No todos los silencios son iguales

TEA en la escuela pública

Hay un niño que no mira a los ojos.

La maestra le hace una pregunta. Él guarda silencio. No responde de inmediato. Parece ausente, pero no lo está. Está procesando. El ruido del salón le incomoda. El cambio de actividad lo desorganiza. El recreo lo abruma.

Algunos dicen que es tímido.

Otros que es distante.

Algunos más que “vive en su mundo”.

Pero no todos los silencios son iguales.

En muchas escuelas públicas del país, niñas y niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) transitan su jornada escolar sin que su forma particular de percibir el mundo sea comprendida del todo. Y esa incomprensión genera sufrimiento silencioso.

El TEA no es una enfermedad.

No es falta de afecto.

No es consecuencia de una mala crianza.

Es una condición del neurodesarrollo que implica diferencias en la comunicación social, la flexibilidad cognitiva y el procesamiento sensorial. Y es importante subrayar algo fundamental: hablamos de un espectro.

Eso significa que no hay un solo tipo de autismo.

Existen distintos niveles de apoyo:

* Nivel 1: requiere apoyo.

* Nivel 2: requiere apoyo notable.

* Nivel 3: requiere apoyo muy sustancial.

Pero incluso esta clasificación es apenas orientativa. Cada niño es único. Algunos hablan fluidamente, otros no utilizan lenguaje verbal. Algunos destacan en memoria o habilidades específicas; otros necesitan acompañamiento constante para actividades cotidianas.

En la escuela pública, el desafío es grande.

Grupos numerosos.

Escasa formación específica en inclusión.

Docentes que desean ayudar, pero no siempre cuentan con herramientas suficientes.

El niño con TEA puede ser percibido como aislado, rígido o “difícil”. Puede angustiarse ante cambios mínimos en la rutina. Puede interpretar el lenguaje de forma literal. Puede no comprender las reglas sociales implícitas del grupo.

Y, sin embargo, detrás de esa diferencia hay también fortalezas:

Atención al detalle.

Honestidad directa.

Pensamiento estructurado.

Sensibilidad profunda.

El problema no es la diferencia.

Es la falta de comprensión del entorno.

La inclusión no significa solamente que el alumno esté sentado dentro del aula. La inclusión real implica adaptar estrategias, ofrecer apoyos visuales, anticipar cambios, generar espacios seguros y trabajar de la mano con la familia.

Algunas acciones sencillas pueden marcar diferencia:

* Usar horarios visuales.

* Anticipar transiciones.

* Evitar ironías o dobles sentidos.

* Establecer rutinas claras.

* Promover compañeros de apoyo.

Pero quizá lo más importante sea cambiar la mirada.

Un niño que no participa como los demás no necesariamente está desconectado.

Un niño que evita la mirada no carece de emoción.

Un niño que necesita estructura no es inflexible por capricho.

Está intentando habitar un mundo que muchas veces le resulta excesivo.

La escuela pública es el reflejo de nuestra sociedad: diversa, compleja, real. Comprender el TEA no es una moda pedagógica. Es una responsabilidad humana y educativa.

Si eres docente, quizá tengas un alumno cuyo silencio habla más de lo que parece.

Si eres madre o padre, quizá estés intentando explicar a otros lo que ya intuyes en casa.

No todos los silencios son iguales.

Algunos son una forma distinta de estar en el mundo.

Y comprender esa diferencia puede cambiar una vida.

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Tal vez alguien necesite leerlo hoy.

— Dr. José Mauricio López López

Psicólogo Clínico | Doctor en Educación

Especialista en Psicoanálisis del Desarrollo y Neurodivergencia

https://www.facebook.com/PsicMauricioLopez/

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