Lin Yutang: un puente entre culturas

El inicio del Año Nuevo chino, que este 17 de febrero abre el ciclo del Caballo de Fuego, ofrece la ocasión para volver sobre la figura de Lin Yutang, el escritor, ensayista y traductor que acercó la literatura clásica china a Occidente.

Las celebraciones del nuevo año en China, que ahora inicia el 17 de febrero y que refiere a la figura del caballo, el llamado "Caballo de Fuego", me permito recordar la trayectoria del escritor y ensayista Lin Yutang (1895-1976).    Sus labores de traducción son, hasta ahora, un puente reconocido e invaluable que acercó al mundo occidental a lo más granado de la literatura clásica china; pero además fue, gracias a la generosidad de sus propios libros, como se nos abrieron las puertas para comprender un poco de la cultura milenaria de su país.    Lin Yutang nació en Xiamen en 1895 y, años más tarde, ingresó a la Universidad Saint John de Shanghái, donde obtuvo en 1916 la licenciatura en lengua inglesa.    Después trabajó como profesor en la Universidad Tsinghua de Pekín, donde permaneció hasta 1919. Más tarde obtuvo una beca para realizar el doctorado en la Universidad de Harvard, misma que suspendió para trasladarse a París y luego a Alemania, donde finalmente se graduó en la Universidad de Leipzig en 1922. Su tesis versó sobre la antigua fonética china.    De 1923 a 1926 volvió a su país para ejercer la docencia, impartiendo la asignatura de literatura inglesa en la Universidad de Pekín. Expulsado por los movimientos políticos y revolucionarios de una China convulsionada, para la década de los años treinta Lin Yutang radicó principalmente en los Estados Unidos.    Sus dos primeros libros: "Mi país y mi gente" (1935) y "La importancia de vivir" (1937), escritos en inglés, le supusieron el reconocimiento internacional. Desde aquellos años, la Editorial Sudamericana se encargó de llevar al castellano lo más visible de su obra: "La importancia de vivir", traducido en 1942.    "Un momento en Pekín" (1943).    "Entre lágrimas y risas" y "Una hoja en la tormenta" (1944).    "El nombre secreto" (1961).    Y finalmente "La importancia de comprender" (1988).    En lo personal, conservo una edición de "La importancia de vivir" (Edhasa, 2011). El libro, desde su índice, se abre a una diversidad temática que reivindica la sensibilidad hacia el ocio, la importancia del viaje, el apego a la naturaleza, la sabiduría y la gloria de la vejez, algo que en Occidente nos parecería contradictorio.    Es una aproximación al ser humano tanto en su condición animal como en su gesto místico y su aspiración al espíritu que mueve el mundo. Desde el título mismo, no resulta descabellado pensar que este libro, publicado originalmente en 1937, se volvería un punto de referencia para los obsesionados amantes de la felicidad; sin embargo, la felicidad que se propone en estas páginas dista mucho de la que hoy se oferta en ejercicios aspiracionales o motivacionales.    La felicidad que propone Lin Yutang es una experiencia de vida, no de satisfactores personales. Me explico con algunos subrayados de mi lectura: La sabiduría de la vida consiste en eliminar lo que no sea esencial.    El máximo de poder se alcanza cuando inicia la decadencia.    Un hombre sensible es el que tiene los amores y los odios juntos.    En esta vida siempre habrá lágrimas, pero lo que importa, después de todo, es ante qué lloramos.    Un buen viajero tolera los malos caminos al subir una montaña.    Bromear es una de las cosas amenas de la vida, pero cuesta muchos años de aprendizaje.    Bajo esta perspectiva, e intentando un tono bromista, podría decirse que para Lin Yutang la "felicidad está en chino", pues implica mantenerse sobrio, vivir con lo esencial y atender la convivencia del amor y el odio en nuestra vida diaria. La felicidad de Yutang invita también a la tolerancia y a un largo aprendizaje para alcanzar la risa que nos libera.    En 1976, hace ya 50 años, cuando el escritor fallece en Hong Kong, entonces bajo dominio británico, se publica en México una antología como reconocimiento sensible a su obra, titulada "Lo mejor de un viejo amigo" (México, Editorial V Siglos, antología seleccionada por A. J. Anderson).    Para cerrar este homenaje, comparto un texto que circula en redes sociales y que nos recuerda, al abrirse un nuevo año, La importancia de vivir, tal como lo anuncia el título de su libro más entrañable: "Me gusta la primavera, pero es demasiado joven. Me gusta el verano, pero es demasiado orgulloso. Así que prefiero el otoño, porque sus hojas son un poco amarillas, su tono más suave, sus colores más ricos, y está teñido un poco de tristeza y una premonición de muerte.    Su riqueza dorada no habla de la inocencia de la primavera ni del poder del verano, sino de la dulzura y la sabiduría bondadosa de la vejez que se acerca. Conoce las limitaciones de la vida y se siente satisfecho.    Del conocimiento de esas limitaciones y de la riqueza de su experiencia surge una sinfonía de colores, más rica que todas: su verde habla de vida y fuerza, su naranja de satisfacción dorada y su púrpura, de serenidad ante la muerte".  
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