Desde el Lunar Azul
Buen viernes, estimados habitantes de este grillo azul que observa desde la azotea y toma nota.
Hoy cerramos ligero, pero no superficial, tres asuntos que retratan nuestra fauna política. Uno fiscal, uno educativo y uno que (milagro) sí merece aplauso.
El “congresito” y el 2% digital, cuando la autonomía dura lo que un boletín
Los diputados locales quisieron estrenar músculo fiscal, aprobaron un cobro del 2% a plataformas de reparto bajo la figura de “aprovechamiento”, inspirado en el modelo aplicado en la capital y validado por la Suprema Corte. La narrativa era seductora, si las apps usan calles y vialidades, que contribuyan a su mantenimiento.
En teoría, el argumento no es descabellado. En práctica, aquí olvidaron lo básico: memoria económica robusta, análisis costo–beneficio y estudio de elasticidades. Se aventaron la reforma como quien copia la tarea cinco minutos antes de clase. Federalismo fiscal digital, sí… pero con ingeniería legislativa de PowerPoint.
La gobernadora vetó el decreto completo. Argumentó falta de sustento técnico, riesgos macroeconómicos, posibles impactos en empleo flexible y consumo, y ausencia de diálogo sectorial. Traducción política: no me generen ruido regulatorio en plena competencia inter-estatal por inversión.
Y el Congreso, disciplinado, aceptó el veto sin drama. La autonomía duró menos que la rueda de prensa.
Aquí la pregunta incómoda ¿para qué queremos legislaturas que replican modelos ajenos sin tropicalizarlos y que, al primer manotazo del Ejecutivo, regresan al redil? Cuando la función legislativa se reduce a validar o retirar ocurrencias, el costo institucional se vuelve difícil de justificar.
No se trata de estar a favor o en contra del impuesto. Se trata de hacerlo bien. Porque entre capturar valor digital y espantar inversión hay una línea técnica que no se cruza con discursos.
Cecytea y la hybris, cuando el poder mínimo intoxica máximo
Desde hace meses circulan quejas persistentes en el Cecytea, malos tratos, soberbia, presión política interna y un clima laboral que raya en lo tóxico. La palabra que más se repite es hybris, ese trastorno clásico del poder que lleva a creer que el cargo es sinónimo de infalibilidad.
Quienes conocen el subsistema saben que es el más grande en número de planteles y recursos en el nivel medio superior estatal. No es una oficina decorativa. Lo que ocurra ahí impacta directamente a miles de jóvenes.
Los señalamientos apuntan a uso político interno, promoción forzada de figuras en ascenso y cargas laborales que desdibujan la frontera entre función educativa y activismo partidista. Si esto es cierto, estamos frente a un problema serio, la educación no puede convertirse en comité de campaña.
En tiempos de NOM-035, cultura organizacional saludable y discusión sobre reducción de jornada laboral, mantener liderazgos que administran desde el miedo es anacrónico e improductivo. La evidencia en gestión pública es clara, climas laborales adversos reducen desempeño institucional.
El poder, incluso el pequeño, exige autocontención. De lo contrario, la hybris termina devorando reputaciones y trayectorias. Y, peor aún, afectando a quienes nada tienen que ver con la grilla, los estudiantes y docentes.
Si el estilo no armoniza con la línea institucional del Ejecutivo en educación, que ha sido más bien moderada, la tensión crecerá. Y cuando el miedo sustituye al diálogo, el conflicto deja de ser rumor y se convierte en expediente.
Una buena noticia, donación y liderazgo en salud
No todo es piedra.
Aguascalientes cerró 2025 como líder nacional en donación de órganos y tejidos, con una tasa de 70.8 donaciones por millón de habitantes. Durante años ese distintivo lo presumía Guanajuato. Hoy nuestras aguas termales encabezan el indicador.
El reconocimiento al ISEA y a su director, el Dr. Galaviz, no es menor. En salud pública, los resultados no se construyen con discursos sino con sistemas coordinados, protocolos sólidos y cultura ciudadana de donación.
Aquí hay algo digno de replicar, política pública técnica, continuidad institucional y resultados medibles. Sin estridencias ideológicas. Sin pleitos innecesarios. Pian pianito, pero avanzando.
Tres escenas del mismo estado:
Un Congreso que tantea y retrocede.Una institución educativa donde el poder parece desbordarse.Y un sistema de salud que sí entrega resultados.
La moraleja no es compleja, el poder sin técnica es ruido; el poder sin límites es abuso; el poder con método es política pública.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.