Poder sindical
La última actualización de la OCDE, Revenue Statistics 2025 , publicadas a finales de 2025 con datos preliminares hasta 2024, deja una fotografía que debería inquietarnos, México sigue en la última posición de recaudación de impuestos respecto a su PIB (18.3 %), muy por debajo del promedio del 34.1 % en países miembros. Esto no es un simple número más, es un síntoma claro de un mercado laboral que aún no ha logrado dar el salto hacia la formalidad que requiere una economía dinámica, competitiva y socialmente justa.
Detrás de esa recaudación baja se oculta otro dato estructural: más de la mitad de la fuerza laboral en México todavía se desempeña en la economía informal, sin prestaciones, sin protección social y sin aportación efectiva a la seguridad social ni a la base tributaria robusta.Esta informalidad genera empleos precarios, limita la productividad y acentúa la vulnerabilidad de millones de familias mexicanas.
Pero si volvemos la mirada hacia los sindicatos, aquellos actores que históricamente han defendido el empleo digno, podemos encontrar una vía para cambiar esta tendencia. En un país donde apenas alrededor del 12-14 % de la fuerza laboral formal está sindicalizada, los sindicatos han enfrentado décadas de declive en su representatividad.No obstante, el sindicalismo contemporáneo no el del siglo pasado; hoy se transforma, innova y se inserta en una lógica de mercado y negociación moderna.
¿Por qué es relevante ahora? Porque trabajadores formalizados, con derechos, prestaciones y estabilidad, son más productivos y aportan más a la economía. Diversos estudios muestran que trabajadores sindicalizados tienen productividad hasta 12 % superior a no sindicalizados, y los formales con prestaciones son hasta un 112 % más productivos que los informales sin prestaciones.Ese diferencial no es insignificante, se traduce en mayor valor agregado, mejores salarios, mayores aportaciones a la seguridad social y, por ende, un círculo virtuoso de consumo, bienestar y recaudación.
Los sindicatos modernos entienden que su rol no se reduce a negociar salarios; hoy deben ser socios estratégicos en la formalización del empleo, en la capacitación y en la promoción de condiciones laborales que atraigan inversión y fomenten competitividad. Esto implica, impulsar mecanismos reales de migración de empleo informal hacia la formalidad, a través de diálogo social, incentivos sectoriales y acompañamiento a pequeñas y medianas unidades productivas.Apostar por esquemas de negociación colectiva que incluyan cláusulas de productividad y capacitación continua, con enfoques sectoriales que respondan a las necesidades de cadenas globales como TMEC y Asia Pacífico.Alinear agendas con gobiernos locales y federales para incentivar la innovación y el desarrollo de habilidades, cerrando brechas que hoy limitan la participación formal en sectores de alto valor agregado.
No es un camino fácil, pero ejemplos recientes de diálogo tripartito ( gobierno, empresas y sindicatos) han comenzado a emerger como respuesta a desafíos estructurales. Iniciativas como la discusión para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas, fruto del consenso con organizaciones sindicales y empresariales, buscan mejorar la calidad de vida y la productividad sin sacrificar competitividad.
En la región del Bajío, con su fuerte presencia industrial y exportadora, las alianzas laborales que promueven estabilidad, capacitación y formalización son una ventaja competitiva frente a otras economías. En un entorno global donde la productividad formal es un factor clave para la atracción de inversión, contar con una fuerza laboral organizada, protegida y productiva es un diferenciador estratégico.
Los sindicatos del siglo XXI deben asumir un rol proactivo, no solo como defensores de derechos, sino como gestores de futuro económico y social. No se trata de resistencia al cambio, sino de liderar transformaciones que reduzcan la informalidad, incrementen la productividad y fortalezcan la base fiscal del país.
Porque al final del día, la formalización del empleo no solo empodera a los trabajadores, contribuye a estados más fuertes, mayor recaudación y un clima de inversiones que genera bienestar colectivo en todo México.
Autor: Fernando Lozano