Estimados lectores, buen inicio de semana constitucional. Acuérdese que este puente no es cortesía del gobierno en turno, sino herencia histórica, la Constitución promulgada un 5 de febrero en Querétaro. Gracias a ese magno evento hoy nos chutamos el primer “long weekend” del año. Lástima que, por la inseguridad, ya no se pueda salir a “macalear” como antes. Así que, para quienes optaron por una discreta “Vallartadolid”, que la semana sea leve.
Como andamos todavía en modo modorro, solo tocaremos un par de temas, pero bien sazonados. El primero, el desahuciado Sistema Estatal Anticorrupción, ese carísimo mecanismo que nadie en Aguascalientes ha visto funcionar ni sabe exactamente para qué sirve, salvo, dicen, para chantajear, negociar y, en algún momento del pasado, justificar contratos jugosos. Un sistema fantasma, existe en el presupuesto, pero no en la realidad.
El segundo tema, por no dejar, es el más reciente episodio de la “secta” de Jesús María. Esa donde el pastor es Toño el Pony Arámbula y su acólito César encargado del despacho. Una puesta en escena que volvió a exhibir el extravío profundo del PAN local. No queda claro si quienes convocan estos eventos saben qué buscan, porque el mensaje ( si lo hubo) fue tan claro como agua de charco. Eso sí, aplausos no faltaron, dos mil aplaudidores cuidadosamente seleccionados, porque el entusiasmo espontáneo ya no alcanza. Sería interesante, por cierto, cruzar el padrón de esa asociación política con la nómina de Chuy Mary. Es pregunta.
Quizá por este desbarajuste se explica la urgencia con la que el senador del bigote ya se asume como próximo candidato azul. La raza está hasta la coronilla, de las amenazas veladas, del pobre desempeño en obra pública y de un gobierno que presume mucho y resuelve poco. También es pregunta.
Y aquí entra el cuadro completo.
Todo gobierno deja un legado. El del actual gobierno de Aguascalientes parece decidido a dejar uno muy específico, miedo institucionalizado, propaganda millonaria y una corte bien alimentada alrededor delos faraones.
Porque así gobiernan, como faraones modernos. Encerrados en palacio, rodeados de cortesanos, convencidos de que el aplauso obligatorio es consenso y que el silencio es estabilidad. Aquí no se gobierna desde la plaza pública, sino desde el like, la métrica y el algoritmo. La legitimidad ya no se mide en resultados, sino en engagement. Y cuando el entusiasmo ciudadano no aparece, no importa, se fabrica. Para eso está la comentocracia oficial, ese ejército de perfiles sin historia que aplaude cada publicación con fervor religioso.
El detalle incómodo es que muchas de esas cuentas no viven en Aguascalientes, ni en el mundo real.
En el Aguascalientes del boletín todo está bien, eventos, discursos, fotos, sonrisas y reconocimientos entre los mismos de siempre. En el Aguascalientes real, el que no entra en la foto, se habla de miedo. Porque aquí el error no es equivocarse, el error es pensar sin autorización. No hace falta censura cuando existe algo más eficaz, la orden no escrita que baja desde palacio. “No te metas”, “no opines”, “no hagas ruido”.
El episodio del Sistema Anticorrupción fue una escena clásica de palacio, nadie explicó, nadie asumió, nadie dio la cara. Porque en el reino del faraón, explicar es admitir debilidad. Cuando nadie puede hablar, los errores no se corrigen, se tapan.
Mientras tanto, el dinero fluye con generosidad hacia la propaganda, con publicación en el DOF y todo. Hay campañas emotivas y slogans heroicos sobre un Aguascalientes que solo existe en redes oficiales. Lo que no hay es una obra que alguien pueda señalar y decir“ esto cambió el estado”. Pero miedo, de ese sí hay.
Por eso en Aguascalientes ya no se habla de futuro, sino de final. No por ideología, sino por hartazgo. Incluso dentro del PAN, no entre los cortesanos, sino entre la base, se siente la asfixia. Urge una señal de salida. Urge candidato. Urge después. No es adelantamiento electoral, es necesidad de oxígeno.
La ironía es perfecta, tanto control terminó generando el efecto contrario. Los faraones no caen cuando pierden el poder. Caen cuando pierden la credibilidad.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.