. En 1907 Mohammad Alí Shah Qayar subió al trono y canceló todas las leyes por considerarlas contrarias a la ley islámica. Terminó abandonando el país en 1909.    A principios de los 1920s Irán fue, fugazmente, la República Socialista Soviética de Persia o de Guilan. Después, apoyado por conservadores, Reza Pahlaví, con raíces preislámicas, se puso la corona en 1925, y en 1935 sustituyó “Persia” por “Irán” (que significa “tierra de los arios”). Reza Pahlaví construyó un Estado moderno y autoritario que lo enemistó con los comerciantes y los jurisconsultos. A pesar de un mayor control estatal sobre la industria petrolera, el pueblo veía al sah como un “títere de EUA”, y entonces llegó la Revolución Islámica de 1979 con banderas de anticolonialismo, marxismo, e islamismo. La República Islámica empezó encabezada por el Ayatollah Jomeini.   El temor de EUA de que la revolución iraní se extendiera a los demás países petroleros llevó a ataques iraquíes sobre Irán en 1980, conflicto que terminó en 1988. En esos mismos tiempos también llegó a su fin la Guerra Fría, y EUA empezó a promover la idea de “el eje del mal”: Irán, Cuba, Venezuela, y Korea del Norte.   Jomeini murió en 1989, y compitiendo por el poder, su grupo se dividió en tres: conservadores, reformistas, y pragmáticos. Los reformistas y los pragmáticos se oponían a la intolerancia religiosa, el nacionalismo, el antiimperialismo, el antisionismo, y en general a la línea dura contra Occidente de los conservadores. Los reformistas estaban especialmente preocupados por resolver las contradicciones de la ley islámica con la modernidad. Los pragmáticos estaban a favor de abrirse a negociar con Occidente. El triunfo correspondió a los conservadores, y ese mismo año el Ayatollah Alí Jamenei se convirtió en el nuevo líder. Siguió una “reconstrucción nacional” entre 1989 y 1997.   ¿Cómo entró Irán al siglo XXI? Tendremos que esperar al próximo artículo de esta serie porque nuestra dotación semanal de 800 palabras se ha acabado.        
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