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Enfermedad inflamatoria intestinal: qué implica el diagnóstico y cuáles son sus síntomas más comunes

Dolor abdominal que no cede, diarrea constante y un cansancio que no se explica. Detrás de estos síntomas puede estar la enfermedad inflamatoria intestinal, un diagnóstico que cambia la vida de miles de personas. Saber reconocer sus señales a tiempo es clave para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida.

Se trata de un término que suele designar a un grupo de afecciones crónicas que causan inflamación e hinchazón en el tracto digestivo   La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es un término paraguas que agrupa a varias afecciones crónicas caracterizadas por la inflamación persistente del tracto digestivo. Las dos principales son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, que, aunque comparten síntomas como dolor abdominal, diarrea, sangrado rectal y fatiga intensa, difieren en las zonas del aparato digestivo que afectan y en su evolución a lo largo del tiempo. Mientras que la colitis ulcerosa se limita al colon y al recto y provoca la aparición de úlceras en su revestimiento, la enfermedad de Crohn suele comprometer el intestino delgado y puede afectar capas más profundas del tejido intestinal, con frecuencia asociándose a pérdida de peso, explica la Dra. Kellie Mathis, cirujana colorrectal de Mayo Clinic.   "Algunas personas tienen una forma leve de la enfermedad, mientras que en otras puede ser debilitante y provocar complicaciones potencialmente mortales," añade. El diagnóstico de la EII implica una combinación de pruebas y procedimientos. Para confirmar el diagnóstico, la Clínica Mayo comenta que su equipo médico puede recomendar:   Análisis de sangre para detectar signos de inflamación, anemia o infección. Análisis de heces, para descartar infecciones y detectar marcadores de inflamación. Procedimientos endoscópicos, tales como colonoscopia, que permite a los médicos visualizar todo el colon y tomar biopsias, o sigmoidoscopia flexible, utilizada cuando el colon está demasiado inflamado para realizar una colonoscopia completa; endoscopia digestiva alta, si los síntomas involucran el tracto gastrointestinal superior; endoscopia con cápsula de video, en la que se ingiere una pequeña cámara para examinar el intestino delgado; o enteroscopia asistida por balón, que se utiliza para explorar zonas más profundas del intestino delgado.   Una biopsia, una pequeña muestra de tejido tomada durante la endoscopia, es esencial para confirmar el diagnóstico y distinguir la EII de otras causas de inflamación, según afirma la especialista. "La mayoría de las personas con EII son tratadas inicialmente con medicamentos. Estos incluyen fármacos antiinflamatorios, inmunosupresores y biológicos que actúan sobre vías específicas de la respuesta inmunitaria. Sin embargo, la cirugía puede resultar necesaria cuando los medicamentos dejan de ser eficaces, no se toleran bien o cuando surgen complicaciones, explica" En el caso de la colitis ulcerosa, se realiza la colectomía, extirpación de todo el colon y el recto, cuando los medicamentos no funcionan o cuando ocurren complicaciones como perforación, obstrucción o cambios cancerígenos, tal y como detalla Mathis. En este procedimiento, se crea una bolsa interna y se conecta quirúrgicamente al ano, lo que permite la eliminación de los desechos sin la necesidad de una bolsa externa. A veces, la creación de esta bolsa interna no es posible; en estas situaciones, se crea quirúrgicamente una apertura permanente en el abdomen, denominada ileostomía, explica.   "Hasta dos tercios de las personas con enfermedad de Crohn necesitarán al menos una cirugía a lo largo de su vida," afirma. "Durante esta intervención, el cirujano extirpa la parte dañada del tracto digestivo y vuelve a unir las secciones sanas. El objetivo es preservar la mayor cantidad posible de intestino sano. La cirugía también puede ser necesaria en problemas como fístulas, obstrucciones intestinales o perforaciones", incide. Sin embargo, insiste en que las decisiones quirúrgicas son individualizadas y en que deben tomarse en colaboración entre el paciente, el gastroenterólogo y el cirujano.   ¿Cuál es la mejor opción de tratamiento? En la decisión influyen factores como: La gravedad y localización de la enfermedad. La respuesta a los medicamentos. El estado general de salud y la situación nutricional. La calidad de vida y preferencias personales.   En situaciones urgentes, como una perforación intestinal o un sangrado grave, la cirugía "debe realizarse de inmediato". Pero, en la mayoría de los casos, hay tiempo para una discusión cuidadosa y planificación, según puntualiza la facultativa. "Si usted enfrenta a una cirugía por EII, debe saber que no está solo —y que no está sin opciones—. El objetivo de la cirugía siempre es mejorar su calidad de vida, reducir los síntomas y prevenir complicaciones. Los pacientes deben sentirse alentados a hacer preguntas y participar activamente en el proceso de toma de decisiones", recomienda.  
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