Nueva York y Las Flores: las mujeres visibles e invisibles

Intersecciones en Clave de Género

Mientras en Nueva York, en el seno de la ONU, 193 estados acordaban —en la CSW70— que el acceso a la justicia es una fuerza transformadora para las mujeres y las niñas, en Aguascalientes una niña de 15 años llamada Noemi Jacqueline era rescatada de un departamento donde un hombre de 49 años la intoxicaba con alcohol, la grababa y distribuía el material. Ese hilo jaló el ovillo: llevó a la Fiscalía hasta el bar "Tormenta del Oeste", en la colonia Las Flores, a metros de la Feria Nacional de San Marcos. Ahí, al menos once menores más eran explotadas sexualmente.

El Municipio dijo que no sabía. La Policía Municipal dijo que no tenía reportes. El Secretario de Gobierno dijo que "desconocía un poco". Son respuestas que merecen la misma pregunta que la Presidenta de la Asamblea General Annalena Baerbock formuló ante la CSW70: ¿por qué, después de treinta años de compromisos globales, seguimos sin entregar resultados? En Las Flores, la pregunta tiene un apellido concreto: impunidad estructural.

La CSW70 adoptó sus Conclusiones Acordadas el propio 9 de marzo —el mismo día en que miles marchaban en México exigiendo el fin de la violencia de género— con 37 votos a favor. El texto establece compromisos vinculantes para reforzar los mecanismos nacionales de prevención y respuesta a la violencia contra mujeres y niñas, eliminar leyes y prácticas discriminatorias, y construir sistemas de justicia centrados en las sobrevivientes. En particular, el Secretario General António Guterres advirtió que la justicia sigue siendo "un sueño lejano para millones de mujeres y niñas", y que las mujeres en el mundo sólo gozan del 64% de los derechos legales de los hombresy en Aguascalientes esto quedó confirmado.

La trata no aparece en el acuerdo como nota al pie: es su columna vertebral. La interseccionalidad fue señalada en los debates de la CSW70 como "una obligación de derechos humanos para que ninguna mujer sea invisible". Y no hay caso más interseccional que el de una niña pobre, en una ciudad que se creía libre de trata, explotada en un establecimiento que operaba con pleno conocimiento del vecindario y ninguna respuesta del Estado. La ONG MUJERES JEFAS DE FAMILIA A.C. lleva años señalando exactamente eso: la trata no sucede en el vacío; sucede donde la pobreza feminizada y la omisión institucional construyen el mercado. Es en estos hogares, donde la precariedad monetaria y la pobreza estructural confluyen para ser las víctimas perfectas de los crímenes mas aberrantes.

El contexto nacional lo confirma: la trata contra mujeres creció 48.7% en México entre 2024 y 2025, el mayor repunte entre todos los delitos de género, según el Secretariado Ejecutivo del SNSP. En el Congreso local, la diputada Miriam Yaszú Muñoz Márquez declaró que no basta con reconocer que el problema existe. Tiene razón. Tres iniciativas legislativas esperan dictamen. Pero las iniciativas no rescatan a las niñas; lo que las rescató en este caso fue que una madre se negó a creer que su hija se había ido "por voluntad propia" —el argumento favorito de las autoridades para no investigar y no actuar.

Regresé de Nueva York despues de haber participado en la CSW70 con el peso de los acuerdos y la claridad de lo que significan en territorio. La brecha entre lo que los gobiernos firman en Nueva York y lo que hacen —o dejan de hacer— en sus municipios es el campo de batalla real de los derechos de las mujeres. Aguascalientes tiene ahora una obligación que ya no puede eludir: investigar a los clientes, no sólo a los operadores; transparentar qué funcionarios firmaron las inspecciones que no vieron nada; y construir el sistema de alertas que las niñas merecían antes de que una red operara durante meses a la sombra de la Feria. Las Conclusiones Acordadas de la CSW70 son el espejo. Lo que Aguascalientes haga ahora será su reflejo.

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