Las ladrilleras utilizan combustibles como llantas y plásticos, generando emisiones altamente contaminantes.
En pleno 2026, la problemática de las ladrilleras artesanales en San Luis Potosí sigue siendo un foco rojo ambiental y social que pone en evidencia la falta de soluciones efectivas por parte de autoridades estatales y municipales. A pesar de la existencia de normas ambientales y constantes operativos de clausura, estos hornos continúan operando, generando impactos negativos en la calidad del aire y en la salud de las comunidades cercanas.
Un foco de contaminación persistente
La presencia de ladrilleras en zonas urbanas, especialmente en la zona norte de la capital potosina, genera grandes columnas de humo y emisiones tóxicas debido al uso de combustibles altamente contaminantes como llantas, plásticos, residuos electrónicos e incluso medicamentos caducos en sus procesos de cocción. Esta situación no solo se traduce en deterioro ambiental, sino también en un riesgo para la salud pública, potenciado por fenómenos como la inversión térmica, que mantienen los gases contaminantes atrapados en la atmósfera durante las temporadas frías. Son alrededor de 130 a 135 ladrilleras las que operan en la zona metropolitana, de las cuales unas 70 están activas de manera constante, produciendo miles de piezas de ladrillo cada semana.
Acciones que no bastan: clausuras y normas incumplidas
La Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM), encabezada por Sonia Mendoza Díaz, ha reconocido que las clausuras frecuentes no han logrado frenar la problemática; las ladrilleras cerradas reabren rápidamente, muchas veces con los mismos patrones de operación contaminantes. La SEGAM ha realizado más de 370 clausuras en 2025, incluyen no solo ladrilleras, sino también industrias y chatarreras, sin que esto detenga la recurrencia de la actividad.
Mendoza Díaz ha señalado que el problema de fondo radica en los combustibles usados, y que una posible solución sería la sustitución por insumos menos contaminantes o tecnologías limpias en los hornos. Sin embargo, muchos productores alegan que no cuentan con recursos económicos suficientes para modernizar sus equipos.
Conflicto entre niveles de gobierno
Más allá de las acciones de la SEGAM, la dependencia estatal ha señalado tres grandes obstáculos, la falta de participación del Gobierno Municipal de la Capital para intervenir de forma efectiva en el ordenamiento de estos establecimientos, pues son autoridades municipales las que otorgan permisos y licencias de uso de suelo para su operación.
La ausencia de avances concretos en proyectos municipales, como migrar a combustibles menos contaminantes (por ejemplo gas natural) o encontrar alternativas de sustento para las familias que dependen de esta actividad; y la persistente ausencia de un plan integral de solución, lo que mantiene estancados los esfuerzos tanto del estado como del municipio por atender de raíz el problema.
En diciembre de 2025, la titular de la SEGAM subrayó que la responsabilidad municipal en la entrega de permisos ha sido un factor clave para que las ladrilleras sigan proliferando sin control, especialmente durante la temporada invernal cuando baja la temperatura y la contaminación se intensifica.
Una problemática con raíces sociales
Expertos y autoridades coinciden en que la cuestión va más allá del aspecto ambiental, ya que estas actividades han sido heredadas de generación en generación, representan un medio de vida para muchas familias, lo que complica la erradicación del modelo tradicional de producción sin alternativas de sustento viables.
Aunque existen marcos normativos más estrictos, incluida una nueva norma técnica ecológica que busca controlar emisiones y prohibir la quema de residuos tóxicos, la falta de cumplimiento efectivo y la resistencia al cambio por parte de algunos productores mantienen viva la controversia.
La urgencia de una solución integral
La crisis de las ladrilleras pone sobre la mesa la necesidad de una acción coordinada entre gobiernos estatales y municipales, la creación de alternativas económicas reales para los productores y un mayor control de las fuentes de contaminación. Sin ello, el humo y las partículas tóxicas seguirán empañando no solo el cielo potosino, sino también la salud y la calidad de vida de sus habitantes.