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Artrosis de rodilla: el dolor que muchos normalizan y no debería ignorarse

La artrosis de rodilla es una de las causas más frecuentes de dolor y limitación funcional en adultos y adultos mayores. Sin embargo, aún persisten ideas erróneas que pueden retrasar el diagnóstico y empeorar su evolución. Comprender qué es normal y qué no lo es resulta clave para proteger la movilidad y la calidad de vida.   Es normal que me duela la rodilla por la edad: ¿cuándo esta creencia es un problema?   Si bien es cierto que las articulaciones cambian con los años, el dolor no debe asumirse como algo inevitable o normal. Cuando una persona se acostumbra a vivir con dolor y no consulta, la artrosis puede avanzar silenciosamente durante años.   Existen señales de alerta que justifican una valoración médica:   Dolor persistente durante semanas o meses Rigidez al levantarse o después de estar sentado Inflamación recurrente Dificultad para caminar, subir escaleras o ponerse en cuclillas Detectar la artrosis en etapas tempranas permite frenar su progresión, aliviar el dolor y conservar la movilidad. Ignorarla suele traducirse en mayor desgaste, más limitación y tratamientos más complejos en el futuro.   ¿Por qué dos personas con la “misma artrosis” pueden sentirse tan distinto?   La artrosis no es solo lo que se observa en una radiografía. El dolor es una experiencia multifactorial y depende de:   La sensibilidad individual al dolor El grado de inflamación de los tejidos alrededor de la rodilla La fuerza muscular, especialmente del muslo El nivel de actividad física El estado emocional y el estrés Por ello, una artrosis leve en la imagen puede ser muy dolorosa en una persona, mientras que otra con desgaste avanzado puede tener pocos síntomas. El tratamiento debe basarse en cómo se siente el paciente, no únicamente en los estudios de imagen.   El impacto del peso, la pisada y la alineación de las piernas   Estos factores influyen de forma decisiva en la evolución de la artrosis:   Peso corporal: cada kilo extra multiplica la carga sobre la rodilla al caminar. Bajar de peso reduce dolor y enlentece el desgaste. Pisada: una pisada inadecuada concentra la carga en zonas específicas de la articulación. Alineación: piernas arqueadas (“en paréntesis”) o en “X” favorecen el desgaste desigual del cartílago. Corregir estos aspectos mediante ejercicio, plantillas, calzado adecuado o tratamientos específicos puede marcar una gran diferencia.   ¿Cuándo los tratamientos conservadores ya no son suficientes?   El ejercicio, la fisioterapia, los medicamentos, la pérdida de peso y las infiltraciones suelen ser eficaces en fases iniciales. Sin embargo, es momento de reevaluar el tratamiento cuando:   El dolor deja de controlarse La limitación interfiere con la vida diaria El sueño se ve afectado Aparece inseguridad al caminar Se pierde independencia Esto no implica cirugía inmediata, pero sí la necesidad de ajustar la estrategia para evitar un mayor deterioro.   El papel real de las infiltraciones en la artrosis de rodilla   Las infiltraciones no regeneran el cartílago, pero pueden aliviar los síntomas:   Corticoides: reducen inflamación y dolor de forma rápida; su efecto suele durar semanas o meses. Ácido hialurónico: mejora la lubricación articular; el alivio puede prolongarse varios meses. PRP (plasma rico en plaquetas): puede ayudar en fases tempranas, con resultados variables. Son tratamientos temporales, pensados para aliviar síntomas y ganar tiempo, no como una solución definitiva.   Artrosis, estabilidad y riesgo de caídas   Incluso sin dolor intenso, la artrosis puede afectar:   La fuerza muscular La estabilidad de la rodilla La confianza al caminar Muchas personas modifican su forma de caminar sin notarlo, aumentando el riesgo de caídas. Por ello, el fortalecimiento muscular y el trabajo de equilibrio son fundamentales, incluso en etapas tempranas.   Hábitos diarios que aceleran o frenan el desgaste   Pequeños detalles cotidianos pueden influir mucho:   Uso de calzado duro, desgastado o sin soporte Caminar en superficies irregulares Permanecer mucho tiempo de pie o en cuclillas Evitar el ejercicio por miedo al dolor Por el contrario, ayudan:   Calzado cómodo y estable Ejercicio de bajo impacto (caminar, bicicleta, natación) Fortalecimiento muscular guiado Buenas posturas y pausas activas Mitos frecuentes sobre la cirugía de rodilla Algunas creencias comunes no siempre son ciertas:   “Después de operarme no caminaré igual” “La prótesis dura muy poco” “Es mejor aguantar hasta que el dolor sea insoportable” La realidad es que la cirugía bien indicada puede mejorar de forma significativa el dolor, la movilidad y la calidad de vida. Retrasar demasiado la decisión puede dificultar la recuperación por la pérdida de fuerza y funcionalidad.
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