La tribu, la consigna y el vacío

Desde el Segundo Piso

Hoy los jóvenes buscan identidad en “tribus” cada vez más extravagantes, ahí están los “therians”, por ejemplo, desconectadas de cualquier anclaje cultural previo y, en algunos casos, rozando terrenos preocupantes de salud mental. No es burla ni caricatura; es un síntoma. Cuando una generación necesita reinventarse desde cero, suele ser porque el suelo que pisaba se volvió inestable.

México atraviesa una transición social acelerada. Según el INEGI, más del 30% de los hogares ya no responde al modelo tradicional de pareja con hijos, y los hogares unipersonales han crecido de manera sostenida en la última década. La ENADID 2023 confirma además que la tasa global de fecundidad ronda los 1.6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo. No es un juicio moral, es dato demográfico.

La lucha por la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres era necesaria. Las cifras de violencia lo confirman. De acuerdo con la ENDIREH 2021, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Eso no admite relativización. Tampoco la brecha salarial ni la subrepresentación histórica en espacios de poder. El feminismo institucional,el que impulsó reformas constitucionales y la paridad en cargos públicos, corrigió distorsiones reales.

Pero reconocer la injusticia estructural no obliga a aceptar sin crítica la deriva ideológica de ciertos sectores que han convertido una causa legítima en discurso de confrontación permanente. No es lo mismo igualdad jurídica que antagonismo identitario. Y en esa confusión se está incubando un nuevo problema, la narrativa de que todo varón es sospechoso por definición.

No es victimismo. Es una percepción que se escucha en aulas y consultorios. Docentes de educación media y superior reportan entornos de interacción crecientemente tensos, donde cualquier desacuerdo puede escalar a acusación pública. La cultura de la denuncia es indispensable cuando hay abuso real; el problema surge cuando el debido proceso se sustituye por la sentencia digital. La justicia no puede operar a golpe de trending topic.

En el terreno legal, las reformas en materia de violencia de género han sido necesarias para proteger a mujeres en riesgo. Sin embargo, especialistas en derecho familiar advierten también del uso estratégico, de medidas cautelares como herramienta de presión en disputas civiles. El diseño institucional debe blindar a víctimas sin convertir la norma en arma. La ley pierde legitimidad cuando deja de ser proporcional.

El fenómeno no es exclusivamente mexicano. En España, más del 26% de los hogares son unipersonales; en Alemania superan el 40%. La soledad no es delito, pero la fragmentación social sí tiene costos: menor cohesión, menor capital social, mayor vulnerabilidad emocional. México tuvo históricamente como ancla una estructura familiar extensa, imperfecta quizá, pero funcional como red de contención. Esa red se diluye sin que haya surgido otra igual de sólida.

Aquí aparece la parte incómoda. El discurso que convierte la masculinidad en problema ontológico está generando, en algunos sectores, androfobia (miedo irracional al hombre) o incluso misandria (aversión sistemática). Son conceptos estudiados en psicología social, no invenciones retóricas. Cuando un adolescente crece bajo la premisa de que su sola condición biológica lo coloca en el banquillo moral, el resultado no es igualdad, es resentimiento. Y el resentimiento, tarde o temprano, se organiza políticamente. ¿Será casual que en varios países occidentales los jóvenes varones estén inclinándose hacia opciones ultra conservadoras? Es pregunta.

Al mismo tiempo, la explosión de identidades hiperindividualizadas en un entorno digital que premia la diferencia extrema está desdibujando referentes comunitarios. Cuando se desacraliza todo sin construir nada en su lugar, la identidad se vuelve performativa y volátil. La tribu sustituye al barrio; el algoritmo reemplaza a la tradición.

No se trata de defender nostalgias autoritarias. La violencia intrafamiliar no es pedagogía. Pero tampoco lo es sustituir autoridad por ausencia total de límites. Las generaciones que crecimos con un marco claro ya fuera religioso, cultural o familiar, podíamos discutirlo, incluso rebelarnos, pero sabíamos contra qué. Hoy muchos jóvenes no tienen un marco que desafiar; tienen un vacío que llenar.

El desafío es mayúsculo¿cómo construir justicia efectiva para todos, sin importar sexo, preferencia o credo, sin sembrar odio en el proceso? La igualdad no puede fundarse en la revancha. Las agendas extremas, de cualquier signo, erosionan la convivencia y profundizan la fragmentación.

Las estadísticas demográficas y los estudios de cohesión social son claros, las sociedades atomizadas pagan factura tarde o temprano.

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