Opinión Empresarial Aguascalientes
Para entender el estado actual de la nación, es imperativo comenzar por definir el concepto que hoy nos ocupa: la violencia letal. No se trata simplemente de una cifra de defunciones; la violencia letal es el indicador más crudo del fracaso del Estado en su deber primordial de proteger la vida. Comprende no solo el homicidio doloso, sino todas aquellas agresiones intencionales que culminan en la muerte de una persona, incluyendo feminicidios y, de manera creciente en el contexto mexicano, las ejecuciones extrajudiciales y el fenómeno de la desaparición cuando esta es antesala de la muerte. Es el síntoma de un tejido social fracturado y de una gobernanza capturada por la impunidad.
El informe más reciente de México Evalúa, presentado en este inicio de 2026, ofrece una perspectiva desoladora. Al realizar un corte de caja tras diez años (2015-2025), los datos revelan que la violencia letal en el país ha escalado un 72.6%. Mientras que en 2015 el país registraba poco menos de 40,000 hechos de esta naturaleza, el cierre de 2025 rozó la barrera de los 70,000.
Sin embargo, el hallazgo más inquietante de la organización no es solo el volumen de las muertes, sino la mutación de las estadísticas. Durante el último bienio, el discurso oficial se ha centrado en una supuesta reducción de homicidios dolosos. México Evalúa advierte que esta "baja" podría ser una construcción artificial. El reporte identifica una correlación inversa sospechosa: mientras los homicidios registrados bajan, las cifras de personas desaparecidas y no localizadas muestran un repunte histórico. Esta "muerte silenciosa" permite a los gobiernos estatales y al federal presumir calles "menos violentas" en el papel, mientras que la realidad en las fosas clandestinas y la angustia de las familias cuentan una historia radicalmente distinta.
El análisis regional que ofrece el informe pone especial énfasis en el centro del país. El Bajío, antaño motor económico y ejemplo de paz social, hoy presenta contrastes que parecen pertenecer a países diferentes.
Guanajuato continúa siendo el epicentro de la tragedia nacional, concentrando el 9.3% de la violencia letal de todo México. La disputa territorial por el control de rutas y mercados ilícitos ha convertido a la entidad en un campo de batalla permanente que no ha cedido ante la presencia masiva de fuerzas militares. Por su parte, Zacatecas, aunque reporta disminuciones porcentuales recientes tras picos históricos, sigue manteniendo una tasa de violencia 62% superior a la que tenía hace una década, consolidándose como un estado donde la gobernabilidad pende de un hilo.
Jalisco presenta el caso más alarmante de reclasificación de la violencia. El informe señala que el estado ha "logrado" bajar sus índices de homicidio a costa de un incremento del 21.1% en desapariciones. El crimen organizado en esta región parece haber comprendido que "sin cuerpo no hay delito", una táctica que beneficia la narrativa política, pero profundiza la herida social.
Uno de los puntos medulares del informe es la crítica frontal a la estrategia de seguridad federal. México Evalúa sostiene que el despliegue de la Guardia Nacional ha servido como un "parche reactivo" que no soluciona el problema de fondo. La captura de objetivos prioritarios —la famosa estrategia del Kingpin— ha demostrado ser contraproducente, pues genera la fragmentación de los cárteles en células más pequeñas, más violentas y propensas a atacar a la población civil a través de la extorsión y el secuestro.
La propuesta técnica es clara: el presupuesto debe dejar de fluir exclusivamente hacia los uniformes militares para nutrir a las policías civiles y a las fiscalías. La impunidad en México, que roza el 90% en crímenes de sangre, es el combustible principal de la violencia. Sin una capacidad de investigación real, cualquier despliegue de tropas es simplemente cosmético.
En este complejo tablero, Aguascalientes emerge como una anomalía estadística, pero con señales de alerta que no pueden ignorarse. Si bien el estado mantiene niveles de seguridad envidiables comparado con la carnicería que se vive en sus fronteras con Zacatecas y Jalisco, el informe de 2026 detectó un repunte del 20% en incidentes letales.
Para Aguascalientes, la recomendación de México Evalúa no es el pánico, sino la prevención institucional. La posición geográfica del estado lo convierte en un refugio codiciado, pero también en un paso logístico vital. Las acciones urgentes para la entidad deben centrarse en:
Blindaje de fronteras mediante inteligencia, no solo fuerza: Reforzar la coordinación interestatal para evitar que la violencia de los vecinos se desborde hacia los municipios fronterizos.
Fortalecimiento del Ministerio Público: Asegurar que el sistema de justicia local sea tan eficiente que el costo de cometer un delito en Aguascalientes sea prohibitivo para el criminal.
Transparencia proactiva: A diferencia de otros estados, Aguascalientes tiene la oportunidad de liderar en honestidad estadística, integrando de manera clara sus registros de desaparecidos con los de homicidios para mantener la confianza ciudadana.
La violencia letal no es un fenómeno meteorológico inevitable, sino el resultado de decisiones políticas. El informe de México Evalúa recuerda que, mientras no se priorice la justicia civil, la prevención y una mejor capacitación policial, y se siga creyendo que la sola presencia militar basta para pacificar al país, seguiremos contando cuerpos, ya sea en el registro de homicidios o en la lista de los que nunca volvieron.