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El Ayatolá Alí Jamenei, 37 años de poder autoritario

Con 37 años en el poder, el Ayatolá Alí Jamenei se ha consolidado como el arquitecto de un sistema autoritario cerrado a cualquier cambio. Jamenei no siempre ostentó el máximo prestigio religioso.   Tras haber sido encarcelado seis veces bajo el régimen del Shah y haber perdido el uso de su brazo derecho en un intento de asesinato, emergió como el candidato de consenso tras la muerte del Ayatolá Jomeini en 1989.   Aunque inicialmente era un clérigo de rango medio y carecía de las credenciales necesarias, la jerarquía eclesiástica lo ungió rápidamente como ayatolá y, más tarde, como marja o fuente de emulación para los musulmanes.   Bajo el título de Vali Faqih (el guardián más veterano de la fe chií), Jamenei ha concentrado un poder absoluto. No sólo es el jefe de Estado, sino que controla directamente:   - El Poder Judicial y la televisión estatal.   - El Consejo de Guardianes, que filtra a los candidatos electorales.   - Los ministerios clave de Seguridad, Inteligencia y Relaciones Exteriores.   - El mando de la Guardia Revolucionaria y la milicia Basij.   - La doctrina de la resistencia   Para Jamenei, cualquier forma de compromiso es vista como una debilidad que podría llevar al desmoronamiento de la República Islámica. Su ideología se sostiene sobre dos pilares: la preservación interna del régimen y una enemistad implacable hacia Estados Unidos, a quien denomina el "Gran Satán".   Esta postura lo ha llevado a culpar sistemáticamente a "enemigos externos" por los problemas del país, desde las crisis económicas hasta las protestas sociales.   Ha calificado a Israel como un "tumor canceroso" y ha mantenido el desarrollo del programa nuclear iraní a pesar de las sanciones internacionales.   A pesar de su control total, el abismo entre el gobierno y el pueblo iraní es cada vez más profundo.   Mientras que una minoría estimada en el 20% del electorado sigue siendo fiel al régimen, gran parte de la población lo percibe como un dictador cuya animosidad hacia Occidente ha dejado a Irán en la bancarrota y el aislamiento.   Su respuesta a la disidencia ha seguido un patrón constante de "resistir, reprimir y repetir". Desde las protestas estudiantiles de 1999 hasta el movimiento "Mujer, Vida, Libertad" en 2022, cada desafío ha sido sofocado con una violencia cada vez mayor.   Miles de manifestantes han sido encarcelados o ejecutados bajo su mandato.   Recientemente, ante las crecientes tensiones militares con Estados Unidos e Israel, se informó que el líder supremo se retiró a un búnker subterráneo en su complejo de Teherán, evitando cualquier comunicación electrónica. A pesar de los fracasos económicos y la pérdida de aliados regionales estratégicos como Hezbolá en Líbano o el régimen de Al-Assad en Siria, Jamaenei sigue presentando su supervivencia como una victoria espiritual contra la "arrogancia mundial".   Para los analistas internacionales, Jamaenei es un obstruccionista que prefiere ver el sistema intacto "hasta el último iraní" antes que ceder ante la modernidad de una sociedad cada vez más urbana y conectada con el mundo exterior. Su legado es el de un líder que, al negarse a cambiar, podría estar acelerando el propio colapso que tanto intenta evitar.
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