La IA en la mira global

Razones

En un momento histórico para la política tecnológica y social, el uso, el abuso y la regulación de la inteligencia artificial (IA) y las plataformas digitales están provocando debates, litigios y nuevas leyes en todo el mundo.

Más recientemente, informes de prensa internacional han sugerido que el modelo de IA Claude, desarrollado por Anthropic, pudo haber sido utilizado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para apoyar un operativo que culminó con la captura del exmandatario Nicolas Maduro en Venezuela. El Wall Street Journal y Reuters reportaron que Claude habría sido desplegado durante la operación, accediendo a través de la plataforma de datos de Palantir, en un contexto de planificación estratégica o interpretación de inteligencia. 

Anthropic ha negado haber discutido el uso específico de su tecnología en operaciones concretas; sin embargo, la compañía y el Pentágono se encuentran en una disputa abierta sobre los límites éticos y de uso militar de la IA, incluso con la posibilidad de terminar contratos y designar a la empresa como riesgo para la cadena de suministro si no cede a mayores prerrogativas de uso por parte del Ejército estadounidense. 

Este episodio plantea interrogantes fundamentales: ¿pueden empresas privadas con políticas estrictas sobre uso ético de la IA controlar cómo sus herramientas se emplean en escenarios bélicos? ¿Dónde se traza la línea entre apoyo logístico y desarrollo tecnológico para violencia? Estas preguntas llegan en un momento en que reguladores y legisladores de todo el mundo buscan respuestas a los desafíos éticos de la inteligencia artificial.

Mientras tanto, las democracias avanzan en la regulación del acceso de menores a las grandes plataformas digitalescomo parte de la respuesta a los efectos nocivos en la salud mental y el desarrollo de los jóvenes:

En Australia, entró en vigor a finales de 2025 una ley que prohíbe a menores de 16 años crear o mantener cuentas en plataformas como Facebook, Instagram, TikTok o YouTube, con multas sustanciales para empresas que no cumplan. 

España ha iniciado investigaciones criminales contra gigantes como Meta, X y TikTok por la generación y difusión de contenido potencialmente dañino —incluidos deepfakes creados por IA— al tiempo que contempla prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años. 

En Francia, existe un proyecto de ley para que se exija autorización parental para menores de 15 años, esfuerzo enmarcado en un enfoque europeo más amplio sobre seguridad infantil digital. 

Estos cambios normativos reflejan una tendencia global: los gobiernos están dispuestos a restringir el acceso temprano a plataformas que utilizan algoritmos de recomendación y diseños persuasivos para maximizar el tiempo de uso, bajo el argumento de proteger el bienestar físico y psicológico de niños y adolescentes.

Al mismo tiempo que se intensifican las regulaciones, un juicio civil emblemático comenzó el 9 de febrero de 2026 en el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles (California) contra empresas como Meta y Google (propietaria de YouTube). La demanda, entablada por una mujer que afirma haber desarrollado adicción, ansiedad, depresión y otros trastornos por el diseño adictivo de redes sociales desde la infancia, acusa a estas corporaciones de fabricar conscientemente experiencias que generan dependencia psicológica. 

Este litigio podría establecer un precedente de responsabilidad civil contra plataformas tecnológicas hasta ahora protegidas por doctrinas que las exoneran de cargos por daños derivados del diseño de sus sistemas. El caso combina argumentos técnicos —sobre algoritmos de recomendación y “scroll infinito”— con testimonios humanos de salud mental y desarrollo social.

En medio de este clima de innovación y regulación, es indispensable la referencia literaria de Isaac Asimov de las tres leyes sobre robots las cuales son una metáforaimprescindible es como una advertencia a los debates éticos sobre la IA y su uso militar:

Primera Ley: Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

Segunda Ley: Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.

Tercera Ley:

 Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que ello no entre en conflicto con la primera o la segunda ley

Aunque no existen en la vida real estas 3 leyes de Asimov, su espíritu  se hace presente como guía  en las discusiones sobre cómo limitar el uso de tecnología avanzada en ámbitos letales y se amplian al daño que su uso indiscriminado puede hacer a los menores.

Fernando Savater, filósofo español, definió hace décadas la diferencia entre ética y moral: la moral es el conjunto de normas socialmente aceptadas, mientras que la ética es la reflexión crítica sobre por qué las consideramos válidas y cómo se comparan con otras visiones divergentes. Aplicado al contexto de IA, esta distinción sugiere que no basta con aceptar normas de uso sin cuestionar si son coherentes con valores humanos más profundos, especialmente cuando la tecnología cruza fronteras legales y geopolíticas.

Los últimos meses han mostrado que la inteligencia artificial y las plataformas digitales no son solo herramientas técnicas, sino elementos centrales de disputas éticas, legales y sociales: desde el posible uso de IA en operaciones militares clandestinas hasta la protección de menores frente a diseños que explotan la psicología humana. El equilibrio entre innovación, libertad y responsabilidad será el eje de políticas públicas y litigios en los años venideros.

 

 

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