San José: Elocuencia en el Silencio

Transeúnte.

Estamos próximos a celebrar en la Iglesia la Solemnidad de San José, un santo cuya importancia es tan grande que es el único que es celebrado en medio de la cuaresma. Por un momento la austeridad propia de este tiempo se pone en pausa para dirigir nuestra mirada al “varón justo y obediente”.   Sabemos que el protagonista del evangelio es Jesús, sus páginas nos narran su vida, obras y milagros, todo con la finalidad de que cada uno de nosotros seamos capaces de reconocerlo y aceptarlo como Señor de nuestras vidas. Sin embargo, en el evangelio aparecen otros personajes que bien vale la pena dirigir nuestra mirada hacia ellos, sin duda que uno de ellos es: San José.   La Sagrada Escritura no recoge ninguna palabra pronunciada por él. El texto sagrado se limita a relatar algunos acontecimientos que giran en torno a este hombre santo. De san José nos puede llamar la atención su obediencia a la voluntad de Dios. Él supo responder siempre con presteza y de manera afirmativa a lo que Dios le pedía. Podemos afirmar que san José supo pronunciar también su “fiat”, no con palabras sino con la vida misma.   Sin embargo, existe un elemento que me parece impresionante en la vida de san José: su silencio. La Sagrada Escritura no menciona ninguna palabra propia de él, esto no significa que san José haya sido una persona muda. Su silencio es a la vez un mensaje que merece ser escuchado y puesto en práctica. El silencio de san José no es signo de pasividad o de alguien que desee ignorar alguna situación. Es un silencio receptivo y atento, capaz de transformar la vida y hacerla toda de Dios.    Hablar de silencio tal vez nos pueda asustar, algunas personas piensan que el ser humano no tiene necesidad de silencio. El ser humano está nueve meses en el vientre materno en silencio. Cuando estuvimos ahí ninguno de nosotros pronunciamos palabra alguna. El silencio fue nuestra preparación para el encuentro con el exterior.    Estoy convencido que todos tenemos necesidad de silencio, para calmar nuestro interior, muchas veces alterado por tantas situaciones que cada vez más desafían nuestro ser. Necesitamos silencio, para así aprender a escuchar y aprender a escucharnos a nosotros mismos. Sin silencio interior todos corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos.   Estando cercanos a la celebración de san José, quiero invitarlos a tratar y conocer a este gran santo, que con sus virtudes y manera de vivir nos ha enseñado tanto. Curiosamente hay personas que no necesitan pronunciar tantas palabras para enseñar algo. San José desde la óptica de los evangelios no ha pronunciado palabra alguna, sin embargo, ha sido en el silencio el lugar en el que ha pronunciado su lección más elocuente para todos nosotros. Feliz domingo a todos.  
OTRAS NOTAS