En la zona metropolitana de San Luis Potosí, el humo que se eleva desde decenas de hornos artesanales sigue siendo parte del paisaje urbano. Aunque las autoridades han impulsado regulaciones, clausuras y proyectos de reconversión tecnológica durante años, la actividad ladrillera continúa operando entre la informalidad y la necesidad económica de las familias que dependen de ella. El resultado es un problema ambiental y social que, lejos de resolverse, se mantiene como uno de los principales retos de política pública en la entidad.
Un problema arraigado en la expansión urbana
La producción artesanal de ladrillo tiene décadas de presencia en San Luis Potosí. Durante mucho tiempo los hornos se instalaron en las periferias de la ciudad, pero el crecimiento urbano terminó por rodear estas zonas de producción. La zona metropolitana de San Luis Potosí, integrada principalmente por los municipios de San Luis Potosí y Soledad de Graciano Sánchez, concentra más de un millón de habitantes y es el principal centro económico del estado. Zona Metropolitana de San Luis Potosí.
En este contexto, la actividad ladrillera se volvió cada vez más visible para la población urbana. De acuerdo con investigaciones académicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), en el estado existen al menos 237 ladrilleras registradas, aunque especialistas advierten que el número real podría ser mayor debido a la informalidad del sector. Tan solo en la zona metropolitana se estima que entre 130 y 135 ladrilleras operan actualmente, aunque alrededor de 70 funcionan de manera constante produciendo miles de piezas cada semana para el mercado de la construcción.
El impacto ambiental: humo, residuos y salud pública
El principal problema asociado con estas unidades productivas es la contaminación del aire, ya que los hornos artesanales utilizados para cocer ladrillos suelen emplear combustibles de bajo costo, y altamente contaminantes, como llantas usadas, plásticos o residuos electrónicos. Esto genera emisiones de partículas finas y gases tóxicos que afectan la calidad del aire y pueden provocar enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Las zonas del norte de la capital potosina se han identificado como uno de los principales focos de contaminación por ladrilleras, donde las columnas de humo son visibles durante gran parte del año.
Investigaciones realizadas por la UASLP en comunidades cercanas han detectado niveles elevados de exposición a contaminantes en la población, especialmente entre niños y trabajadores de los hornos, lo que ha generado preocupación entre especialistas en salud ambiental.
Clausuras y operativos no han sido suficientes
Durante los últimos años, las autoridades estatales han recurrido principalmente a inspecciones y clausuras para frenar las emisiones contaminantes. La Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM) ha reconocido que estas acciones no han logrado erradicar el problema. Tan solo en 2025 se realizaron más de 370 clausuras relacionadas con actividades contaminantes, incluyendo ladrilleras. Sin embargo, la medida ha tenido un impacto limitado. Muchas de las unidades cerradas vuelven a operar poco tiempo después, lo que evidencia la dificultad para controlar una actividad que en muchos casos funciona de manera informal.
Al respecto, Sonia Mendoza Díaz, titular de la SEGAM, ha señalado que el problema también se relaciona con la falta de coordinación entre niveles de gobierno, ya que los municipios son responsables de otorgar permisos de uso de suelo, mientras que el Estado supervisa el cumplimiento de normas ambientales.
Proyectos que no prosperaron
A lo largo de los últimos 20 años se han propuesto diversas estrategias para resolver el problema, pero muchas de ellas han tenido resultados limitados. Entre los proyectos más relevantes destacan: Reubicación de ladrilleras, en varias ocasiones se ha planteado trasladar las unidades productivas fuera de la mancha urbana hacia parques industriales o zonas específicas. No obstante, la propuesta ha enfrentado resistencia de los productores por el posible aumento en costos de transporte y pérdida de clientes.
Hornos ecológicos o reconversión tecnológica, se han intentado programas piloto que buscan sustituir los hornos tradicionales por modelos más eficientes y menos contaminantes. Sin embargo, la inversión necesaria para estos sistemas ha sido un obstáculo para muchos productores; uso de combustibles más limpios, se ha propuesto migrar hacia gas natural o gas LP para reducir las emisiones, aunque los ladrilleros señalan que el cambio implicaría mayores costos de producción. La falta de financiamiento, continuidad en los programas y apoyo técnico ha provocado que varios de estos proyectos no se consoliden.
Nuevas políticas públicas para regular la actividad
Ante la persistencia del problema, el Gobierno Estatal ha comenzado a endurecer la regulación ambiental. En 2025 se publicó la Norma Técnica Ecológica Estatal NTE-SEGAM-003/2025, que establece nuevos requisitos para la instalación y operación de las ladrilleras; entre las principales disposiciones destacan: Prohibición de instalar ladrilleras dentro de zonas urbanas; uso exclusivo de combustibles autorizados como gas natural o gas LP; mediciones obligatorias de emisiones contaminantes; mayor supervisión ambiental y sanciones para quienes incumplan la normativa. La norma también establece que las ladrilleras deberán contar con permisos ambientales y licencias de uso de suelo, lo que busca reducir la operación irregular de estos establecimientos.
Un problema social además de ambiental
Más allá de la contaminación, especialistas coinciden en que la problemática tiene profundas raíces sociales. La producción de ladrillo se transmite de generación en generación y representa el sustento económico de decenas de familias en la zona metropolitana. Por ello, eliminar la actividad sin ofrecer alternativas productivas podría generar impactos sociales importantes. Autoridades y académicos han señalado que cualquier solución deberá incluir programas de reconversión laboral, apoyo económico y capacitación para los trabajadores del sector.
El futuro de las ladrilleras
El panorama para los próximos años dependerá de la capacidad del gobierno y la sociedad para equilibrar desarrollo económico y protección ambiental. Entre las propuestas planteadas por especialistas destacan: Modernización tecnológica de los hornos; subsidios o financiamiento para combustibles limpios; reordenamiento territorial para alejar las ladrilleras de zonas habitacionales; mayor vigilancia ambiental y coordinación entre autoridades. Mientras estas medidas avanzan lentamente, el humo de los hornos continúa siendo un recordatorio visible de un problema que lleva décadas sin resolverse en San Luis Potosí.