Solo para iniciados… Aguascalientes plural: CATEM como botón de muestra

Desde el Lunar Azul

Buen ombligo de semana, estimados lectores.   En esta tierra —todavía— templada, donde algunos insisten en importar calenturas ideológicas como si fueran mercancía de contrabando político, Aguascalientes sigue resistiendo con una virtud que escasea en el país: la capacidad de convivir sin convertir cada desacuerdo en guerra santa.   El pasado lunes feriado, mientras unos descansaban y otros hacían cuentas, en la Isla San Marcos —ese espacio noble, hoy más polvoso que estratégico— se montó un acto que, más allá de lo sindical, fue profundamente político. Y de esos que dicen más por quién se sienta junto a quién, que por lo que se dice en el micrófono.   Al grano, comentocracia (Claudia dixit).   Se llevó a cabo la toma de protesta del comité estatal de CATEM en Aguascalientes. Encabezando, la dirigente local Verenisse Ruiz —joven, combativa y con olfato político— y el líder nacional Pedro Haces, hoy cómodamente instalado en San Lázaro bajo las siglas de Morena.   Pero lo verdaderamente interesante no fue el evento… fue el templete.   Ahí estaba la que mueve el pandero en las aguascachondas la Gober Tere Jiménez, el alcalde Leo Montañez como anfitrión, flanqueado nada menos que por el senador Toño Martín del Campo—bigote en ristre y proyecto en marcha—, quien dentro del PAN ya no compite: administra ventaja rumbo a la gubernatura. Del otro lado, un “cachorro” municipal que trae el ayuntamiento más enredado que cable de audífonos en bolsa de pantalón. Y eso, en elecciones cerradas, pesa más que cualquier encuesta a modo.   El elenco panista se completó con Toño Arámbula, “La Chuya”, Liz Martínez, el siempre discreto pero eficaz Rubén Galaviz y el inconfundible “Poncharelo” en seguridad, Goyo Zamarripa, el rector de la UAA Juan Carlos Arredondo. Es decir: no fue una cortesía institucional, fue presencia política de alto nivel.   Y aquí viene lo interesante.   Para muchos en el centro del país, CATEM es una extensión orgánica del obradorismo sindical. Una central alineada con la narrativa de la 4T y disciplinada ante el proyecto de Claudia Sheinbaum. Pero en Aguascalientes, como suele ocurrir, la realidad no pide permiso para contradecir la teoría.   El evento mostró otra cosa: un espacio donde conviven actores de distintos colores sin que nadie salga acusado de traición. Un ecosistema político donde el diálogo no es pecado, sino método. Donde se entiende —todavía— que la política no es catecismo, sino negociación.   Porque mientras en otros estados la polarización es deporte nacional, aquí se sigue practicando algo más sofisticado: la política como oficio.   Y sí, eso incomoda a los puristas. A esos nuevos ricos de la política —flores de sexenio— que creen que gobernar es bloquear, descalificar y repartir certificados de pureza ideológica.   En contraste, en la mesa donde realmente se deciden las cosas —esa que no sale en fotos— se sientan los mismos de siempre, brindan, negocian y reparten el queso. Con discreción, pero con eficacia. Si alguien duda, que revise el galimatías legislativo del famoso “Plan B” electoral (INE, 2023; SCJN, 2023).   Otro dato que no pasó desapercibido: la presencia de Joan Busquets, vicepresidente de Nissan en México. Su mensaje fue claro: el empresariado veía con recelo la llegada de un sindicato combativo a la representación laboral en Aguascalientes. Hoy, dice, han encontrado un equilibrio incómodo pero funcional: firmeza sin estridencia.   CATEM presume 30 mil afiliados en el estado y, hasta ahora, sin conflictos mayores. Más aún, en JATCO, los trabajadores les dieron un “zapato” electoral al sindicato rival. No es menor: en términos de legitimidad laboral, eso pesa.   ¿And Morena local? Bien, gracias.   Dicen que fueron invitados. Dicen. Pero fieles a su lógica endogámica, prefirieron sus cónclaves de aplaudidores. Esos donde se predica a los convencidos y se le tiene miedo al disenso.   En suma: mientras el país se incendia en trincheras ideológicas, Aguascalientes sigue operando bajo otra lógica. Más pragmática, menos dogmática. Más política, menos ideológica.   Y eso —aunque no le guste a los extremos y a las flores de sexenio— es una ventaja competitiva.   Bien por Verenisse Ruiz. Su evento no solo mostró músculo sindical, sino algo más valioso: capacidad de convocatoria transversal. Logró sentar al poder que gobierna y al que probablemente gobernará.   No es poca cosa.   Aquí dejo esta roca.   Empújela usted.   Yo vuelvo. Como siempre.
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