Hemos venido al mundo para brillar. Y, si estamos aquí, es para ser la luz de los que nos rodean.
Cuando nace un hombre, alguno dijo: alguien ha dado a luz.
Ya que, estamos en este mundo para existir, es decir, para estar fuera; alumbrando a los que nos rodean.
Hoy dice el Señor: “Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa”. (Mt.5).
Hay quienes, lejos de brillar, no dejan que otros brillen.
Sin embargo, a todos se nos ha dado algún carisma, para ponerlo al servicio de los demás, y así convertirnos en luz.
Por desgracia, la envidia oscurece la existencia, y la vida de los demás.
Quien vive envidiando, mira la luz del otro, pero intenta apagarla.
La envidia, oscurece el interior, y así, es imposible detectar nuestras cualidades.
Y, por ignorar nuestros carismas, hemos dejado de brillar.
Por tanto, hay que recordar: que no estamos en este mundo, para vivir a oscuras.
Hay que vivir amando, para que salga esa luz, que hemos tenido oculta.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Ustedes son la luz del mundo.
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.