Del dicho al hecho… ¿por qué el trecho?

Columna semanal

¿Es frustrante? Claro que sí. Un acuerdo en firme en el equipo se convierte en un paso en falso: queda en el aire. Un pacto sustentado en la palabra se desvanece sin pudor. Un trato con clientes o proveedores no se honra. ¿Por qué ocurre y cómo evitarlo o, al menos, reducirlo? «El precio de la grandeza es la responsabilidad», señaló Winston Churchill.   ¡Usted! Sin importar su posición, cuando ejerce la disciplina de cumplir roles y compromisos, genera confianza. Los demás saben que su palabra es vinculante. Nadie se atreve a irrespetar su ejemplo. Su discurso es coherente con lo que pregona, defiende lo justo y no calla por conveniencia.   ¡Confianza! Sí, pero papelitos hablan. Puede ocurrirnos una vez, quizá dos; la tercera ya se asume. Cuando el incumplimiento no tiene consecuencias y se ampara en ausencia de firmas y lealtad, corresponde recurrir a acuerdos claros. Eso no debería limar la relación.   Empoderamiento y verificación. En algunas organizaciones se confunde respaldar una decisión con ejecutarla. Todos dicen «sí», pero nadie afirma: «yo me encargo y lo completaré tal día». La ambigüedad es incompatible con el alto desempeño. Nombre. Fecha. Entrega.   Ética y cultura. En equipos con actitud profesional se consolida un «ADN» de rendición de cuentas («accountability»). Todos se exigen de manera mutua y asertiva, requieren poca supervisión y son rigurosos para aprender y corregir desajustes. Decir. Hacer. Cumplir.   Egos bajo control. La ausencia de luchas de poder, celos por la autoría de ideas o competencia por el crédito facilita la ejecución de los planes de acción. El propósito superior de la empresa orienta la humildad y las sinergias internas. La causa primero.   «Sí» pasa algo si nada pasa. Cuando un incumplimiento se visibiliza, se examina con rigor y se asigna responsabilidad con justicia, todos ganan. La indiferencia cede ante la urgencia; culpar a otros deja de ser opción porque existe trazabilidad: quién hace qué y cuándo.   Se vale decir: «No puedo». El temor a reconocer sobrecarga, limitaciones técnicas o conflictos de prioridad genera errores y atrasos. Por eso, los líderes auténticos promueven vulnerabilidad, transparencia y renegociación oportuna. Mejor decirlo hoy. Evita fallas.   Juego limpio. El respeto hacia clientes, proveedores, colaboradores y áreas internas cierra el paso a la manipulación o al silencio frente a lo pactado. Las intenciones a medias o tibias se sustituyen por compromisos serios y efectivos. El respeto se demuestra cumpliendo.   Como consultor visito diversos países y empresas. No atribuyo la cultura de cumplimiento a estereotipos de nacionalidades. Depende de la ética, los valores, el profesionalismo y la rectitud de quienes dirigen y conforman cada organización. Es cuestión de principios.   Germán Retana
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