La Gran Pirámide de Giza vuelve a situarse en el centro del debate científico tras la publicación de un estudio que cuestiona su antigüedad. El trabajo, disponible para su consulta en Zenodo, plantea que el monumento podría ser miles de años más antiguo de lo que sostiene la arqueología tradicional.
La investigación ha sido elaborada por el ingeniero Alberto Donini, de la Universidad de Bolonia, y se apoya en un análisis detallado de la erosión de los bloques de piedra. A partir de ese desgaste, el autor propone una reinterpretación cronológica que se aleja de la datación clásica, situada en torno al reinado del faraón Keops.
La hipótesis no es nueva en el imaginario popular, pero sí lo es el método empleado. Frente a teorías especulativas, Donini basa su propuesta en mediciones físicas y modelos estadísticos, lo que ha generado interés mediático, aunque también una fuerte respuesta crítica dentro de la comunidad científica.
Análisis de la erosión como método de datación
El estudio compara la erosión de los bloques que permanecieron protegidos por el antiguo revestimiento de caliza con la de aquellos expuestos durante siglos a los agentes atmosféricos. Según Donini, "el volumen de material desintegrado debe ser proporcional a la duración de la exposición a los procesos erosivos".
A partir de ese principio, el investigador sostiene que "comparando ambos tipos de erosión es posible calcular una fecha plausible de construcción". Los resultados obtenidos sitúan el origen de la pirámide en un rango temporal extremadamente amplio, con una supuesta probabilidad estadística del 68,2% de que sea muy anterior a la cronología oficial.
En concreto, el modelo estadístico de Donini afirma que la Gran Pirámide de Giza fue construida entre el 8.954 a.C. y el 36.878 a.C, lo que sitúa el promedio en el 22.916 a.C. Cifras poco razonables si se tiene en cuenta que el consenso científico sitúa su edificación entre los años 2.580 a.C. y 2.560 a.C., es decir, durante la IV Dinastía del Antiguo Reino de Egipto.
Choque con la evidencia arqueológica
Las conclusiones contrastan con décadas de estudios arqueológicos. El egiptólogo Mark Lehner recordó en declaraciones a la cadena pública estadounidense PBS que "datamos las pirámides por su posición dentro del desarrollo de la arquitectura y la cultura material egipcia a lo largo de 3.000 años", apoyándose en cerámicas y restos coherentes con la IV Dinastía.
Además, la datación por carbono-14 reforzó ese marco temporal hace más de una década. En aquel momento, el arqueólogo Thomas Higham explicó a BBC que "el análisis de semillas y restos vegetales procedentes de contextos bien fechados confirma las fechas tradicionales". Sin duda, este estudio supone un ejercicio interesante en busca de un nuevo método de datación, pero parece difícil que haya acertado.