Desde el Lunar Azul
Buen miércoles, estimados lectores.
En esta tranquila tierra de gigantes solemos indignarnos por turnos. Si no es el calor, es el tráfico; si no es la política, es la fe. Hace unos días, durante una callejoneada taurina, de esas que mezclan estudiantina, vino barato y euforia colectiva, el Paquín, Mauricio González y compañía decidieron innovar el repertorio y parodiaron los misterios del rosario.
“Primer misterio… ayúdanos a pecar sin concebir”.
“San José… ayúdanos a hacerlo sin tenerlo”.
“Santo Toribio Romo… que nunca nos falte el pomo”.
Risas, aplausos, celulares grabando.
En un estado donde, según el INEGI, más del 90% de la población se declara creyente, mayoritariamente católica, la escena no pasó inadvertida. La fe en Aguascalientes no es ornamento, es identidad cultural, tejido social y, para muchos, guía moral. Por eso la mofa toca fibras sensibles.
Ahora bien, conviene no sobrerreaccionar. La sátira ha acompañado a la religión desde la Edad Media; la irreverencia es parte de la cultura popular mexicana. Lo preocupante no es la broma, de gusto discutible, sino la facilidad con que convertimos cualquier chanza en guerra santa digital. Si la tuna quiere arriesgarse al escarnio público, allá ellos. Pero sería interesante verlos parodiar a la clase política local. Ahí sí, sospecho, la cancelación sería más rápida que el “Gloria al Padre”.
Porque si hablamos de irreverencias mayores, volteemos al Poder Judicial local.
La magistrada presidenta del Poder Judicial del Estado de Aguascalientes, antes invisible en eventos públicos, hoy es ajonjolí de todos los moles. Cortes de listón, inauguraciones, fotos protocolarias, giras institucionales. Presencia constante junto a la titular del Ejecutivo estatal.
Y aquí aplica el viejo dicho, ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.
La independencia judicial no es un accesorio; es la piedra angular del Estado de derecho. México ocupa el lugar 121 de 143 países en el Índice de Estado de Derecho 2025 del World Justice Project. No estamos para frivolidades institucionales. Cuando la cabeza del Poder Judicial parece más interesada en la vida social que en la conducción técnica y autónoma de su encargo, la percepción pública se erosiona. Y la percepción, en justicia, importa tanto como la sentencia.
Recordemos además que su llegada al cargo no estuvo exenta de polémica política. Y que los tiempos del Ejecutivo son finitos, quince meses pasan rápido. Octubre de 2027 no es una eternidad. Quien permanezca en el Poder Judicial deberá demostrar independencia frente al nuevo equilibrio político. No habrá margen para la ambigüedad.
La pregunta es simple ¿dónde está el currículum que se presumió? ¿En qué resoluciones emblemáticas, en qué reformas administrativas, en qué indicadores de eficiencia se traduce? Porque si no se refleja en resultados, el CV se convierte en folleto publicitario.
Y mientras tanto, desde Palacio, el “señor del moño” intensifica su ofensiva política contra todos… salvo contra Leo. La aritmética es clara, sobrevivir del presupuesto es más cómodo que reinventarse en la intemperie profesional. No es lo mismo ser cantinero que cliente; no es lo mismo administrar recursos públicos que depender del mercado. Dejar la ubre gubernamental siempre duele.
En ese ajedrez, los ataques selectivos revelan estrategia. El objetivo no es moral ni ideológico; es presupuestal. La política local, aunque se disfrace de épica, suele reducirse a la administración del erario.
Y para cerrar un trascendido sobre Luis Obregón, el asunto, según versiones que circulan, tiene que ver con recursos cuestionados y citatorios en la capital. Falta información pública verificable; conviene no sentenciar sin expediente. Pero si hay manejo irregular de fondos, que se investigue con rigor.
Entre rosarios parodiados y poderes desdibujados, Aguascalientes sigue aparentando calma. Pero la estabilidad no se mide por la ausencia de escándalo, sino por la solidez institucional.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.