Mencho

Bajo presión

Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, fue abatido el domingo 22 de febrero por fuerzas especiales del Ejército Mexicano en un operativo realizado en Tapalpa, Jalisco. El fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la organización criminal más poderosa del país, una serie de grupos que además de dedicarse al narcotráfico, extiende sus actividades a diversos delitos. Sin duda la acción más importante del gobierno mexicano en su estrategia de seguridad.

La reacción de la organización criminal ha sido furiosa, durante todo el domingo se reportaron bloqueos carreteros, quema de automóviles, tiendas de conveniencia, bancos del bienestar y balaceras, en 20 estados de la República, en especial en Jalisco, donde el gobernador Pablo Lemus declaró la entidad en código rojo.

Esta acción del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum debe ser reconocida sin regateos, así lo hicieron todas las fuerzas políticas que concedieron la importancia de este golpe al crimen organizado. La información proporcionada por la autoridades fue escueta pero precisa, no se hicieron ruedas de prensa, apenas unos cuantos comunicados y actualizaciones de las instituciones gubernamentales acerca de la respuesta del grupo criminal.

No sabemos realmente qué es el CJNG, la percepción es que la organización criminal funciona como franquicias, con un mando operativo y otro financiero, una sola cabeza que fue abatida (verbo elegido por el gobierno para hablar de la muerte de El Mencho) y que no cuenta con herederos para que asuma la dirección de este cártel.

Al explicar la captura, el general Ricardo Trevilla Trejo dio todos los antecedentes de El Mencho, los cuales ya se sabían por la cobertura periodística dominical, acerca del operativo el titular de la Defensa destacó que se organizó con elementos de inteligencia nacional e información complementaria de organismos internacionales, insistió en que los elementos que realizaron esa tarea fueron Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano y que respondieron al ataque de los delincuentes, que al repeler ese ataque, El Mencho fue herido de gravedad y falleció en el traslado a una institución médica en Jalisco.

Hubo más detalles de la operación, como el fallecimiento del segundo al mando del CJNG, quien estaba organizando los bloqueos, ataques y ofrecía 20 mil pesos por militar mexicano asesinado. El general Trevilla Trejo destacó la fortaleza del Estado mexicano, en línea con el mensaje principal de la presidenta Claudia Sheinbaum: el pueblo de México debe sentirse muy orgulloso de sus fuerzas armadas, del trabajo del Gabinete de Seguridad, los mexicanos pueden estar tranquilos de que se está asegurando la paz y la seguridad en el país. En su intervención, Omar García Harfuch corroboró la identidad del cuerpo del líder de la organización criminal y realizó un recuento de los daños por las reacciones del CJNG. El país está en paz, cerró la presidenta.

Nadie sabe qué va a ocurrir con el CJNG, cuando lea los análisis de los días siguientes considere que esos mismos analistas no previeron la captura y abatimiento de El Mencho, la organización criminal es tan extensa que no se sabe bien a bien cómo funciona, no se distingue con claridad cuál es la jerarquía, lo que explica los estallidos de violencia no sólo en Jalisco sino en Baja California y Oaxaca.

Este sí es un momento histórico para México, no caben los mensajeros del apocalipsis ni las invenciones sobre la intervención de los Estados Unidos, como ocurrió el domingo. Ya habrá tiempo para que el Estado mexicano entregue todos los detalles sobre la operación en que abatieron a El Mencho, no se trata de cerrar los ojos y aplaudir el actuar gubernamental, no se pide que se deje de juzgar las acciones gubernamentales o dejar de criticar la militarización de la seguridad pública, esa rendición de cuentas debe ser permanente, pero debe responder a los tiempos de una investigación efectiva.

La desinformación es el peor daño que se le puede hacer a la sociedad, lo presenciamos el domingo, cientos, por no decir miles, de textos e imágenes que presentaban ciudades colapsadas, informes sobre decenas de muertos, la inteligencia artificial al servicio del morbo, con videos elaborados para alimentar la sevicia de la audiencia, invenciones que con el pretexto de ganar la primicia abandonaron los principios éticos del periodismo.

