El Virus del Papiloma Humano (VPH) infecta mucosas y piel y puede manifestarse como verrugas y, en algunos casos, tumores cancerosos. Tal y como explica el Ministerio de Sanidad, se conocen más de 150 genotipos, que se agrupan en alto o bajo riesgo según su potencial oncogénico. Entre ellos, los tipos 16 y 18 son los que con más frecuencia se asocian al desarrollo de cánceres genitales.
En el caso de las lesiones cutáneas, la transmisión se produce sobre todo por contacto directo, aunque también puede darse a través de objetos, por ejemplo, maquinillas de afeitar. Las verrugas genitales, por su parte, se transmiten mediante contacto sexual, principalmente en relaciones vaginales o anales. En España, la prevalencia media de infección por VPH en mujeres se sitúa en el 14,3%, y puede alcanzar el 29% en mujeres jóvenes de 18 a 25 años.
Actualmente, se puede detectar por varias vías. La primera es la prueba molecular de VPH, el método más directo y sensible para detectar la presencia del virus. Busca material genético del VPH en una muestra de células del cuello uterino, obtenida por un profesional sanitario o, en algunos programas, mediante una autotoma validada. Por otro lado, la citología no detecta el virus directamente, pero sí cambios celulares causados por la infección.
Ahora una nueva investigación, publicada este jueves en la revista BMJ, presenta un nuevo método para detectar el VPH en sangre menstrual que podría constituir una “alternativa sólida o incluso un sustituto” del cribado actual del cáncer de cuello uterino.
Los investigadores, ubicados en China, señalan que el uso de sangre menstrual para la prueba del VPH es un método "cómodo y no invasivo", que permite a las mujeres recoger las muestras en casa y que, por tanto, podría ofrecer una vía práctica para "ampliar el acceso a la detección". La publicación indica que no todas las mujeres acuden a las citas de cribado por miedo al dolor, preocupaciones sobre la intimidad, estigma o falta de información.
Aunque la evidencia disponible hasta ahora sobre este nuevo método era limitada, los investigadores compararon la precisión diagnóstica de la sangre menstrual con la de las muestras cervicales recogidas por personal sanitario para la detección de lesiones cervicales de alto grado que suelen requerir tratamiento.
Aunque la evidencia disponible hasta ahora sobre este nuevo método era limitada, los investigadores compararon la precisión diagnóstica de la sangre menstrual con la de las muestras cervicales recogidas por personal sanitario para la detección de lesiones cervicales de alto grado que suelen requerir tratamiento.
Cada participante aportó tres muestras para su análisis: una muestra de sangre menstrual recogida mediante una compresa sanitaria (una tira de algodón estéril adherida a la zona absorbente de una compresa estándar), que actuó como prueba índice; una muestra cervical recogida por un profesional sanitario (prueba de comparación); y una segunda muestra cervical adicional, también recogida por un profesional, para su procesamiento en laboratorio.
La principal variable de resultado fue la sensibilidad y la especificidad diagnóstica de las pruebas. La sensibilidad mide la capacidad de una prueba para identificar correctamente a las personas con la enfermedad, mientras que la especificidad evalúa su capacidad para identificar a quienes no la tienen.
Las muestras recogidas mediante compresa para la prueba del VPH mostraron una sensibilidad del 94,7% para la detección de CIN2+(neoplasia cervical intraepitelial grado 2 o superior), una cifra comparable a la de las muestras recogidas por los profesionales sanitarios (92,1%).
Aunque la especificidad de las muestras de las compresas fue ligeramente inferior a la de las muestras recogidas por los médicos (89,1% frente a 90%) y la probabilidad de que una persona con un resultado negativo no tenga realmente la enfermedad fue idéntico en ambos métodos (99,9 %).
Tampoco se observaron diferencias significativas en el valor predictivo positivo —la probabilidad de que una persona con un resultado positivo tenga realmente la enfermedad— entre ambos métodos de recogida (9,9% frente a 10,4%), y la derivación para pruebas adicionales (colposcopia) fue comparable (10,1 frente a 9,6 derivaciones por cada CIN2+ detectado).
Se trata de resultados observacionales, por lo que no pueden extraerse conclusiones firmes sobre relaciones de causa y efecto. Los autores reconocen asimismo varias limitaciones del estudio que obligan a interpretar los datos con cautela. "Los resultados de este estudio comunitario de gran escala muestran la utilidad de emplear sangre menstrual recogida mediante compresas para la prueba del VPH como una alternativa o sustituto estandarizado y no invasivo para la detección del cáncer de cuello uterino. Los hallazgos respaldan la integración de las pruebas de VPH basadas en sangre menstrual en las guías nacionales de cribado del cáncer de cuello uterino”, concluyen los autores.
Una opinión profesional
Para Marta del Pino, médica de la Unidad de Oncología Ginecológica en el Hospital Clínic de Barcelona, coordinadora científica en el Instituto Clínico de Ginecología, Obstetricia y Neonatología (ICGON) y profesora asociada en la Universidad de Barcelona, es un "trabajo interesante". "La detección de VPH en la muestra menstrual recogida con una minicompresa muestra una buena sensibilidad (similar a la del muestreo cervical convencional) para identificar CIN2+, con un valor predictivo negativo muy alto, es decir, que un resultado negativo reduce mucho la probabilidad de que existan realmente lesiones CIN2+ y puede aportar una elevada tranquilidad clínica", explica en declaraciones a la agencia SMC.
"Dicho esto, no se puede entender este estudio como un posible reemplazo inmediato del cribado actual. Hay limitaciones importantes: incluye solo mujeres que menstruan y con ciclos regulares, y utiliza un dispositivo prototipo que no está disponible comercialmente. Además, como ocurre en muchos estudios de cribado, no se realizó biopsia a todas las mujeres con resultados negativos; esto puede introducir sesgo de verificación y sobreestimar el rendimiento de la prueba", añade.
Igualmente, comenta que también debe considerarse que, al recoger material del conjunto del tracto genital, el test podría detectar infecciones por VPH que no estén en el cuello del útero, "aumentando falsos positivos". "Como ocurre con cualquier estrategia basada en VPH, el valor predictivo positivo (es decir, la probabilidad de que un resultado positivo corresponda realmente a una lesión CIN2+) es limitado en población general y una proporción importante de resultados positivos no tendrá lesión. Antes de plantear su uso en la práctica clínica, serían necesarios estudios de implementación en otros entornos, comparación con otros métodos de autotoma ya disponibles y análisis de coste-efectividad y circuito asistencial".
Por ese motivo, recuerda que ya existen otras estrategias no invasivas con evidencia sólida. "La automuestra vaginal para VPH, cuando se analiza con pruebas basadas en PCR, ha mostrado un rendimiento muy similar al de la muestra tomada por el profesional y ya se contempla en recomendaciones internacionales como una opción para aumentar la participación en el cribado. La orina, recogida de forma estandarizada, también es una muestra prometedora, aunque con resultados más variables entre estudios y, a menudo, con menor especificidad. Por tanto, el valor de esta investigación es abrir una alternativa adicional que podría sumar en determinados escenarios, pero aún necesita replicación e investigación de implementación”, finaliza la experta.