Unos minutos antes de morir y trascender esta realidad, mirando hacia atrás, recordando todo lo vivido, lo experimentado y lo aprendido, ¿Crees que tu corazón se sentirá contento? ¿Estuviste distraído(a) o realmente presente y con tus prioridades bien miradas y atendidas? ¿Estuviste viviendo lo que el resto te dictó o dejaste que el timón de tu existencia en la tierra fuera dirigido hacia lo verdaderamente importante para ti?
Al despedirnos de nuestro cuerpo físico, del personaje, de nuestras pertenencias, los vínculos afectivos, nuestro hogar la tierra y todo lo que tomamos de este lugar ¿Nos iremos satisfechos? ¿Me voy conmigo o sin mí? Es decir, ¿Creé un vínculo profundo con mi mismidad o me ignoré por completo toda mi vida por estar al pendiente del afuera, del otro, en vez de conectar con mi profundo interior? ¿Qué significa estar realizado(a)? Porque muchas veces nos llenamos de logros, de títulos, de victorias por competencias laborales, artísticas o deportivas, pero algo dentro sigue sin llenarse, sigue añorando y emitiendo un grito profundo que nos suplica sentir.
En algún momento de la vida, posiblemente después de una caída, de alguna adversidad o dolor profundo, posiblemente en experiencias cercanas a la muerte, nos detiene la experiencia a las preguntas existenciales que nos lleven a recuperar el rumbo hacia la profundidad de nuestra Alma. Pero no tenemos que esperar a que eso suceda, pues podríamos decidir hacerlo en este justo momento.
Dime; ¿Qué harías si supieras que te quedan solamente diez años de vida? ¿Qué actividades realizarías? ¿Seguirías haciendo lo mismo de la misma forma? ¿Permanecerías sosteniendo las mismas relaciones? ¿Tu pensamiento sería el mismo? No necesitas estar seguro(a) de que te queda un tiempo limitado para realizarte en estas experiencias, cortes, cambios o vivencias. ¿Y si comienzas hoy? Dar el primer paso es un avance cuántico. Cuando tenemos dirección y empuje ¿Cómo podríamos perdernos? Oye, ¿Y si te quedaran solamente cinco años de vida?
La lista de experiencias o acciones ¿Sería la misma? Tal vez aquí te das cuenta de que cambian las prioridades o de que tenías escondida cierta información en tu inconsciente incluso, posiblemente privándote a ti mismo(a) de principios esenciales muy tuyos que merecen, por supuesto, ser vistos y experimentados. ¿Y si te quedara un año de vida? ¿Qué harías? ¿Con quién estarías? ¿Qué soltarías? ¿Qué cambiarías? Respira profundo y permítete ser sincero(a) contigo mismo(a).
Y cuando ya sabes eso que realizarías la pregunta es: ¿Por qué no lo haces ahora? Seguramente vienen pensamientos o creencias limitantes. Pero también es bello recordar que somos un puntito minúsculo en un Universo inefable y al estar encarnados con un tiempo físico limitado. ¿Qué estamos esperando para vivir? ¿Y si te quedara un mes de vida? Puedes analizar si las experiencias cambiarían, si lo que pensaste antes, cuando imaginaste que tenías más tiempo en la tierra, ahora es diferente.
Profundizar en esto te lleva a darte cuenta de cuáles son tus prioridades, tus afectos, tus deseos profundos, los anhelos de tu Alma. ¿Quién aparece en tu filme mental cuando imaginas que solamente tienes una semana en la tierra? Los últimos siete días de existencia aquí, ¿Cómo serían? Tal vez tus sentidos se agudizarían, querrías disfrutar más los sabores, los colores, los aromas y las texturas de la tierra. Escucharías más música que te hiciera vibrar.
Posiblemente perdonarías para aligerar tu carga, es decir, soltarías rencores y resentimientos entregándole a quien o quienes te hicieron daño la responsabilidad de sus actos. Tal vez te permitirías llorar con toda el Alma, te quitarías amarras, cordones, ataduras y llamarías a esa persona que quedó en el pasado como un dolor profundo para pedirle perdón.
¿Qué harías querido amigo(a) si te quedara un día de vida? Veinticuatro horas únicamente. ¿A dónde correrías, a quién le llamarías, con qué o quién te conectarías? En un solo día pueden suceder infinidad de milagros y de movimientos del Alma. ¿Cómo se movería tu cuerpo, tu mente, tu emoción para concluir ciertas situaciones irresueltas y qué placeres terrenales y espirituales te permitirías vivir para despedirte con gratitud de esta experiencia humana? Querido(a) amigo(a) ¿Y si te quedara una hora de vida? Sesenta últimos minutos… ¿Qué movimiento realizarías? ¿Qué sientes de pensarlo? ¿Quién está en tu escena?
Allí está el amor, allí vive el dulce Amor Divino. ¿Incluiste agradecerte por todo lo que tu hermosa y valiosa presencia ha contribuido a la existencia? Yo deseo para ti, que así sean sesenta minutos o muchísimos años aún, cuando llegues al umbral y gires tu atención hacia atrás, te vayas con un dulce sabor en el corazón y con la paz inmensa de haberte escuchado, visto y amado en la acción de seguir tu propio anhelo y a tu luminoso Ser esencial.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.