Es mucho lo que padecemos, tratando de cuidar la imagen. Pero esto, es una tentación.
El hombre se desgasta, haciendo demostraciones de lo que no es.
Y, se pasa la vida, desgastándose en cuidar su imagen.
Todo, porque nos preocupa el concepto en que nos tienen los demás.
Y el diablo nos tienta, poniendo en duda nuestra identidad; para que, al demostrar lo que no somos, caigamos en la tentación.
Ya que, el hombre, es el único ser que siempre está en riesgo de distorsionar su esencia.
Y, cuando menos acordamos, ya estamos haciendo lo contrario a lo que somos.
Decía Santo Tomás: “ El obrar sigue al ser”. Pero, es necesario saber lo que somos, para estar conscientes de lo que estamos haciendo.
Es importante, hacer la revisión constante de nuestra identidad; porque, no siempre estamos seguros de nuestro ser.
Y el enemigo, sabe cómo engañar, para hacernos caer en su dominio.
El diablo, conoce nuestros miedos; y se vale de éstos, para llevarnos a donde él quiere.
Y, ni el mismo Jesús, se libró de ser tentado.
Dice el Evangelio: “Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: Si tú eres el hijo de Dios, manda que estas lopiedras se conviertan en panes. Jesús le respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.(Mt.4).
El tentador, conoce nuestra parte débil, y por ahí, nos hace resbalar.
Se cometen muchos errores, por querer demostrar lo que somos.
Hay que estar atentos, para escuchar la voz de Dios; y así, cuando llegue la prueba, tengamos la respuesta que nos salva.
Jesús, pasó un prolongado tiempo de oración, y supo como responder a las propuestas del mal; fue así, como se salvó, de caer bajo el dominio del mal.
Pero, no es fácil detectar, el momento en que seremos tentados.
Por esa razón, hay que orar diciendo siempre: “…no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal “.
Pbro. Lic. Salvador González Vásquez.
Evangelio Del santo Evangelio según san Mateo: 4, 1-11 En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle. Palabra del Señor.