Aunque no me gusta ese calificativo, subrayo que la captura de El Mencho es un hecho histórico porque además del paso que implica en la pacificación del país, puede ser considerado como una oportunidad para reflexionar acerca del daño que nos está haciendo la polarización y el papel que juega la desinformación en este proceso.

Ese es el verdadero campo de batalla contemporáneo: la percepción. El golpe al liderazgo del CJNG no se libra únicamente en el territorio,  también se disputa en el ecosistema digital, donde la velocidad sustituye a la comprobación y donde la indignación rinde más clics que la prudencia. El crimen organizado lo sabe y lo explota; pero también lo hacen actores políticos, opinadores improvisados y plataformas que monetizan el sobresalto.

Es indispensable evitar que el abatimiento de El Mencho se diluya en teorías conspirativas y propaganda. La polarización convierte cualquier acontecimiento en combustible para la reafirmación identitaria. Ya no se debate para comprender, sino para confirmar pertenencias. Este momento exige algo más que aplausos o sospechas automáticas. Exige información verificable, tiempos institucionales claros y una ciudadanía capaz de distinguir entre hechos, opiniones y manipulación digital. La fortaleza del Estado no se mide sólo en su capacidad para neutralizar a un líder criminal, sino en su disposición a transparentar procesos, rendir cuentas y sostener resultados en el tiempo.

Si de verdad queremos hablar de un punto de inflexión, la pregunta no es quién cayó, sino qué va a cambiar y cuál va a ser nuestra aportación para que eso suceda. La respuesta no es única ni cómoda. Al periodista le toca resistir la tentación de la velocidad sin verificación, recuperar la ética como oficio y no como declaración de principios. Al ciudadano le toca algo más difícil todavía: detenerse antes de compartir, preguntarse si lo que circula en su pantalla informa o solo inflama. Al analista, al opinador, al que tiene tribuna, le toca quizás el ejercicio más incómodo: renunciar a usar este hecho como munición, negarse a convertir un operativo de seguridad en argumento de trinchera, sea para alabar o para destruir. El cambio no lo produce el operativo por sí solo. Lo produce, o lo frustra, la calidad de la conversación que construimos alrededor de él. Si esa conversación se llena de conspiraciones, de glorificación del capo caído, de cinismo automático o de aplausos irreflexivos, el punto de inflexión se convierte en ruido. Y el ruido, en este país, ya ha costado demasiado.

En el día uno de la caída de El Mencho fueron asesinados 27 servidores públicos, la mayoría de la Guardia Nacional, eso habrá que recordar cuando presenciemos que el amigo o el familiar canta la gloria del Señor de los Gallos, cuando se comparte un meme o video con información sobre esta operación, que se comparen o critique el trabajo de las Fuerzas Armadas.

La caída del líder del CJNG no puede convertirse en espectáculo ni en mercancía ideológica. Tampoco en pretexto para romantizar al criminal ni para convertir la tragedia en meme. Cada vez que alguien glorifica al “Señor de los Gallos”, cada vez que se comparte sin verificar, cada vez que se reduce todo a consigna, se erosiona un poco más el espacio público que decimos defender.

El Estado hizo lo que debía hacer: enfrentar a quien encabezaba una estructura de violencia. Ahora le toca sostener resultados y rendir cuentas. A nosotros nos toca algo menos épico, pero igual de necesario: no degradar la conversación, no banalizar la sangre, no confundir crítica con cinismo.

Si este es un punto de inflexión, no lo será sólo por la muerte de un capo. Lo será por nuestra capacidad de estar a la altura del momento. La paz no se construye únicamente con operativos exitosos, sino con responsabilidad colectiva, esa que empieza por lo que decimos y compartimos.

Coda. La historia juzgará el operativo; la conciencia, lo que hicimos con él.

@aldan

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