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Aumenta nivel de alerta en Oriente Medio

Estados Unidos, China, Rusia, India y varias naciones europeas activan protocolos de evacuación y emiten advertencias de viaje ante la creciente tensión en Oriente Medio y el riesgo de una nueva escalada militar entre Washington y Teherán

La creciente posibilidad de un nuevo ataque de Estados Unidos contra Irán no solo ha elevado la tensión en el Golfo Pérsico, sino que coincide con una segunda crisis activa en Asia Central: la guerra abierta entre Afganistán y Pakistán. El resultado es un arco de inestabilidad que va del Mediterráneo oriental a la frontera afgano-paquistaní y que ha obligado a potencias como China, Rusia e India a activar alertas diplomáticas y protocolos de contingencia.   En Israel, Washington autorizó la salida de personal no esencial de su misión diplomática y recomendó a sus ciudadanos abandonar el país mientras haya vuelos comerciales disponibles. La advertencia incluye la posibilidad de restringir movimientos en Jerusalén, Cisjordania y zonas fronterizas ante eventuales incidentes de seguridad. El mensaje se produce tras el fracaso de la última ronda de negociaciones nucleares con Teherán en Ginebra y en medio del mayor despliegue militar estadounidense en la región en décadas, con dos grupos de ataque de portaaviones y la inminente llegada del USS Gerald R. Ford.   El antecedente inmediato son los bombardeos ordenados en junio de 2025 contra instalaciones iraníes. Hoy, la Casa Blanca vuelve a colocar la opción militar sobre la mesa si no se alcanza un acuerdo que limite el programa nuclear iraní, lo que ha desatado una reacción preventiva en varias capitales.   China instó a sus ciudadanos a salir de Irán “lo antes posible” y ofreció asistencia para su evacuación. India emitió alertas para evitar desplazamientos a territorio iraní, mientras Rusia reforzó el seguimiento de la situación a través de sus canales diplomáticos y militares. En Europa, Francia desaconsejó viajes incluso turísticos a Israel y advirtió sobre posibles cierres del espacio aéreo. Alemania amplió su recomendación de no viajar a todo el territorio israelí. Reino Unido retiró a su personal de Irán y trasladó parte de su misión en Israel, subrayando el riesgo de detenciones arbitrarias para ciudadanos con doble nacionalidad.   En paralelo, el frente afgano-paquistaní se incendia. El Gobierno talibán acusó al Ejército de Pakistán de matar a 19 civiles y herir a otros 26 en bombardeos en las provincias de Khost y Paktika. Islamabad declaró formalmente el estado de guerra abierta tras más de 48 horas de combates en la Línea Durand, la frontera de facto entre ambos países.   El detonante es el Tehreek-e-Taliban Pakistan, organización insurgente cuya violencia ha aumentado 70 por ciento desde 2021. Pakistán acusa a Kabul de permitir la operación de sus santuarios; los talibanes afganos rechazan confrontar a un grupo ideológicamente afín. La ruptura sepulta el acuerdo de seguridad firmado en Doha en octubre de 2025, que comprometía a Kabul a neutralizar a insurgentes a cambio del cese de bombardeos transfronterizos.   La simultaneidad de ambos conflictos multiplica los riesgos: interrupciones aéreas, volatilidad en los mercados energéticos, presión sobre rutas comerciales y un posible realineamiento de alianzas. Para China, con intereses estratégicos en la región y proyectos vinculados a la Franja y la Ruta, la estabilidad afgana y pakistaní es crucial. Para Rusia, el deterioro del flanco sur añade presión en su entorno geopolítico ampliado. India observa con atención el fortalecimiento del TTP y la inestabilidad en su vecindario inmediato.   El tablero regional se fragmenta en múltiples frentes activos. Con negociaciones nucleares estancadas, despliegues navales en curso y una guerra declarada en Asia Central, Oriente Medio entra en una fase de alta incertidumbre estratégica, donde cualquier error de cálculo podría desencadenar una confrontación de mayor escala.
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