Bajo presión
La iniciativa presidencial de reforma electoral fue rechazada. No se había cerrado el tablero de votación cuando todos, oficialistas y oposición, bramaron el fracaso de la presidenta Claudia Sheinbaum. Derrota: una palabra que, en política, suele ser más útil que una victoria.
Derrota, un discurso que a todos les conviene. La oposición se regodea en el resultado, habla de democracia y pluralidad, ensalza la fuerza oculta que, llegado el día, empleará para vencer al régimen. Los partidos Verde Ecologista y el del Trabajo se cuelgan la medalla de autonomía con el pecho henchido de soberbia porque demostraron su empoderamiento e independencia del gobierno federal. El morenaje asume las consecuencias y ve una nueva oportunidad de refrendar que están del lado correcto de la historia, con la presidenta. Pura percepción.
No fracasó la presidenta. Deja correr esa versión para establecer un nuevo plan que permita a Morena, una vez más, adelantar las campañas y salir a las calles para, con el pretexto de los pobres y el combate a los privilegios, convencer al electorado de que la Cuarta Transformación se debe mantener en el poder. Ese es el centro del asunto.
Para calificar de fracaso de la presidenta el rechazo a su iniciativa de reforma se insiste en que los políticos deben dar resultados y no quedarse en la promesa; en los hechos, Sheinbaum Pardo cumplió con lo que prometió: enviar a los legisladores su capricho, enmendando la plana a las necedades de Pablo Gómez, revisando la propuesta todo el tiempo que consideró necesario, estableciendo los puntos en los que no habría posibilidad de negociación alguna y subrayando que con quien discutía los detalles finos de su idea era con el morenaje, no con los aliados parásitos.
¿Sabemos cuál era la verdadera intención de la presidenta? No, nadie lo sabe. Por los resultados, por la lisonja mártir de Ricardo Monreal y el anuncio de la defensa en territorio de la voluntad presidencial con un Plan B, a Claudia Sheinbaum le dieron el pretexto perfecto para armar un discurso que distrae de candidatos impresentables o sin mérito alguno para aspirar a un cargo.
Otra vez, las campañas para el 2027 no se tratarán de elegir a los mejores candidatos. Se tratarán de vender la idea de una guerra donde el movimiento es un ejército que defiende los postulados de Andrés Manuel López Obrador. Sin necesidad de la foto con el expresidente, cualquier impresentable que postule el morenaje saldrá a la calle con la bandera de primero los pobres y abajo todos los privilegios, cuando en realidad se trata de mantener la mayoría calificada que requiere Sheinbaum Pardo para gobernar el segundo tramo de su periodo.
No fracasó Claudia Sheinbaum. Fracasaron todos los demás: la oposición, los aliados y los operadores políticos de la presidenta.
El rechazo a la iniciativa presidencial no es, como se apuró a decir Kenia López Rabadán, una muestra de pluralidad y democracia en la Cámara de Diputados; la oposición no logra convencer ni sumar un voto más a sus filas, tampoco añade a la discusión pública, por más propuestas alternas que haya presentado Movimiento Ciudadano. PAN, PRI y MC mostraron que legislan con abulia, incapaces de introducir una sola idea nueva, anclados en presentarse como opositores y no como una alternativa.
Esos partidos se conforman con el discurso reactivo, de confrontación, que niega la deliberación y el convencimiento. De nuevo, la oposición muestra que no tiene proyecto y se conforma con victorias pírricas que no le pertenecen del todo para magnificar su presencia en el tablero del juego.
Fracasaron los aliados. Montados en el ladrillo del empoderamiento, asumieron que contaban con un apoyo social que les alcanzaba para vivir lejos de la sombra del lopezobradorismo. No hay rebeldía en el PT y el Verde, tampoco es una muestra de pluralidad al interior de la alianza oficial ni la existencia de un pensamiento crítico; los votos en contra de la iniciativa presidencial exhibieron que la terna la conforman partidos que sólo saben defender sus propios intereses.
Fracasó Ricardo Monreal y el resto de los supuestos operadores políticos en el Congreso. No fueron capaces de convencer a los aliados, tampoco de explicar los alcances del capricho presidencial. Fracasaron los voceros del oficialismo, quienes con la mediocridad que los distingue empeñaron su esfuerzo en la descalificación de los adversarios antes que intentar convencer a los partidos del Trabajo y el Verde. No por nada en su Consejo Nacional dejaron claro que su tarea principal es mantener la unidad y no sacrificar la alianza.
Tras la votación, Claudia Sheinbaum convocó a los coordinadores parlamentarios de Morena para delinear el Plan B. La presidenta aseguró que buscará un ahorro de 4 mil millones de pesos al disminuir gastos en congresos locales y regidurías, reducir privilegios entre los partidos políticos y en el INE, así como fomentar la participación de la ciudadanía.
El Plan B ni siquiera importa. La verdadera victoria de Claudia Sheinbaum fue la entrega de una bandera a los candidatos de su movimiento. Ya se cuenta con un lema de campaña.
Anticipándose a los tiempos del proceso electoral del 2027, veremos un ejército de chalecos guindas propagando el mensaje de que la lucha continúa: otra vez la polarización, otra vez la historia de cómo los malos impiden al pueblo bueno desmantelar la red de privilegios de los conservadores.
Dijo la presidenta que para poner en marcha su plan, primero era importante exhibir a quienes votaron en contra de su propuesta, para así combatirlos en el arranque anticipado de campaña. No es una advertencia, es la confirmación del libreto. El rechazo a la reforma no será leído como un límite institucional, sino como la prueba de que el movimiento está bajo ataque. Cuando la política se convierte en guerra moral, los candidatos son lo de menos.
Porque de eso se trata el fracaso deseado: perder una votación para ganar una campaña. En 2027 no importará quién aparezca en las boletas, ni sus antecedentes, ni los vínculos que arrastre. Bastará con ponerse el chaleco guinda y repetir el lema correcto. Cuando la consigna sustituye al mérito, cualquier impresentable puede convertirse en candidato.
Coda. Al final, la reforma electoral no era la meta. Era la excusa. El eslogan ya está listo.
@aldan