Actuar fuera de la caja

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#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública.

En fechas recientes, se publicó el reporte de Oxfam intitulado “Oligarquía o democracia: nueve propuestas contra la acumulación extrema del poder en México”. En él, la confederación internacional de 21 organizaciones no gubernamentales que trabajan para “combatir la pobreza, la desigualdad y la injusticia”, hace una denuncia puntual sobre la forma desproporcionada en que ha crecido la fortuna de las personas más ricas del país, cuando se le compara con la manera en que se ha comportado la economía mexicana. El documento afirma que,la “concentración de la riqueza ha adquirido niveles sin precedentes”.

Entre los principales puntos que destaca el citado texto se encuentran:

1. En México, el 35% del ingreso nacional lo concentra el 1% de la población más rica. Cabe destacar que esta situación no es exclusiva del país. A nivel mundial, el 1% mas rico, posee la misma riqueza que el 95% de la población.

2. La riqueza de unos cuantos, se ha incrementado de manera desproporcionada. Mientras que el personaje mas rico, Carlos Slim, incrementó su fortuna en más de ocho veces (1996-2924), alrededor de 1,000 millonarios multiplicaron la suya propia por 4.2 veces. Alarma que el incremento que experimentaron estas personas, fue superior al promedio que tuvo el PIB nacional, el cual difícilmente superó un 2% anual en promedio.

3. Preocupa que la concentración económica implica también una compleja concentración de poder, que genera una especie de “secuestro de la democracia mexicana”; se retroalimenta una especie de “círculo vicioso” en el que las decisiones del poder público, derivan en un pacto fiscal sumamente deficiente, debilidad del Estado y malas regulaciones en sectores estratégicos.

4. El enriquecimiento de unos cuantos, contrasta de manera escandalosa con la persistencia de 19 millones de personas que no tienen acceso a alimentación suficiente o nutritiva y de un total de 38 millones que carecen de ingresos suficientes o presentan algún tipo de carencia (rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, así como mala calidad y servicios básicos de la vivienda). Adicionalmente, se subraya puntualmente que 21 millones de mujeres realizan trabajo de cuidados no remunerado.

Aunque la publicación del INEGI, hecha en agosto de 2025, destacó que la pobreza multidimensional bajó al 29.6% (lo que la 4T celebró con “bombo y platillo”), el documento de Oxfam exhibe que la tan “cacareada”, “separación” entre el poder económico y el poder político,de la que tanto presumió AMLO, no ha ocurrido aún. Una muestra clara es que,equivocadamente, ni durante el sexenio pasado, ni el actual, se ha apostado por desarrollar una reforma fiscal verdaderamente progresiva.

Oxfam pone especial énfasis en recomendar que, cuanto antes, se lleven a cabo acciones que modifiquen la política impositiva, al mismo tiempo en que se utilice el gasto público para disminuir las profundas brechas que persisten a nivel socioeconómico. Adicionalmente, propone el fortalecimiento de la banca de desarrollo, así como la implementación de un sistema nacional de cuidados. 

Si bien, la orientación del reporte de Oxfamen cuanto a políticas públicas, resulta útil y necesaria, al mismo tiempo,parecería que se queda corta respecto a los desafíos que enfrentamos como sociedad. Las diferencias en el acceso a tecnología y sus beneficios exponenciales, junto con la degradación medio ambiental, que vulnera principalmente a las zonas mas marginadas, son dos simples ejemplos de las variables multidimensionales, que hoy amplifican las distancias entre ricos y pobres. 

Sirva esta reflexión para entender que, en los siguientes años, requeriremos enfocarnos en romperparadigmas, que vayan más allá de la política fiscal. La necesidad de un nuevo pacto social se hace evidente para disminuir las desigualdades, pero, sobre todo, para garantizar la participación e incidencia de las mayorías en la vida pública. Será indispensable instituir nuevos mecanismos de democracia participativa, que universalicen el acceso tecnológico, para que la política fiscal garantice un renovado énfasis en los derechos fundamentales (igualdad, libertad, seguridad jurídica, propiedad y derechos económicos, sociales, culturales, ambientales).

Habrá que pensar y actuar fuera de la caja. Desde sembrar elementos de “fraternidad” en la relación entre empleados y empleadores, al interior de las unidades económicas, para elevar la competitividad colectiva; pasando por equilibrar el avance tecnológico, con el cuidado de la naturaleza, hasta construir redes horizontales basadas en la colaboración y no en las jerarquías tradicionales en comunidades y ciudades.


 

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