Ruido arriba, política abajo

Bajo presión

La rebambaramba provocada por la discusión de la reforma electoral de Claudia Sheinbaum y el levantamiento de los enanos del circo ha sido un distractor tan grande que ha desplazado a segundo o tercer plano la discusión de la política local. A inicio de año, ante los informes de los legisladores, se aprovechó la temporada para llenar las calles de propaganda, espacios publicitarios que, por más que quieran, no dejan de evidenciar el intercambio económico que hay detrás de un suspirante.

La discusión de los temas nacionales ha cubierto con una manta la carrera por las candidaturas en Aguascalientes, el forcejeo que hay en el Partido Acción Nacional por asegurar una designación es devastadora, no porque el PAN pueda perder la elección sino porque en el 2027 se decidirá un nuevo orden político, uno distinto al que se ha vivido bajo la presidencia y gubernatura de Teresa Jiménez Esquivel.

A partir del siguiente año ya no estarán los que han sido fieles a la gobernadora, ya no se repartirán los cargos entre quienes trabajan bajo su influencia. El camino de Teresa Jiménez hacia posiciones nacionales y una mayor visibilidad en todo el país requiere de una estrategia distinta a la que hemos vivido en los procesos electorales recientes. La maquinaria electoral tendrá que ser guiada con preceptos distintos.

Para la gubernatura de Aguascalientes siempre han sido sólo dos los posibles candidatos: el senador Antonio Martín del Campo y el presidente municipal Leonardo Montañez. Todos saben quién es el favorito de la gobernadora, por eso mismo, todos dicen que no le corresponde elegir a su sucesor, eso y la idea de que ya le toca al senador han dejado, por el momento, que allá en el centro, ya se llegó a un acuerdo para esa candidatura. Reitero, hasta el momento, la decisión ya está tomada.

Lo que sigue en el juego de sucesión es elegir la fórmula que acompañará al candidato a la gubernatura en la presidencia capitalina. Los aspirantes visibles son los mismos de siempre, señores que desde la estructura gubernamental cuentan con la venia de la gobernadora, porque esa candidatura sí le corresponde, tienen todos los méritos, las bardas y el apoyo del partido blanquiazul.

Como en otras ocasiones, esos mismos candidatos se han encargado de llenar las calles con su nombre, de promover encuestas y, sobre todo, de asegurar que la candidatura a la capital de Aguascalientes será para un hombre, por así convenir a su interés, no porque ya esté decidido, pero sobre todo porque así intentan deshacerse de las candidatas que ya se están haciendo notar: Alma Hilda Medina y Mónica Becerra.

En el caso de Alma Hilda no sería la primera ocasión en que compite por la presidencia municipal, la experiencia acumulada la ha puesto en práctica en una campaña tradicional que proclama su deseo de ser candidata frente a los medios tradicionales, realiza campaña de aire y ocupa espacios privilegiados en la vía pública; justo por eso sorprende que en encuestas recientes, Mónica Becerra aparezca con mayor reconocimiento e intención de voto que otros candidatos.

 

El dato no es menor si se considera que el despunte de la diputada federal no se ha construido necesariamente desde la espectacularidad mediática ni desde la saturación propagandística. Su crecimiento se da después de atravesar una serie de episodios polémicos que, en otro contexto, habrían descarrilado cualquier aspiración. Becerra ha sorteado esos momentos con una estrategia sencilla pero eficaz: mantenerse dentro del equipo político de la gobernadora Teresa Jiménez y reiterar, en cada oportunidad, su lealtad al proyecto que encabeza la gobernadora.

No es casual. El grupo político que gobierna Aguascalientes ha privilegiado desde hace años una lógica de operación territorial antes que una narrativa de campaña permanente. El trabajo en tierra, la presencia constante en colonias, reuniones con estructuras y contacto directo con militantes, sigue siendo el eje de una maquinaria electoral que ha probado su eficacia en las últimas elecciones. En ese terreno, Mónica Becerra no parte de cero.

La diputada ha sabido mantener vínculos con las bases del panismo local, con esa estructura que rara vez aparece en los reflectores pero que termina definiendo candidaturas y elecciones. No se trata sólo de operadores o líderes seccionales; es la red de militantes y simpatizantes que durante años ha sostenido al PAN en la capital y que, llegado el momento, se activa para movilizar votos. Ese capital político, silencioso pero determinante, parece acompañar ahora su posicionamiento.

Hay además otro elemento que juega a su favor: el desgaste de los mismos nombres de siempre. La baraja masculina que se mueve alrededor de la candidatura a la alcaldía está compuesta por perfiles conocidos, funcionarios que han transitado durante años por distintos cargos públicos y que, por esa misma razón, cargan también con el peso de sus propias historias políticas. Frente a ellos, la eventual candidatura de Becerra podría venderse como una renovación de rostros dentro del panismo local, una señal de relevo generacional sin romper con el grupo que hoy gobierna.

En política, sin embargo, los números de una encuesta son apenas una fotografía del momento. Falta todavía que el partido decida el método de selección, que los aspirantes terminen de mover sus piezas y que la gobernadora defina hasta dónde quiere influir en una decisión que, aunque formalmente corresponde al partido, inevitablemente pasa por el cálculo del grupo en el poder.

Por ahora, lo único claro es que la competencia por la alcaldía de Aguascalientes no está cerrada. Y que, mientras algunos siguen apostando por bardas, espectaculares y campañas de aire, otros parecen confiar en una estrategia mucho más vieja, y quizá más efectiva: la política que se hace lejos de los reflectores.

Señalaba al principio que hemos estado distraídos con la inútil discusión sobre la reforma electoral, inservible porque se ha debatido sobre algo que nadie conoce y que tampoco se ha sabido explicar. Dentro de esa bomba de humo es donde, en los pasillos de la política local, se mueven las piezas lejos de los reflectores y con una idea de futuro que el grupo en el poder intenta preservar. En ese cálculo lo que se busca no es sólo un nombre, sino una candidatura que sume al Partido Acción Nacional, que movilice a su base y que no parta de la arrogancia de creer que la elección ya está ganada o que el cargo corresponde por derecho propio.

No sería la primera vez que la gobernadora arriesga por una pieza que el círculo rojo no ve venir, pero que tiene las herramientas para activar la base que sostiene al panismo y convencer a quienes, más allá de simpatías partidistas, sólo tienen claro que la entidad no puede quedar en manos de una Morena que, hasta ahora, ha mostrado más improvisación que proyecto.

 

Coda. En Aguascalientes, las candidaturas rara vez las decide el ruido. La sorpresa suele llegar cuando todos creen que la decisión ya está tomada.

 

@aldan

 

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