Transeúnte
El tiempo de la cuaresma que estamos viviendo es un tiempo para vivir el ayuno. El texto del Evangelio del miércoles de ceniza nos daba la ruta a seguir durante este tiempo: oración, ayuno y limosna.
En esta ocasión me gustaría hablar acerca del ayuno. En la Sagrada Escritura en numerosos pasajes se nos habla del ayuno como una práctica. En el libro del profeta Jonás, se nos dice que la ciudad entera de Nínive ayunó luego de escuchar la predicación Jonás. El rey David, ayunó y lloró tras su pecado con Betsabé, rogando por la vida de su hijo. El Evangelio nos dice que Jesús ayunó 40 días y 40 noches en el desierto antes de iniciar su ministerio público. Y en Hechos de los Apóstoles aparece la práctica del ayuno como algo usual, ya que acompañaba las decisiones y designaciones la primitiva Iglesia.
La práctica del ayuno está presente en diversas religiones, pensemos en el Islam y el Judaísmo, estas religiones tienen días establecidos para la práctica del ayuno. La Iglesia nos pide que al menos en dos ocasiones ayunemos: miércoles de ceniza y el viernes santo. Para nosotros el ayuno tiene un sentido profundamente penitencial. Hacemos penitencia porque nos sabemos necesitados de conversión.
Necesitamos recuperar la belleza y necesidad de ayuno en la vida del cristiano. En esta práctica milenaria encontramos no sólo un acto de penitencia, sino una oportunidad de hacer que nuestra voluntad se haga más fuerte. Pero, ¿de qué nos sirve hablar de una voluntad fortalecida? Estoy convencido que la mayoría de nosotros necesitamos fortalecer nuestra voluntad, ya que sólo así somos capaces de elegir lo mejor, muchas veces nos dejamos llevar por lo más fácil o simplemente por lo que nos gusta sin pensar si eso realmente nos ayuda a ser mejores personas. Ser auténticamente cristinano implica que todos tomemos una decisión: optar Jesús.
Decidirnos por Jesuscristo no es sencillo. Generalmente antes de optar por Él encontramos un sinúmero de trabas y complicaciones que buscan que hagamos a un lado nuestra decisión. Y una vez que optamos por Jesús constantemente tendremos que volver a reafirmar nuestra opción por Él.
La vida cristiana se trata de decisiones fundamenteales, es por eso que el ayuno se nos presenta como una ayuda valiosa para así animarnos a optar siempre por el Señor.
En este tiempo de Cuaresma el papa León XIV, nos ha invitado en su Mensaje para la Cuaresma 2026, ayunar de las palabras que pueden ser ofensivas e hirientes. “Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”. Sin duda alguna que la invitación de León XIV, es una oportunidad para agregarle un elemento más al ayuno que tiene que ver con el alimento, y darnos cuentos que en esto del ayuno podemos pensar cada uno de nosotros, a parte del ayuno de alimento de que otra cosa nos animamos a hacer un parentesis en nuestra vida con la finalidad de fortalecer nuestra voluntad y así optar con mayor libertad y alegría por el Señor.