Cuaresma: el camino de la oración

Transeúnte

Comenzamos el tiempo de la Cuaresma con el gesto sencillo y discreto de la imposición de la ceniza en nuestra cabeza el pasado miércoles. Recientemente he escuchado a algunas personas que me han dicho que este año la cuaresma ha llegado muy pronto. Más allá de la fecha de inicio de la cuaresma, que como bien sabemos su inicio depende de la datación que se le dé a la pascua tomando en cuenta el equinoccio de primavera, sabemos bien que la Cuaresma es tiempo importante que nos prepara a la Pascua.

Iniciar la cuaresma, es una oportunidad para animarnos a ver nuestro interior y alentar a cuestionarnos seriamente sobre el rumbo que lleva nuestra vida. Todos tenemos necesidad en algún momento de hacer una pausa, de serenarnos en medio del ruido y ajetreo del día a día para poder pensar en Dios, y en lo que Él quiere y sueña para nosotros.

La ruta para la vivencia de la Cuaresma la encontramos en el mismo evangelio que se meditaba el miércoles de ceniza: oración, ayuno y limosna. Tres rasgos que Jesús nos invita a potenciar de manera especial durante este tiempo de cuaresma. En este pequeño escrito quisiera hablar del primer rasgo del que nos habla el evangelio: oración.

Pensar en la oración es pensar en la necesidad que cada uno de nosotros tenemos de escuchar y hablar con Dios, con ese Dios que nos habla en el silencio de la vida y que frecuentemente nos interpela. Todos tenemos necesidad de escucharle y hablarle, únicamente Dios puede saciar el anhelo de nuestro corazón. Sólo en Él la vida de cada uno de nosotros puede encontrar sentido.

La oración no es un camino sencillo, estoy seguro de que todos hemos tenido nuestras propias batallas en este tema. Uno de los principales obstáculos que se presenta en la vida de oración es la falta de constancia. Con mucha facilidad abandonamos la oración, postergamos ese momento de encuentro con el Señor para un momento posterior, sabiendo claramente que ese momento no lo haremos realidad. Sin oración nuestro interior se apaga. En ocasiones podemos pensar que aventurarnos en el camino de la oración es una pérdida de tiempo, sin embargo, aunque no siempre distingamos la voz del Señor nunca dudemos que en verdad Él nos escucha.

En el afán de adentrarnos a la vida de oración, algunos han pretendido buscar fórmulas al más puro estilo de recetas, sin embargo, la oración no es algo que se logre por fórmulas, sino que es un camino personal, en el se pone de manifiesto lo que leemos en el salmo: “busco tu rostro Señor”.

El tiempo de Cuaresma apenas comienza, quiero invitarlos a que todos nos esforcemos por hacer un espacio para la oración, ella redescubriremos nuestra relación con el Señor.

Feliz domingo a todos

 

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