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La 'Nueva Gaza' sin un mapa claro para los palestinos

'La política, la historia y las relaciones internacionales nos enseñan que las intenciones son una cosa y lo que sucede en la realidad es otra'

El paso de la primera a la segunda fase del alto el fuego en la Franja de Gaza, anunciado el pasado 14 de enero por EE.UU., supone aún una incógnita para el futuro del enclave palestino dada la volatilidad en la región, las limitaciones del comité de administración para Gaza y el estancamiento que acarrearía un posible desarme parcial de Hamás.   "La política, la historia y las relaciones internacionales nos enseñan que las intenciones son una cosa y lo que sucede en la realidad es otra", dice a EFE el exdiplomático egipcio y profesor de la Universidad Americana del Cairo, Alaa El Hadidy.   Para él, uno de los aspecto a destacar sobre qué puede suceder en Gaza en los próximos meses va ligado a lo que ocurra en Irán, el sur del Líbano o incluso Cisjordania ocupada, ya que Gaza "no es un espacio geográfico aislado a otros acontecimientos en Oriente Medio".   "Si la situación estalla en Irán, si (el presidente de EE.UU., Donald) Trump bombardea Irán o cualquier otro plan que él y, por otro lado, Israel tengan en mente, sin duda tendrá repercusiones (en Gaza)", apunta El Hadidy, que dice que la clave está en lo extenso que sea el ataque contra Irán y si este aún mantiene activos en Gaza.   Hace dos días, pese al miedo de una ofensiva inminente, el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, anunció que Irán y Estados Unidos negociarán este viernes en Omán un acuerdo que impida a la República Islámica desarrollar armas nucleares.   Las amenazas constantes de Trump, que también quiere limitar el arsenal iraní de misiles balísticos y su apoyo a grupos regionales como Hizbulá, llegan respaldadas por el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate -formado por tres destructores lanzamisiles- en el golfo Pérsico.   Un comité a la espera y un difícil desarme   Pero más allá de un potencial efecto dominó, tampoco se sabe nada del despliegue previsto en Gaza de una Fuerza de Estabilización Internacional, ni de cuándo el comité de expertos palestinos que debe dirigir las labores de reconstrucción y humanitarias podrá siquiera entrar en un enclave devastado, ni mucho menos quién pagará sus salarios y los de sus trabajadores.   "Son tecnócratas. Necesitan personal, necesitan departamentos, y en Gaza, quienes controlan estos sectores son Hamás o el gobierno de Hamás", explica a EFE la analista política Reham Owda, gazatí pero que debido a la guerra vive en Turquía.   "Surgen muchas preguntas: ¿Cómo abordará el comité esta situación, sobre todo después de que Hamás decida dejar a sus empleados bajo su dirección? (...) ¿Deberá el Consejo de Paz ser el responsable de cubrir los salarios (...) o se lo pedirán a la Autoridad Palestina?", continúa Owda.   EFE preguntó el lunes al Cogat, el brazo del Ejército israelí encargado de la administración civil en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania, sobre cuándo los tecnócratas podrán entrar en Gaza (sus reuniones por ahora tiene lugar en Egipto) o de si las autoridades israelíes les permitirán contratar a funcionarios. La entidad no respondió.   El Hadidy apunta, además, a que no es posible "evaluar realmente lo fuerte, popular o extenso que es el resentimiento contra Hamás" en Gaza, pese a algunas manifestaciones recientes, y asegura que "aunque no se puede comparar con lo que sucede hoy", los intentos pasados de Israel de imponer su propia versión de una administración civil tanto en Gaza como en Cisjordania "siempre fracasaron".   Por último, existe la posibilidad de que Hamás no acepte desarmarse al completo -requisito de esta segunda fase-, lo que desencadenaría un futuro aún más incierto para Gaza, posiblemente bañado en sangre tras una reofensiva israelí.   En el reciente Foro de Davos, Jared Kushner, yerno de Trump, abordó el asunto de la desmilitarización y afirmó que Hamás deberá entregar primero las armas pesadas y, después, las ligeras de forma gradual, sin dar plazos concretos.   Esta visión choca con la de Israel, que se opone a que Hamás exista en Gaza.   "Por supuesto, desde el punto de vista de Hamás, tiene sentido porque no quieren quedar completamente fuera de escena", reflexiona El Hadidy, pero consciente de que Israel no lo permitirá, se pregunta: "¿Hamás está dispuesto a negociar o realmente se toma en serio mantener algún tipo de fuerza con armas ligeras?".   A todo ello se suman las miles de toneladas de escombros, la falta de suficientes tiendas para los casi dos millones de gazatíes desplazados, la obstrucción israelí a la entrada de viviendas prefabricadas y, por supuesto, su foco no en la reconstrucción del enclave -que llevará años-, sino en la erradicación de Hamás.   Owda concuerda con que el gobierno de Trump parece más centrado en hacer "declaraciones mediáticas" que en abordar temas cruciales de la segunda fase relacionados con la seguridad, la gestión del gobierno en Gaza y el desmilitarización de Hamás.   Y añade: "No contamos con mecanismos, medidas prácticas ni aclaraciones sobre el futuro de los empleados en la Franja de Gaza. Está oculto para convertirlo en una hermosa imagen de un 'castillo de paz'. Y bajo esta belleza, bajo esta hermosa imagen, tenemos un volcán, viento y fuego: lo tenemos todo", lamenta.
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