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Lecciones que deja el caso Chalamet

El actor de 30 años cometió varias pifias en su carrera por la estatuilla dorada

Ante los ojos de millones de espectadores, Timotheé Chalamet vio cómo su tan ansiado Óscar a Mejor Actor fue para su colega Michael B. Jordan por su trabajo en Sinners.

A Chalamet, escribieron usuarios en redes sociales, le terminó pasando lo mismo que a su personaje en Marty Supreme, el filme dirigido por Josh Safdie.

El actor de 30 años cometió varias pifias en su carrera por la estatuilla dorada: desde mencionar abiertamente que sus actuaciones eran de primer nivel hasta denostar a la ópera y al ballet, aunque las votaciones ya estaban cerradas cuando se viralizaron sus opiniones sobre estas dos bellas artes.

"No quiero trabajar en ballet ni en ópera, ni en cosas que digan: 'Oye, mantén esto vivo, aunque ya no le importe a nadie'. Con todo respeto a toda la gente del ballet y la ópera", dijo en un encuentro público con su colega Matthew McConaughey, en la Universidad de Texas, el mes pasado.

Para el consultor de imagen Fernando Herrejón, la cuestión importante es aprender a evitar que el ego nos cegue frente a nuestras expectativas.

Lo que hizo el joven actor por alcanzar su meta, la estatuilla dorada, se convirtió en una historia con moraleja aplicable para la vida diaria de cualquier persona.

1. VIVE EL PRESENTE

Cuando la meta es el único indicador de tu valor se deja de vivir el presente, advierte Epifanio Sánchez, especialista en Bienestar Organizacional y Neuropsicología del Instituto de Ciencias del Bienestar y la Felicidad de la Universidad Tecmilenio.

"El bienestar más profundo no radica en lograr tu objetivo, sino en el camino, en la preparación, el riesgo y la conexión genuina con lo que hacemos", señala. "Cuando el resultado es la única fuente de valor personal, el camino pierde sentido y significado". 

La obsesión con una meta revela el miedo al fracaso, afirma Mario Arratia, director de Psicología Clínica y de la Salud del Tec de Monterrey. 

"Hay un miedo tan grande a fracasar que aumentaría el estrés y tomaríamos acciones o decisiones que no son positivas y de las que después nos podemos arrepentir, porque no se alinean con nuestros valores". 

2. CONTROLA TUS EXPECTATIVAS

Si las expectativas son rígidas, cualquier desviación del plan se vuelve un fracaso personal, indica la psicoterapeuta María Mendiola.

"Debemos ser más flexibles en nuestra propia narrativa, por eso hay que cambiar el 'lo tengo que lograr, sí o sí' con el 'me gustaría lograrlo, estaría muy bien'... y tener en claro que no define tu valor".

En ocasiones, nuestras expectativas no coinciden con la realidad ni tampoco toman en cuenta el esfuerzo de la otra persona, señala Thomas Huggins, Vicerrector de la Escuela de Psicología de la UDEM. 

En ese sentido, que Chalamet no haya ganado el Óscar no significa que sea un castigo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas por sus dichos o comportamiento. Es muy posible que la doble interpretación de Michael B. Jordan haya convencido a más votantes.

3. DA LO MEJOR DE TI

¿Vale la pena ser el mejor? Ésta es una pregunta compleja, cuya respuesta tiene dos aristas.

"Será efímero y frágil ser el mejor, si se busca ocupar cierto lugar en una jerarquía, porque siempre habrá alguien que destaque: alguien más joven o con más recursos", opina Sánchez.

"En cambio, si ser el mejor significa dar lo mejor de ti para crecer, contribuir o dejar huella en los demás, eso vale y mucho, porque el crecimiento es una manera de habitar la vida y es necesario crecer, para florecer".

Ser el mejor vale la pena si impulsa a la superación y al aprendizaje, coincide Arratia.

"Si una meta se basa en criterios arbitrarios, vacíos, y no tiene un significado más allá del momento y la validación externa, eso nos gastará como personas", dice. "El costo y el precio de perseguir esta meta será demasiado alto y no será sano". 

4. SÉ RESILIENTE

Tras la derrota, primero hay que aceptarse. Es válido sentir frustración y envidia, dice Arratia.

"El siguiente paso es impedir que estas emociones nos definan, porque como personas tenemos un mundo de emociones", menciona. 

Mendiola sugiere algunas estrategias de resiliencia emocional si pasaste por un "momento Timotheé":

1. Definir al fracaso como una experiencia no positiva.

2. Preguntarse qué se aprendió de esta experiencia y cómo puede utilizarse a favor. 

3. Separar tu identidad al resultado.

4. Ser flexibles emocionalmente: sentir lo negativo, pero no ser consumida por estas emociones.

5. Ser autocompasivos.

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