Seminario: Una Tarea de Corazón a Corazón

Transeúnte

Mucho se ha hablado en diversos ambientes de Iglesia acerca de la escasez de vocaciones sacerdotales. Esta situación que durante años vimos lejos de nosotros lamentablemente ahora es una realidad. Nuestro Seminario cuenta con pocos alumnos, un poco más de 100, son los jóvenes que actualmente se encuentran en formación. Sin temor a exagerar podemos afirmar que ha bastado una década para que la población del Seminario se haya reducido un 50%.

La falta de vocaciones al sacerdocio no depende de los formadores en turno ni de las decisiones que al interno de un seminario se puedan tomar. La falta de vocaciones es el resultado de un corazón que no escucha a Dios.

¿Qué es lo que está pasando? No lo podría decir de manera objetiva. Sin embargo, recientemente un sacerdote me comentó que la mayoría de los que ahora somos sacerdotes decidimos ingresar al Seminario motivados por el testimonio de vida de un sacerdote cercano a nosotros. Siguiendo esta reflexión podemos decir que la falta de vocaciones al ministerio sacerdotal debe traducirse enpreguntas que calan hondo: ¿cómo Iglesia damos testimonio realmente? Los sacerdotes, ¿somos realmente felices? ¿O nos hemos hecho expertos en aprender a cargar un ministerio sin tener la capacidad de disfrutar de él?

Para algunas personas, la falta de sacerdotes es el reflejo de una institución antigua y desgastada, por paso de los años y los muchos escándalos que ha tenido que asumir. Sin embargo, debemos decir que la belleza del sacerdocio católico no depende de los escándalos, pecados o falta de compromiso de quienes participamos de él. El sacerdocio católico es bello por el sólo hecho de ser de Jesucristo. Él ha decidido confiar este don inestimable al ser humano, envuelto en un sinfín de situaciones.

Seguramente en ambientes no creyentes el que existan o no vocaciones al sacerdocio da igual. La preocupación por la falta de vocaciones tiene que ser una preocupación de Iglesia. Sabemos que Dios es providente y que Él no nos dejará en nuestra labor, sin embargo, no podemos renunciar al reto de crear ambientes propicios en donde la voz del Señor pueda ser escuchada.

Papa Francisco decía a los sacerdotes: “Deseo que sean siempre canales del consuelo del Señor y testigos gozosos del Evangelio; profecía de paz en las espirales de la violencia; discípulos del Amor dispuestos a curar las heridas de los pobres y de los que sufren”. En esta expresión del papa se esconde algo importante que no cdebemos olvidar: el sacerdote debe ser un discípulo del Señor. Sólo siendo auténticamente discípulo el sacerdocio católico podrá será más atrayente.

La primera promoción vocacional debe ser cada uno de los sacerdotes, en la medida en la que podamos irradiar la alegría que produce en el corazón el servicio al Señor, haremos del sacerdocio algo atractivo.

Que en este mes de febrero dedicado a nuestro Seminario todos nos comprometamos a trabajar a favor de las vocaciones.

 

 

 

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