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No quiero morir aquí: Harvey Weinstein

Prácticamente aislado y muy consciente de su realidad vive Harvey Weinstein en una celda en Rikers, prisión de máxima seguridad en Nueva York

Prácticamente aislado, arrepentido de mucho de su comportamiento, lúcido y muy consciente de su realidad vive Harvey Weinstein en una celda en Rikers, prisión de máxima seguridad en Nueva York.

Al otrora poderoso productor de Hollywood, de 73 años y objetivo medular del movimiento #MeToo luego de haber sido acusado por más de 100 mujeres, muchas de ellas famosas, de abuso y acoso sexual, le espera un último juicio el 14 de abril luego de que en un cargo se le halló culpable, por otro fue absuelto y en uno más se anuló el proceso.

En exclusiva, dio para The Hollywood Reporter su hasta ahora única entrevista tras las rejas, en la que confiesa que su mayor temor es morir recluido.

"Me da un miedo terrible. Es increíble tener la vida que tuve y las cosas que hice por la sociedad y no tener la indulgencia de ser tratado con más amabilidad. Sea lo que sea que piensen que hice mal en mi vida, no me condenaron a muerte. No quiero morir aquí.

"Me pasé de la raya, lo tengo claro. Podía ser un acosador terrible. Usé el poder con arrogancia. Fui insistente y autoritario, y me siento fatal. Me avergüenzo de ese comportamiento, y ahora lo veo de una forma que antes no podía", explica. "Pero nunca agredí sexualmente a nadie".

Las enfermedades que arrastraba recientemente repercuten cada vez más en su salud. Padece diabetes, leucemia mieloide crónica y estenosis espinal, por lo cual recurre a una silla de ruedas. Está encerrado en una unidad médica de la prisión y dice que pasa 23 horas al día en su celda, por su seguridad. Sale media hora o poco más a tomar el aire. Una vez se sintió tan mal que al día siguiente fue operado del corazón.

Revela que ha gastado muchos millones de dólares en su defensa legal y reitera su inocencia; él se cree víctima. Weinstein, a quien muchos han visto como depredador sexual, dice que sus encuentros fueron consensuados. Los tres jurados de sus juicios, en Nueva York y California, no le han creído. "Se demostrará mi inocencia. Lo prometo", dice. "No todas (mis acusadoras) fueron tan ingenuas como pretendían".

Ya lleva seis años sin gozar libertad quien se codeó con grandes celebridades, presidentes y primeros ministros. Por el primer juicio, en Nueva York en 2020, fue condenado a 23 años. En 2023, en Los Ángeles, el veredicto fue de 16 años. En ambos casos, por violar a mujeres. El juez ordenó no purgar simultáneamente esta pena, sino cuando cumpla la primera.

"Cada tres horas hablo por teléfono 16-18 minutos. Es mi sustento. Hablo con tres de mis hijos todos los días: mi hija mayor, que ya tiene 30 años, y mis hijos de 12 y 15. Mis otros dos hijos no me hablan desde hace seis años. También hablo con mis abogados y algunos amigos. Es lo único que me mantiene cuerdo.

"No tengo ningún contacto humano más allá de los guardias y enfermeras", señala Weinstein, y dice que otros reclusos lo intimidan para amenazarle, pedirle dinero o que les "preste" a sus abogados.

En la cárcel es un devorador de libros, especialmente de memorias, pero también novelas. Siempre amó la lectura. También suele recibir prensa, está al tanto de Hollywood, pero a veces con unos días de retraso. Todos los internos pueden pedir tabletas para ver películas rentadas por 4.95 dólares (87 pesos), de un catálogo de cine comercial. Le encantó La Balada de la Isla (2025), con Carey Mulligan. Señala que 25 años después volvió a ver Mente Indomable (1997), con Robin Williams, Matt Damon y Ben Affleck, producida por él y su compañía, Miramax; la miró en su celular y le emocionó.

Hay estudiantes que le mandan guiones para saber su opinión, pero no les ve futuro y los anima a mejorar.

"Sólo hay un culpable: yo. Esta gente (mis empleados) estaba tan contenta de estar en The Weinstein Co. o Miramax, el centro y la cúspide de la industria, que estaban dispuestos a mentir por mí. Y yo los insté a mentir. Mi equipo fue genial: mintieron como campeones. Pero lo hice. Todo es culpa mía. Sin embargo, debo decir que cuando un tipo te invita a su habitación de hotel en plena noche, ya sabes lo que está tramando.

"Por muchas razones (me acusaron tantas mujeres), pero, principalmente, porque hay dinero de por medio. Unas recibieron medio millón de dólares. Otra, 3 millones. Para llevarse un cheque, bastaba con llenar un formulario que decía que fueron atacadas sexualmente. Así que lo llenaron, y la compañía de seguros acabó pagando decenas de millones de dólares. Y (la dueña de Miramax) Disney también... Disney no quería una pelea pública, así que simplemente pagó a la gente para que se largara", cuenta.

Weinstein, quien hoy cree que #MeToo es un movimiento que ayudó a mujeres a visibilizar la violencia y explotación que sufrían, desearía ser recordado por las grandes películas que produjo, como Shakespeare Enamorado y Pulp Fiction, pero lo ve imposible. Está orgulloso de los premios que ganó y no dudaría canjear los Óscar que le dieron por una vida alejado de la fama con sus hijos.

"Hice cosas malas y desagradables, pero también muchas cosas geniales: ayudé a cambiar la cultura. Construí muchas carreras. Fui amable con mucha gente. No soy una víctima, sino un superviviente de mis propios defectos. Debo darme ánimos porque nadie más lo hará".

 

Abandonado

Bob Weinstein, su hermano menor, construyó su carrera con él pero, a raíz del escándalo, dejó de tratarlo.

"No (me sorprendió), para nada. Está desesperado por trabajar, y esto también arruinó su carrera. Sólo espera que, por haberme criticado, pueda volver a trabajar, pero, por desgracia para él, nunca le permitirán volver. Está atrapado ahí conmigo", dice Harvey.

Afirma que su ex mujer, Georgina Chapman, quien lleva tiempo unida al actor Adrien Brody, no tiene contacto con él pero le permite ver a sus hijos. Lamenta haberla engañado y destruido su hogar y reputación.

"La mayoría de la gente que conocía me ha abandonado, amigos cercanos, familiares, personas que me deben toda su carrera. Todos desaparecieron de la noche a la mañana. Me da miedo llamar a nadie porque no quiero que les cancelen por hablar conmigo. Esta cultura es una locura".

 

ASÍ LO DIJO

"Habría respetado más a esas mujeres. Nunca habría estado con ellas. Habría sido fiel en mi matrimonio. Habría dicho: 'Tengo una familia, la cuidaré'. Fui un tonto. Lo admito".

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